México debe buscar alianzas para adquirir la primera vacuna efectiva contra la Covid-19

Por Redacción Reversos 

México no debe descartar candidata alguna de vacuna contra el coronavirus COVID-19, aun cuando las negociaciones están más avanzadas con la que adelantan la Universidad de Oxford y la firma AstraZeneca, sino buscar alianzas para adquirir la primera que sea liberada a nivel global con el fin de producir dos mil millones de dosis seguras y efectivas que se requerirán en el mundo para finales de 2021, aseguró el doctor Jorge Castañeda Sánchez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). 

“El país realiza también esfuerzos para crear inmunización y no hay que quitar el dedo del renglón de la posibilidad de encontrar otros desarrolladores para tener cubierta a la población, una vez que estos fármacos se liberen”, explicó el coordinador del Posgrado en Ciencias Biológicas. 

En el programa UAM, Responsabilidad social frente al COVID-19 –que transmite la radiodifusora de la Institución todos los miércoles, a las 12:00 horas– aseguró que para la generación de dicho elemento se necesitan inversiones millonarias en dólares y en naciones “como la nuestra –donde además se ha castigado el presupuesto a ciencia y tecnología– no se cuenta con los recursos, además de ser muy alto el costo desde las etapas preclínicas”. 

Algo preocupante es que la salud en México “ha sido abandonada por mucho tiempo y ahora vemos los estragos, por lo que las autoridades deben priorizar una estrategia de recursos para el sector, tanto federales como estatales, con el propósito de atender a todos sin que cueste un peso a la población”. 

La vacuna podría comercializarse por 2.8 dólares o 2.5 euros cada dosis, es decir, al costo de producción del desarrollo tecnológico, pues aunque estuviera patentado, la Universidad de Oxford decidió ponerlo a disposición de la comunidad científica para –en alianza con un laboratorio– elaborarlo de manera masiva. 

En el caso del SARS-CoV-2, virus causante del COVID-19, todos los Estados trabajan a marchas forzadas para reducir el tiempo normal de fabricación de una vacuna y ya hay al menos cuatro en fase tres: la creada por la Universidad de Oxford-AstraZeneca, las diseñadas en China e Italia, así como la rusa, denominada Sputnik V, que detonó una polémica debido a que no se tuvo información sobre ella, sino hasta que se hallaba en la etapa de evaluación de seguridad y eficacia más completa. 

En el proceso habitual, todas las evidencias científicas deben ser públicas y estar a disposición de la comunidad de expertos para supervisar, tanto los datos crudos como los ya analizados, con el propósito de contar con medidas minuciosas en cuanto a los parámetros que debe cumplir un bien de tales características; en el caso de la de Oxford y AstraZeneca todo esto se conoció desde un principio. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otras instancias, ha solicitado al régimen de Moscú dar a conocer los estudios preclínicos y clínicos del desarrollo de la Sputnik V para hacer un análisis contundente de su eficacia, ya que “a los especialistas nos preocupa bastante cuando se trata de productos que se aplican en la población, porque deben ser regulados de manera obligatoria y demostrar la certeza de que no causarán un daño secundario”, sostuvo Castañeda Sánchez en la emisión conducida por Carlos Urbano Gámiz. 

Ante el anuncio del gobierno mexicano –a través del canciller Marcelo Ebrard– de una asociación con Rusia para hacer pruebas de efectividad de la Sputnik V en mexicanos, el académico recomendó a las autoridades ser muy minuciosas en los requisitos para que un grupo de personas ingrese a este tipo de estudios. 

El miembro del Laboratorio de Inmunología del Departamento de Sistemas Biológicos de la Unidad Xochimilco enfatizó que se ha trabajado en tiempo récord ante la pandemia del COVID-19, pues a lo largo de la historia de padecimientos convencionales, la labor no ha sido sencilla. 

El periodo de diseño hasta llegar a las fases clínicas –en las que se pueda ver la eficacia, la eficiencia y la seguridad– puede tardar de dos a tres años e incluso hay infecciones en las que la carrera ha sido más complicada, por ejemplo, con el VIH –Virus de Inmunodeficiencia Humana– para el que ni siquiera se ha podido encontrar una vacuna adecuada que pueda llegar al mercado. 

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