El Metro pone contra las cuerdas a Edgar Sosa y a “Lupe” Pintor

Texto y foto: J. Tonatiuh Pérez Cisneros

Autoridades del Sistema de Transporte Colectivo Metro, encabezadas por su director general, el licenciado Jorge Gaviño, han dado un golpe fulminante a dos grandes glorias del boxeo nacional, Edgar Sosa y el histórico Guadalupe Pintor. Un golpe bajo que los dejó en la lona sin la cuenta de protección.

Los púgiles entraron al Metro gracias a la amistad con el líder sindical del organismo, Fernando Espino Arévalo. Al paso del tiempo y de las batallas de la vida los ex campeones mundiales decidieron quitarle su apoyo moral al líder sindical. Como respuesta, la serie de golpes prohibidos les cayeron encima y pasaron de ser los boxeadores del líder a sus enemigos por no quererse someter a sus instrucciones

Espino ordenó al  director del Metro, Jorge Gaviño, redactar un oficio a través de la Gerencia de Bienestar Social para quitar del Deportivo de los Trabajadores del Metro a Edgar Sosa y Guadalupe Pintor. Ambos deportistas enseñaban box en el gimnasio especializado que tiene el Metro para practicar dicha disciplina. Gracias a la decisión del líder sindical, cientos de derechohabientes y trabajadores perdieron a dos grandes maestros del box.

Sin la cuenta de protección, Edgar Sosa recibió un gancho al hígado y lo comisionaron a repartir garrafones de agua, labor que desempeña con profesionalismo, pero acepta que lo suyo es el box.

Al ex campeón lo podemos ver por los edificios cargando garrafones, por su mente se cruza que antes cargaba el cinturón de campeón al hombro. Hoy carga un garrafón del vital líquido, pensando que sus habilidades están desperdiciadas al no poder seguir enseñando box.

Sosa no se arrepiente de enfrentar al prospecto de boxeador, Fernando Espino. Extraña el cuadrilátero pero la batalla que vive hoy fuera del encordado sabe que la ganará y regresará al Deportivo del Metro a seguir impartiendo clases.

Sabe que Espino es un rival fuerte, pero no invencible.

Guadalupe Pintor, el gran ídolo mexicano y miembro del Salón de la Fama del boxeo internacional, sufrió la misma suerte que Sosa. Dejó de seguir las órdenes dictatoriales de Fernando Espino y, con el poder de Jorge Gaviño, fue noqueado y enviado a cubrir labores administrativas.

Hoy, sentado detrás de un escritorio, reparte golpes a oficios, hace sombra con los fantasmas de la represión laboral, y juega con el tiempo del reloj checador.

Con disciplina y profesionalismo asume su nuevo rol en el Metro. Sabe que derrotar a Gaviño y a Espino será muy difícil. Sabe que la puntuación no le favorece en las tarjetas, pero mientras que un minuto tenga 60 segundos, siempre habrá tiempo para dar un golpe al mentón y así poder noquear a la injusticia.

También extraña el cuadrilátero que tanta gloria le dio, como el gran campeón que es y fue, sabe que hay que medir los pasos y tomar la distancia; entrar al cuerpo a cuerpo y, los golpes certeros, serán los que lo llevaran de nuevo al Deportivo de los Trabajadores del Metro.

La enemistad de los dos boxeadores con Espino Arévalo les impidió entrar al nuevo gimnasio de box que tiene el STC-Metro, y que es de uso exclusivo de Fernando Espino y de sus pocos invitados. Un gimnasio que costó 40 millones de pesos, al tipo de cambio de hoy serían unos 2 millones de dólares.

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