MINERVA SALADO ESCRIBE “MEMORIA DE UNA REVOLUCIÓN. 1955-1956”

Por Aida Maltrana

Minerva Salado, poeta ensayista y periodista nacida en La Habana, Cuba, reside en México desde hace más de tres décadas, no sin volver las veces necesarias a su país natal, no sin revisar desde su militancia socialista la memoria de una gesta revolucionaria como “un hecho irreversible y legítimo que partió en dos la historia de América Latina en el siglo XX, porque comprobó que sí se podía frente al imperialismo norteamericano”.

Sobre esa convicción, pero con una mirada actual, crítica y reflexiva, termina en 2018 su libro, Memoria de una Revolución. 1955-1956, un trabajo de investigación que anteriormente publicara en 1994, bajo el título Cuba, Revolución en la memoria. Dos volúmenes a los que el lector puede añadir otro más de sus trabajos, Censura de prensa en la Revolución cubana (2016), lo que para Minerva conforma una trilogía que “ofrece claves para el abordaje –aún pendiente- del estudio del devenir del pensamiento de la Revolución cubana y de su ejecutoria”.

En las dos publicaciones de 1994 y 2018, la escritora reconstruye los hechos ocurridos durante la preparación de la expedición del Granma en México a través de las voces de colaboradores, hombres y mujeres quienes tejieron, conscientes de los riesgos, una red de ayuda en la clandestinidad “al naciente Movimiento 26 de julio”, cuando gobernaba Adolfo Ruiz Cortines.

– “Había muchas cosas que contar sobre el tema y había muchas personas que no habían sido tomadas en cuenta en esta historia. La historia que yo conseguí es de la propia voz de los colaboradores, de su propia memoria, una memoria que estaba más fresca hace treinta años, ya muchos de ellos fallecieron”.

A decir de la autora en su introducción, la cadena de apoyos se organizó “en tiempo récord, desde el 17 de julio de 1955, día en que Fidel Castro llegó a Mérida ―tras la amnistía que un mes antes había propiciado al grupo de asaltantes del cuartel Moncada su salida de la cárcel, después de 22 meses de prisión―, hasta el 25 de noviembre de 1956, fecha en que el yate Granma partió del pequeño puerto de Tuxpan, en Veracruz, con rumbo a Cuba.”

Minerva emprendió su proyecto en nuestro país con el auspicio del Colegio de México, a través de Elena Urrutia, fundadora del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM), quien le respaldara para que la Secretaría de Relaciones Exteriores le otorgara una beca.

Con la carta expresa de México, la escritora, quien ya contaba con una reconocida trayectoria en Cuba, obtuvo el apoyo del Ministerio de Cultura y de las instancias diplomáticas de la isla caribeña para cumplir con los protocolos de viaje en aquel momento.

Fue el Embajador de Cuba en nuestro país quien le acercara una lista con los nombres de personas para iniciar con “las pesquisas documentales”, y en palabras de Minerva, “para que dieran cuenta de cómo operó en México la red que logró agrupar a los hombres, disciplinarlos y entrenarlos, conseguir los recursos y obtener la colaboración necesarios, crear en la isla la plataforma clandestina urbana de apoyo al desembarco y finalmente atravesar el estrecho de Yucatán en un yate que llevó 82 hombres a bordo cuando sólo tenía capacidad para 25, y consiguió llegar a su destino […]”.

Elena Poniatowska, su asesora durante el proceso de escritura, y  autora de la presentación a la primera edición de 1994, adelanta a quienes nos introducimos a la lectura: “Minerva nos enseña cómo Fidel se relacionó con la gente más modesta y con la más progresista, nos describe la casa de Emparan número 49 que acogía en su seno a los cubanos, les daba de comer y les planchaba la ropa, nos presenta a Maria Antonia quien fungía como madre y ese personaje único que es Arsacio Vanegas Arroyo, nieto de don Antonio Vanegas Arroyo el impresor de José Guadalupe Posada, extraordinario grabador.  Resulta que Arsacio, además de es también un luchador y se compromete a entrenar a los futuros guerrilleros en el cerro del Chiquihuite […]”.

Arsacio Vanegas, además de ofrecer a los jóvenes cubanos el entrenamiento físico que necesitaban para la travesía que les esperaba, y de acuerdo con lo que platicó con la escritora cubana, ofreció su respaldo a Fidel Castro para imprimir el primer manifiesto que enviara a Cuba de manera clandestina a sus compatriotas.

En este libro, a diferencia de la primera edición, Cuba, Revolución en la memoria, Minerva Salado agrega otras voces que había descartado, así como pies de nota y una sección con los documentos que no habían sido publicados durante el gobierno castrista.

