México, fracaso en los Mundiales

Por Alex Daniel Padilla Aguilar

México es un país futbolero por naturaleza. Muestra de ello es que se han llevado a cabo dos Mundiales en tierras aztecas (1970 y 1986). Es el único país que ha albergado dos finales de Copa del Mundo en un mismo estadio y está próximo a que se haga un tercer Mundial, junto con EU y Canadá, en el 2026.

Los mexicanos llenan de folclor los países donde se llevan a cabo justas mundialistas con sombreros, mariachi y demás de la cultura mexicana. Llenamos los estadios de cualquier parte del mundo con tal de ver a nuestra selección jugar e intentar hacer historia cada cuatro años, pero el resultado casi siempre es el mismo.

Cada vez que inicia un Mundial, los mexicanos estamos a la espera de que nuestra selección llegue al quinto partido, que es el máximo alcance que ha tenido nuestro equipo nacional de futbol, conseguido en los mundiales en los que fuimos anfitriones. Esto quiere decir que fuera de nuestro país nunca se ha pasado de octavos de final.

La selección mexicana casi siempre hace una fase de grupos decente, en la que de tres partidos ganan uno, empatan otro y finalmente pierden; pero con esa combinación de resultados alcanzan a pasar a octavos de final como segundo lugar de grupo y les toca enfrentarse a potencias mundiales con las que terminan perdiendo y consumando el fracaso mundialista.

Algunas eliminaciones son más doloras que otras. Todavía está fresco en muchas memorias el famoso gol que Maxi Rodríguez le metió a Oswaldo Sánchez en el mundial de Alemania 2006, que le dio el pase a Argentina a cuartos de final, o el “No era penal” que Rafa Márquez le cometió a Arjen Robben, en Brasil 2014, y que costó la eliminación de México de esa justa mundialista.

Otra de las más dolorosas eliminaciones de México es la que se obtuvo a manos de la selección de Estados Unidos en el Mundial de Corea-Japón 2002, en la que el seleccionado de las barras y las estrellas le propiciaron una derrota de dos a cero a el conjunto mexicano y que cada vez que tienen oportunidad se los recuerdan para mantener fresca la herida.

México, un país que ha obtenido dos campeonatos mundiales Sub-17, un tercer lugar en el mundial Sub-20 de Colombia 2011, y una medalla de oro olímpica en futbol, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Una selección mexicana que a la hora en la que tienen que dar el gran paso se caen y muere toda la ilusión de un país que los acompaña a cualquier parte del mundo.

El ciclo de la selección mexicana en los mundiales es casi el mismo: se le gana en el primer partido a una potencia europea como Francia, Alemania o Italia, y la ilusión de hacer historia se hace presente.

En el segundo partido se empata o incluso se gana a un equipo africano o asiático y la ilusión cesa un poco para que en el tercer partido se pierda y el aficionado mexicano comience con las dudas y con las preocupaciones de que en este Mundial tampoco se hará historia.

Y finalmente el Mundial termina con la eliminación en octavos de final a manos de una potencia como Argentina, Brasil u Holanda: jugando como nunca pero perdiendo como siempre.

El conjunto tricolor está destinado a ser el gigante de su Confederación (CONCACAF), enfrentándose a equipos como Trinidad y Tobago, El Salvador, Guatemala, etc. El día que salgan a Europa a enfrentarse a gigantes y potencias mundiales, el día que le pierdan el miedo a ganar, ese día hablaremos de triunfos, no fracasos.

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