Mi país inventado: regreso al terruño

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell 

Dos sucesos no relacionados entre sí (una observación por parte de su nieto Alejandro y la pregunta de un asistente a una de sus conferencias) hacen que la escritora Isabel Allende se planteé a sí misma la idea de la nostalgia y qué tanto de ella está impresa en sus obras.  

Partiendo de ello, Isabel emprende un viaje a través de sus recuerdos para reconectarse con Chile, su tierra natal. 

Mi país inventado, publicado en 2003, es uno de los muchos títulos en la ya prolífica carrera de Isabel Allende, aunque, en este caso, se distingue por ser autobiográfico.  

La autora echa mano de remembranzas de sus vivencias de infancia, juventud y su vida adulta con el fin de hablar de su país, ése que dejó en los 70´s debido al exilio posterior a la caída del gobierno de su tío Salvador Allende.  

Comienza haciendo descripciones de su país y para ilustrarlo comparte anécdotas de viajes de su niñez, así como hace retratos de los rasgos de personalidad de los chilenos recurriendo a los recuerdos que posee de su familia más cercana (su madre, su padrastro, sus abuelos y tíos). 

Con mucho sentido del humor, Isabel Allende hace un análisis de cuerpo entero de la gente de su país: sus filias, sus fobias, sus motivaciones, sus hábitos y su modo de desenvolverse dentro de la sociedad.  

Asimismo, dedica un capítulo para hablar de la situación política de su país, en particular, los antecedentes al golpe de estado de 1973 y el contexto en el que se suscitaron los hechos que marcaron, no sólo su vida, sino la de muchos de sus compatriotas.  

En su texto, la autora apela al anhelo por los tiempos que se han ido y por el país que ya no es el mismo que dejó, pero al que jamás ha dejado de querer ni de tener presente en la memoria. 

El texto está salpicado de anécdotas por demás divertidas, muy similar a Paula, uno de sus trabajos más reconocidos que también es autobiográfico.  

Esto lo convierte en un libro hasta divertido que, aunado a las pocas páginas con las que cuenta, hacen que la lectura se vuelva amena y que, aquel lector que se sienta identificado, se conecte con su sentido de pertenencia a un lugar o a una tierra que haya tenido que dejar y además sea capaz de aferrarse a aquellos recuerdos o, si se desea, hasta reinventarlos para que su país sea aquel con el que ha soñado. 

Mi país inventado. Isabel Allende. 2003. Editorial Penguin Random House 

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