El Metro, el sistema neurálgico de la Ciudad de México

Por Mariana Cerda Madrid

Fotos: Mónica Loya/Eréndira Negrete

Todos los días se ocupa. Todos los días hay quejas de su servicio. Todos los días alguna persona llega tarde debido a sus retrasos, pero ¿qué hay más allá de la frase “es que siempre va lleno y se va parando”?

El Sistema de Transporte Colectivo, mejor conocido como Metro, vio la luz el 4 de septiembre de 1969, con la inauguración de la Línea 1, color rosa, del tramo de Zaragoza a Chapultepec. Y no fue hasta el 22 de agosto de 1984 que esta Línea quedara completada, así como la conocemos hoy.

Posterior a la Línea Rosa, se inauguró la Línea 2, tomando el color azul, el 1 de agosto de 1970. La Línea Verde (L3) el 20 de noviembre del mismo año. El 29 de agosto de 1981 fue la Línea Verde-Agua (L4). Y el 19 de diciembre del mismo año, la Línea Amarilla (L5). 

En 1983 la Línea Roja (L6). En el 84 la Naranja (L7). Después hubo una breve recesión en el proyecto para poder ampliar las líneas ya funcionales, como el caso de la Línea Roja (L6), que en el 86 amplio su trayecto 4 estaciones más. Originalmente corría de El Rosario hasta Instituto del Petróleo, y después se extendió hasta Martín Carrera, creando conexión con la Línea Verde-Agua (L4).

El 26 de agosto de 1987 se inaugura la Línea Café (L9), la famosa línea que sale de Pantitlán y que es uno de los principales puntos de conexión entre el Estado de México y la Ciudad de México. En 1991 se abren las puertas de la Línea Morada, pero a diferencia de las anteriores, esta no se identifica con un número, sino por la letra A. Para 1994 se crea la Línea Verde Bandera (L8), que junto con la Línea A y la Línea 12, son las únicas que no han tenido modificaciones o ampliaciones desde su creación. 

La próxima Línea que vio la luz fue la que lleva por insignia dos colores, el Verde y el Gris, y que también se identifica por una letra, la B. Y por último tenemos la Línea Dorada (L12), que abrió sus puertas en el 2012 y que meses después tuvo que cerrar operaciones en la mitad de las estaciones debido a fallas por la mala realización de esta. 

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Hoy en día, este el principal medio de transporte en la Ciudad de México, pues brinda servicio a aproximadamente 5.5 millones de personas cada día, lo que representa un sobrecupo de 2 millones de usuarios.

Pero más allá de las cifras y las fechas, ¿qué hace a este sistema tan práctico pero deficiente a la vez?

El Metro tiene la capacidad de conectar extremos de la ciudad en cuestión de minutos, sin embargo, se torna en un transporte lento y poco eficaz a la hora de llegar a tiempo.

“Pues la verdad es que la mayoría de los atrasos son culpa de los usuarios. Cuando no dejan cerrar las puertas, principalmente, eso retrasa mucho y sobre todo en horas pico. También hay usuarios que bajan la palanca de emergencia por situaciones que no lo ameritan. Una vez me tocó una señora que la jaló sólo porque su amiga no había podido abordar. Fueron 10 minutos perdidos hasta que se pudo avanzar.”, explica Lilian Vera Romero, conductora del Metro en la Línea 2.

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El camino para llegar a conducir estos vehículos no es sencillo. Primero se debe llevar la solicitud a las oficinas del Sistema de Transporte Colectivo, que aunque tiene varias sedes, la principal y desde donde se controla todo el sistema, está en la calle de Delicias número 67, en la Colonia Centro.

Si hay vacantes, se ponen en contacto con los interesados. En el caso de los conductores, se debe tomar un curso de 6 meses. En este llevan varias materias, y deben aprobar todas con un mínimo de 8 para poder acreditarse.

También se les realizan pruebas psicométricas, psicológicas, de habilidades y aptitudes. Hay prácticas nocturnas y prácticas en simuladores. Cuando el futuro conductor está listo, comienza con recorridos acompañado de conductores experimentados, hasta que por fin, puede hacerlo sólo.

