Metro Velódromo, un aterrador momento

Texto y fotos por J. Tonatiuh Pérez Cisneros

Fue una tarde-noche, de esas en donde la lluvia ahoga a la ciudad y el tráfico se vuelve insoportable. Y ya sin mencionar que la Línea 9 inicia marcha lenta por protocolos de seguridad, los andenes se saturan y los vagones se convierten en espacios invadidos por almas que buscan regresar a sus hogares después de una larga jornada de trabajo.

En la planta baja de la estación se encuentra una taquilla y nuestra amiga, taquillera, nos relata lo sucedido con asombro y un poco de incredulidad.

Estatura media, tez blanca, cabello castaño, lentes que deja ver tímidamente el color café de sus ojos. Esa tarde vestía unos jeans azules y una blusa blanca con vivos rosas; bolso grande de tres cierres y zapatos con tacón.

Aún no da crédito de lo que le pasó. Mayra voltea, se me queda viendo y su mirada se vuelve a perder. Respira profundamente y empieza el relato.

“Precisamente en una tarde como estas, de lluvia, me encontraba laborando en la taquilla. Cubría el tercer turno, que va de 18:30 a 24:30, que es cuando finaliza el servicio”.

Iniciaba el relato y las turbinas de un avión me impidieron escuchar. La interrumpí y le pedí que me volviera a repetir. Cruza sus brazos, vuelve a respirar e inicia.

“Estaba sentada en la silla, despachando a un usuario que, como es habitual, quieren comprar un boleto del Metro con un billete de a cien pesos. Por lo regular en esta estación el flujo de usuarios disminuye después de las 19:00 horas, salen más de los que entran”.

Las taquillas del STC-Metro por lo regular miden 4 X 2.50. En su interior hay dos ventanillas, el mismo número de sillas, una caja fuerte, un mueble que es utilizado para guardar papelería e insumos de la taquilla, dos botes de basura y un ventilador.

Mayra sigue su relato y su mirada se vuelve a perder en dirección del viejo Velódromo, testigo de las gestas del ya muy lejano México 68. Desvía su mirada con dirección al Viaducto.

Esa noche se sentía un frío en la taquilla muy extraño, muy raro. Por lo general en las taquillas no hace frío, sino todo lo contrario. El calor que se siente es muy molesto, pero esa noche el frío era algo anormal.

“Yo estaba sentada. La lámpara empezó a parpadear y el balastro a zumbar. No le hice caso. Por lo regular cuando llueve el sistema eléctrico falla. Más allá de estación no había luz. La obscuridad era inmensa. Estaba leyendo y el pasar de los pocos usuarios rompía mi concentración. Cuando empiezo a sentir un hormigueo por mis piernas no le tomé interés. En ocasiones eso pasa por estar tanto tiempo sentada.

“Volví a retomar mi lectura, pero de los hormigueos pase a sentir que me agarraron las piernas. Inmediatamente hice la silla para atrás y vi que abajo no había nadie”.

Con cara de asombro me voltea a ver y me dice: “¡De verdad que sentí que un par de manos que me agarraron las piernas! ¡Lo juro¡”

Mayra respira profundo y agrega que se paró de la silla, se fue al fondo de la taquilla y sólo se acercaba si un usuario le pedía boletos.

Mayra no recuerda más de lo ocurrido esa noche. Se levanta y se despide. Le doy las gracias por compartir el relato y la veo partir rumbo al Viaducto para tomar un taxi. Se negó a volver a entrar a la Estación del Metro Velódromo.

Después de ese incidente Mayra pidió su cambio.

La Línea 9 del Sistema de Transporte Colectivo Metro fue Inaugurada, en su primer tramo, el 26 de agosto de 1987, que corría de Pantitlán a Centro Médico.

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