Mez Mé; música e identidad de los pueblos originarios de Xochimilco

Por Guillermo Torres

Se auto definen como un camino de búsqueda e interpretación de los instrumentos ancestrales, en el caso de las flautas de barro, han sido réplicas de las originales las que han usado para producir su música. Reencontrar el hilo ancestral para traerlo al presente.

Este grupo de música étnica, autóctona de nuestra ciudad, se ha dedicado desde principios de los setenta al rescate de nuestra música autóctona. Más que un rescate como tal, de la música, sus integrantes lo ven como una interpretación de los instrumentos ancestrales.

Un trabajo de investigación y recuperación de los mismos, para explorar algo que en la actualidad no consta en documento histórico alguno para reproducir dicha música como se hacía originalmente, sino es un proceso de acercamiento, investigación e interpretación de los mismos, así como de creación de su música por medio de los mismos.

Jeshe Delgado, en entrevista para Reversos.mx nos comparte que su música es una interpretación muy propia de una cosmovisión, de la cosmogonía originaria de México. Dado que no se conoce con precisión la música de aquella época, no hay un registro de lo que había antes de la devastación cultural que trajo la conquista a esta otrora ciudad de Mexichco Tenochtitlán.

“A los grupos como nosotros, que no somos grupos académicos de la música, no se nos ha permitido el acercamiento o uso de todo lo que está en bodegas de los museos”, agrega.

En Tezuitlán han tenido la oportunidad de hacer lo propio en el museo de sitio, y expresa que sería constructivo que dentro del imaginario colectivo, para los grupos que no emanan de la academia, experimentar con el uso de los instrumentos que se encuentran clasificados y sin exhibirse en el Museo Nacional de Antropología e Historia, por ejemplo.

En épocas muy recientes se comenzó a retomar esta revalorización de los instrumentos precolombinos. Mez Me, se sabe no indígena, pero si mestizos procedentes del pueblo originario de Xochimilco, Santa Cruz Acalpixca; así como de Teleoloapan, en el Estado de Guerrero.

En los años setenta, en sus principios se enfocaban en la música andina, y actualmente se asumen ya como parte del imaginario cultural de la Ciudad de México. Por el espiral que llevan andado en su búsqueda y aportación al acervo musical.

En medio del vacío de pronto detectan del arte urbano saben de la importancia histórica y cultural del lugar que representan, como su origen, el Cuauhiliama, una zona arqueológica en Xochimilco que recobra gran importancia por los glifos que se encuentran en el lugar, así como los registros históricos de la Gran Tenochtitlan.

A esta agrupación le caracteriza su planteamiento a priori, acerca de que ellos no son factor y agente de rescate y recuperación cultural, sino de la conciencia de que la cultura lleva todo un espiral de tiempo en el que se ha resistido a sucumbir y se ha mantenido viva como parte de la vida cotidiana e identidad de nuestros pueblos.

Asimismo plantean la importancia de acercamiento e interpretación, darles voz a la música de todos los rincones originarios a lo largo y ancho no solamente de la Ciudad de México sino de todo el país. De ese modo han nacido agrupaciones que aplican y usan instrumentos modernos, con sus letras en sus idiomas ancestrales.

Este fin de semana, han participado en el festival virtual en redes sociales “Etno”, en el que han incursionado. “El mexicano siempre está transformando su realidad, nosotros hemos tenido oportunidad de ir a otras latitudes, lo que nos ha quitado la venda de los ojos para descubrir y experimentar la pluralidad cultural en primera persona”.

Agrega que en su acercamiento con latitudes del mundo oriental, particularmente con una historia además de antigua con una cultura muy profunda. Lugares como Camboya y Turquía, los perciben con una profunda identidad cultural que dista mucho de lo que habitualmente dejan entrever los medios de comunicación, como un factor importante que trascienda el precepto de las fronteras, que más allá de todo lo convencional, hermana a la humanidad.

Perciben como algo muy vivo nuestra cultura, a diferencia de esos lugares que lo han experimentado como algo más histórico y de museo. En ese espiral de intercambio han revalorizado la vida propia y vigencia que poseen nuestras culturas originarias en México.

Su apuesta musical, más allá de lo meramente tradicional, que tiene un uso y aplicación distinto a la música hecha con instrumentos modernos; plantean que retomarlo como una combinación de estos con los ancestrales, el teponachtli y el huhuetl que tienen un significado profundamente filosófico que tiende a despertar en la mente de las personas esa memoria ancestral y de identidad; que es importante compartir con el público, como parte de esa recuperación – interpretación.

José Delgado, uno de sus fundadores, manifiesta que dentro del proceso que se vive en este momento por el confinamiento es de vital importancia visualizar todo menester como parte aguas definitorio de una reinvención y re definición en nuevos esquemas y caminos más allá de lo provisional, de lo momentáneo a causa de la pandemia, sino como una experiencia en el bagaje de la resiliencia, “cada presentación que hacemos el objetivo no es nada más el entretenimiento momentáneo, porque cuando tocamos hemos observado que los sonidos de los instrumentos ancestrales, con su ambiente sonoro, mueve al público en lo más profundo de su ser, como mexicano, e incluso a los no mexicanos”.

De acuerdo a la experiencia compartida con extranjeros les han retroalimentado que algo les mueve por dentro la experiencia de su música.

“Este festival tiene ese ramillete de personaldiades grupos y artistas, que expresan su sentir en este momento que vivimos, nosotros hacemos música xochimilca contemporánea, música itzachillanca, palabra que en náhuatl tiene la connotación de “continental”.

Ya que luego de once años de hacer música andina, a mediados de los ochenta, se re encuentran con su raíz indígena mexicana, y es así como nace lo que definen como su música, que en términos reales es en el fondo, un género propio y original.

Definen so origen como agrupación musical como producto de un proceso de opresión social, cultural y político que campeaba no solamente en México sino en todo el continente, en toda América Latina en los años setenta. Época en la que portar y tocar una quena era un acto de rebeldía sujeto de la más brutal represión.

“Un debate que debe de surgir, es el referente al racismo que aún se vive en la actualidad”, lo expresan más allá de la polémica como parte de un proceso de integración y fortalecimiento social.

El resurgimiento de la música precolombina se ha extendido poco a poco por toda Latinoamérica.

“Esta conexión con otros países de América Latina nos hermana, y ahí se descubren los paralelismos que existen, situaciones sociales y culturales; podríamos ser una Gran Nación, que trascienda las fronteras como las conocemos, con una América Latina hermanada por el sonido”.

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