“No se tienen que tener estudios en específico, en realidad yo soy Licenciada en Relaciones Internacionales, pero la necesidad surgió y la oportunidad ahí se dio rápido. Ahora amo mi trabajo, en verdad me encanta conducir los trenes.”, es lo que dice Lilian, mientras se acomoda su saco con el logotipo característico del Metro. 

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Es importante recalcar que este es un ejemplo de un empleado que disfruta su trabajo día con día, pero, ¿qué hay de aquellos que por alguna circunstancia no se encuentran conformes? 

Pese a lo que se puede pensar, tener una charla con un empleado del Metro, no es cosa sencilla. No importa si es una taquillera, un conductor, un jefe de estación o un operador de controles. La privacidad para este organismo es esencial.

Se debe realizar un escrito especificando las intenciones de la entrevista, así como la procedencia de ésta. Si el escrito, junto con el boceto de preguntas a realizar, es aprobado, ya se está del otro lado. Aunque eso sí, es un trámite de mínimo tres semanas. 

El Área de Dirección de Transportación es la que asigna a los futuros entrevistados, y los escoge de acuerdo a sus intereses, o al menos esa fue lo que proyectó Esther Villanueva, encargada del Área de Atención al Usuario (esta área recibe cualquier petición que se quiera llevar a cabo en el Metro o con sus empleados), quien, mientras atendía la petición, su teléfono no paraba de sonar.

“Jefe, ya le mandé por whats la solicitud y las preguntas. Usted me dice cuándo y dónde se realizaría, nada más no vaya a mandar a ningún conductor ‘grillo’, que siempre tienen problemas.”

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Pese a las malas críticas que tiene el Metro día a día, existen las normas de seguridad para casos específicos. Aunque no es moda, las personas que se avientan a las vías con intención de quitarse la vida han tenido un aumento en los últimos años. Tan sólo en el mes de febrero de este año, se reportaron 6 muertes, y al año hay una media de entre 30 y 45 muertes. Al respecto Lilian explica: 

“Si uno ve que una persona cayó a las vías, lo primero es frenar, sin importar la velocidad a la que venga el tren. Después se avisa al PCC correspondiente (Puesto Central de Control, existen 4, en cada uno se controlan cuatro líneas del Metro), en mi caso, es el PCCIII. De ahí ellos envían a médicos, policías, llaman a la ambulancia e inspectores. También se debe desalojar el tren por completo, en ocasiones, incluso desalojar la estación para evitar que la gente vea al muerto o herido y se pueda crear un pánico o caos.” 

En el caso de un sismo o temblor, se apagan todos los sistemas y el Metro se queda parado. La marcha continúa hasta que el temblor haya pasado. Pero Lilian asegura que es un lugar muy seguro durante estos eventos, porque casi todo es subterráneo y no se corren riesgos. 

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 Bueno, y más allá de que los usuarios no dejen cerrar las puertas o accionen la palanca de emergencia, ¿qué pasa cuándo el tren se queda parado en la estación?

En este caso hay varias respuestas. Puede existir una falla mecánica leve, y el conductor la está reparando. En caso de que sea una falla grave que dificulte la marcha, se debe llegar a la próxima estación y desalojar a la gente para que el tren se lleve al taller. Los talleres se encuentran en los extremos de cada Línea.

Otra causa puede ser que los coordinadores técnicos que operan en los Puestos Centrales de Control, le indiquen al conductor que no puede avanzar.

“Es difícil a veces, uno tiene que ver cómo controlar los trenes para que no haya un déficit de éstos en la Línea. Coordinar cada cuando sale uno de la terminal y si de repente se van a juntar dos o el que está en la siguiente estación no avanza, se debe avisar a los demás para que no avancen.”, comenta “Eduardo”, que aunque se le preguntó varias veces su nombre completo, nunca dijo su apellido, quizá por quedar en anonimato o por andar muy ocupado no escuchaba.

Y es que a la par que hablaba, iba señalando un gran tablero detrás de él, donde se podía apreciar la estructura de la Línea Café (L9) que él maneja, como iban avanzando los trenes y sus trayectos, y al mismo tiempo, contestaba por radio las indicaciones y mensajes que los conductores de la línea le reportaban.

“Estas máquinas, aunque se ve viejas, fueron traídas desde Francia. Es buena tecnología y una de las mejores a nivel mundial, aunque no lo parezca.” 

