¿Nacionalismo económico en Estados Unidos? ¿Algo nuevo?

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

En los Estados Unidos no resulta nuevo hablar de aspectos socialmente nacionalistas cuando de defender la soberanía, apegarse al consumo de productos estrictamente norteamericanos en el mercado, ceñirse al modo de vida de aquel país por parte de sus connacionales (modo de vida expandido al resto del mundo como mecanismo de dominio), y algo tradicionalmente importante como el legitimar al Estado en aspectos de coyuntura netamente económico en beneficio del grueso de la sociedad norteamericana, entre otras cosas se trate.

La conciencia del resguardo de la cultura estadounidense desde lo más profundo de su sociedad se da en un momento global en el cual se redefinen los criterios de modelado de las estructuras de Estado a nivel internacional.

No es casualidad que la inflexión del tipo de criterio a defender por parte del modelo socioeconómico internacional actual, es decir, la fase de pasar de aspectos de globalización a la vuelta del rescate del modelo intervencionista con matices de nacionalismo económico, empiece recientemente en los Estados Unidos y desde el Brexit por la Isla de la Gran Bretaña, particularmente Inglaterra y Rusia claro está.

A final de cuentas el orden multipolar más trascendental en aspectos económicos, culturales, sociales, políticos y bélico-armamentísticos del mundo gira en función a un orden de un naciente nuevo nacionalismo, o bien, nacionalismo del siglo XXI con Estados Unidos en fiel alianza de Inglaterra y desde otro frente geopolítico la Federación de Rusia.

Estados Unidos, desde el gobierno y los grupos de poder económico que respaldan a Donald Trump ha encabezado esta embestida contra el orden y los lineamientos de la globalización mundial (quizás neoliberal) vinculada, entre otras cosas, a aspectos de desregulación del mercado, aceleración de los patrones de flexibilización del sector bancario-bursátil-financiero y la unión “supuestamente libre” de las naciones, en dónde solamente se pudo observar un gran crecimiento exponencial de los cucharones dominantes de las grandes trasnacionales empresariales para el dominio internacional, insistiendo en especial con las relacionadas al capital financiero privado.

No es casualidad poder vislumbrar un lazo entre este nuevo apogeo nacionalista y la reconversión a muchos aspectos centrales y medulares de la nueva intervención pública en la economía. Algo que desde que Donald Trump asumió el gobierno estadounidense es la máxima carta de presentación de la cotidianidad pública de los norteamericanos.

¿Es la inercia de los Estados Unidos la que seguirá México luego de las elecciones federales de este año 2018? ¿Se agotó el apogeo y las bondades de la globalización internacional? ¿Se habrán percatado ya del daño directo y colateral de las políticas neoliberales aplicadas por todo el planeta y con severas secuelas de igual manera en todo el planeta?

Resulta significativo interpretar con recursos filosóficos, sociológicos, económicos y coyunturales estos cambios graduales en la temperatura internacional, particularmente en el modus operandi de la geografía global (la plenitud geopolítica) de último momento.

En este sentido resultará trascendental para el mundo entero los patrones de cambio sustancial que la afluente gubernamental de Estados Unidos logre aplicar a la maquinaria funcional del aparato socioeconómico norteamericano.

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