México no cambiará hasta que su ciudadanía lo haga

Por Karina Hernández
No importa quién haya ganado las elecciones presidenciales. Ningún candidato es la salvación del país. El problema de México no es, totalmente, el gobierno, sino la gente.
Así es, la culpa es tuya. Tú, que día a día no respetas los señalamientos de tránsito y le das mordida al oficial que estaba a punto de multarte. Si te estacionas en lugares prohibidos. Si sacas la pistola y matas al conductor que te cerró el paso. Si manejas a exceso de velocidad y ocasionas un accidente vial. La culpa es tuya.
Eres responsable cada que decides brincar los torniquetes en el metro o hacerte el dormido para no ceder el lugar a alguien que lo necesita. Si tratas mal a las personas con menores ingresos económicos. Tu indiferencia, la falta de empatía con el otro. El poco respeto por las cosas ajenas. El fomento a la violencia. Y la lista continúa.
¿Qué pasa con los mexicanos? Vivimos, no todos, culpando al gobierno de lo que nos ha pasado. Lo responsabilizamos de la inseguridad, la pobreza o simplemente de un mal día. Lo cierto es que ellos no cargan toda la culpa. Un candidato a la presidencia no puede aspirar a un “México mejor”, no cuando la gente carece de valores. Así es, no hay valores bien cimentados en el país.
No hay tolerancia entre la gente. Se puede ver en la cantidad de peleas que hay en la calle. Entre conductores. Peatones. Personas en el transporte público discutiendo por un asiento, por un empujón en hora pico. Molestias que pasan de insultos verbales a agresiones físicas e incluso a asesinatos.
Los niveles de violencia, en lo que va del 2018, han aumentado. Se han registrado 65 feminicidios en los primeros meses. En enero, pleno inicio de año, se cometieron 1497 crímenes únicamente con arma de fuego. Se han registrado más de 4 mil homicidios dolosos. Sin duda, algo se está haciendo mal, tanto del lado del gobierno como de los ciudadanos.
Ayer fueron las elecciones, uno ganó, tres más perdieron. En realidad, todos hemos perdido. Y seguirá siendo así hasta que entendamos que el cambio en un país no depende, por completo, de quien lo gobierna, sino de quienes lo habitan.
En México hay un gran trabajo por hacer: violencia alcanzando niveles máximos, pobreza en su esplendor, aumento en embarazos adolescentes, educación básica de mala calidad, asesinatos, violaciones a derechos humanos, falta de empleo, secuestros. Esto, en definitiva, no es un trabajo de unos cuantos parados en el gobierno, sino de todo el país.

 

Cada quien decide cómo actúa. A quién respeta y a quién le roba. Pero hay que tener en cuenta que hay miles actuando de la misma manera. Así como miles actuando del modo que creen correcto y beneficioso para el país. Al final de cuentas, esto es una cadena.

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