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Con las redes sociales y el acceso a toda la información de manera rápida, es inevitable encontrarse con videos de gente teniendo experiencias únicas en este transporte. 

“Pues en los 4 años que llevo trabajando como conductora, nunca me ha pasado nada muy extraño, sólo una vez. Tuve que parar la marcha del tren porque una señora accionó la palanca de emergencia. Lo que pasó es que llevaba un perrito, se le escapó y el pobre perro fue a dar hasta las vías.

“Bajé las escaleras que están al final del andén, caminé casi hasta la siguiente estación y nada. Se detuvo la marcha de los trenes y el perrito apareció como 2 estaciones adelante.”

Respecto a esto, Lilian afirma que sí se pueden introducir perros al Metro, siempre y cuando sean pequeños y quepan en una maleta que el usuario vaya cargando.

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En cuanto a los videos de gente que va avanzando en las vías con la puerta abierta, la falla se debe a que las puertas son de las partes que más se desgastan en los trenes, porque tiene mayor uso, además de que funcionan a presión por aire.

Cuando no cierra alguna puerta, se debe poner un policía que sirva de barrera para proteger a las personas y, llegando a fin de Línea, retirar el tren para una revisión. Aunque la mayoría de las veces no ocurre esto y la gente va teniendo una experiencia digna de parque de diversiones.

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¿Y qué pasa cuando se habla del Metro en otras partes del mundo? El pasado 16 de noviembre se dio una situación única en uno de estos sistemas de transporte del mundo. El país, Japón.

Aquí pueden pasar 5 minutos y el tren no hace aparición en la estación, pero en este país, la puntualidad y horarios es un asunto serio, ya que la compañía ferroviaria tuvo que pedir disculpas, pero por haber salido antes de lo debido. 

El tren que salía de Tokio con dirección Tsukuba, tenía su hora de partida a las 9:44:40. Sin embargo, y según admite el comunicado de la compañía, los empleados no comprobaron el horario debidamente y su salida se produjo a las 9:44:20. Algo impensable en esa nación.

La diferencia es clara, México podrá contar con una tecnología de las mejores en el mundo en sus trenes, pero las instalaciones, los retrasos y el poco abastecimiento, dejan mucho que pensar.

“Creo que en cuanto a trenes estamos bien. Cada semana se les da una revisión rápida y general para verificar que estén bien, y cada 4 años se da un mantenimiento profundo a cada tren. Lo que hace falta es ‘meterle’ a las estaciones, esas sí que están mal y dan una pésima imagen. En cuanto a la puntualidad, vuelvo al tema de los usuarios, si estos fueran más respetuosos con los demás y esperarán el siguiente tren, sería más rápido.

“Sin los atrasos que ellos generan, un tren debería arribar a cada estación en un promedio de minuto y medio a dos minutos.”, comenta Lilian, quien pese a que afirma amar su trabajo, dice que las instalaciones no son adecuadas para los usuarios y que los pasajeros ya han superado la capacidad que tiene este sistema para transportar gente.

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Y como conclusión necesaria, Lilian dice que por mucho amor que haya, las horas picos provocan dolores de cabeza.

“Mi horario es el de las primeras corridas. Entro a las 4:20 de la madrugada y a las 12 del día ya salí. Y aunque es un horario que se pasa rápido, hay demasiada gente. Yo que estoy en la línea 2, pues desde San Cosme hasta Pino Suárez o Chabacano, es un relajo. Pero mi ‘coco’ es la estación Hidalgo, sin importar la hora siempre está llena, y los 28 de cada mes ni se diga. Ahí los pasajeros se multiplican con las figuras de San Judas Tadeo que luego suben.”  

Con malos momentos por los retrasos y algunas risas por todo lo que se puede hallar en el Metro, la verdad es que mientras la gente siga empujando, estorbando puertas y sólo quejándose, sin respetar, las quejas y retrasos en el Metro seguirán siendo “el pan de cada día”.

Si bien el Sistema de Transporte Colectivo debería invertir más en toda la red, los usuarios juegan un papel fundamental en el mantenimiento de este medio que, día a día, lleva a millones de personas a sus lugares de trabajo y estudio. 

 

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