Destacan entre otros, la carta de despedida de Fidel Castro de Cuba escrita en 1955 “al recibir el indulto de Fulgencio Batista después de haber sido condenado a diecinueve años de trabajos forzados en la penitenciaría de Isla de Pinos”; Manifiesto No. 1 y Manifiesto No. 2 del Movimiento 26 de Julio; y el Discurso de Fidel Castro a su llegada a La Habana el 8 de enero de 1959.

– “Ahora con el 60 aniversario se publicaron estos documentos, pero estuvieron vedados mucho tiempo. El primero es la carta de despedida donde Fidel dice que se va de Cuba porque Batista ha impedido la lucha cívica y quiere quedarse en el poder por veinte años más. Fidel estuvo 55, hasta que se murió. Los están publicando ahora porque ya pasaron muchos años.

La historia me absolverá es un documento largo, pero se puede leer en internet. Él ahí dice muchas cosas… por qué luchar, qué es lo que quiere conseguir para el pueblo cubano. Eso que él dice ahí se refleja después en el Manifiesto No. 1 del 26 de julio que se hace en México, y ahí están los propósitos del movimiento. En el Manifiesto 2 ya cambia, entonces, si lees los propósitos del Manifiesto No. 1 y los del 2, vas a ver lo que se cumplió y lo que no se cumplió. Ahí están para el buen lector”.

En conversación para Reversos, Minerva Salado comparte su análisis fundamentado en el momento épico y esperanzador de los inicios de la revolución,  y lo que ella considera “el estancamiento” después de los años setenta y que devino en “el fracaso”, debido a las decisiones de un líder al que “nadie le decía que no a todo lo que se le ocurriera”, como “la nacionalización de 1968 que causó descontento en la clase media trabajadora, personas que además de tener su trabajo fijo, apoyaban la economía familiar con negocios pequeños, ya fuera al interior de sus casas o en las calles, y que no pudieron hacerlo más”, y a lo que la escritora agrega en su revisión crítica, “la supresión de las libertades, entre estas, la libertad de prensa; además, menciona el caso del Mariel en los ochenta, con el éxodo masivo de miles de cubanos que abandonaron la isla en un mes”.

Como lo expresa en la segunda versión de su texto inédito, Minerva nos manifiesta que se asume leal al socialismo, pero a “un socialismo no inmovilizado, un socialismo inspirado en el ideario de José Martí que, sin ser esencialmente socialista, quería una Cuba para todos y por el bien de todos”, el que ella considera “no existe en Cuba”.

– “¿Qué sucede? que, en el ejercicio del poder, la Revolución cubana fracasó, porque no hubo manejo del diálogo desde el principio. Yo creo sus mayores logros están en la educación y la salud que ha trascendido al mundo. El mayor fracaso es la libertad de expresión y con ella, la coerción a los derechos civiles, y yo lo reproduzco en el prólogo de mi libro, la coerción en el derecho a manifestarse, en el derecho a escribir. Eso que a Fidel le quitaron, se lo quitó a la gente en los años sesenta”.

Si bien el libro de 1994 se publicó en el Instituto Politécnico Nacional, la escritora explica que la publicación no circuló, ni se difundió en el circuito de las ferias de libros. Lo mismo sucedió en Cuba, a pesar de haber sido finalista del Premio Literario Casa de las Américas 1991, bajo el título de El Granma en la memoria de México. Sin embargo, en una de sus notas de pie página ella relata: “Alguien muy cercano al evento me aseguró que Fidel se había interesado por leerlo, además del que obtuvo el premio, por lo cual se lo hicieron llegar. En concordancia con ello, de los cuatro ejemplares del manuscrito que mandé sólo me devolvieron tres”.

Minerva detalla que en estos textos documenta lo que por mucho tiempo se ocultó tras la versión oficial durante el mandato de Fidel Castro “con el derecho al examen crítico”, y entre los nuevos apuntes a su libro Memoria de una Revolución anota que “[…] la lección aún por aprender es que si la izquierda no se revisa, no reflexiona sobre sus propios errores, sus métodos, su vocación de caudillismo y permanencia en el poder, su desprecio a la opinión de los demás, al menos en América Latina el retroceso que se ha observado en el resultado de las urnas en algunos países y en las calles de otros, se podría volver endémico, con todas sus consecuencias para los pueblos”.

Minerva Salado tiene un largo ejercicio como poeta, ensayista y periodista. Es autora de diez poemarios. Dos de ellos obtuvieron premios nacionales en Cuba y un tercero, Herejía bajo la lluvia, recibió en el año 2000 el Premio Carmen Conde de la editorial española Torremozas. Sus libros en prosa incluyen siete títulos, entre los más recientes son los que aquí se mencionan, el ensayo Censura de prensa en la Revolución cubana, publicado en 2016, en Madrid, y el testimonial Memoria de una revolución.1955-1956, que ya se puede adquirir en Amazon E-Book.

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