Objetos, señales e historias en las vías del Metro

Texto y Foto: J. Tonatiuh Pérez Cisneros

Desperté de manera abrupta y sudando. Soñé que una especie de obscuridad nos asechaba en los túneles del Metro. Todos corrían hacia la luz de la estación y yo era el último en salir agobiado por la desesperación de no alcanzar el andén…

Iniciamos la semana en el inframundo de la estación del Metro Constitución de 1917, Línea 8, con dirección a UAM-Iztapalapa.

12:20. Esperando el corte de corriente recorro el andén y veo entre las vías un zapato de dama, muy posiblemente una moderna cenicienta perdió su calzado a la espera que un príncipe mexica toque a su puerta y la rescate de sus terribles hermanas. Esa sería una historia de cuento de hadas en tiempos modernos.

Otra historia, más terrorífica, podría iniciar con una mujer dando un paso al abismo del purgatorio, buscar la puerta falsa, penar por el mundo, esperando al gusano naranja para que le devore la vida.

No veo rastros de sangre en el zapato, sí mucho polvo. De él podemos imaginarnos infinidad de historias.

2 de marzo, 12:45. Bajamos a las vías con nuestras armas de trabajo. A la mitad de la interestación nos detenemos al ver una bolsa negra en medio de las vías.

Ya casi no nos asombra nada, pero podemos ver una cabeza de gallina decapitada saliendo de la bolsa. Ya cada vez es más recurrente ver “trabajos” de santería arrojados a las vías del Metro.

Seguimos nuestro trayecto y a la entrada del túnel nos da la bienvenida otro zapato, ahora masculino. Me podría imaginar que se le desprendió a un grafitero en plena huida de los policías que vigilan las instalaciones del Metro.

Otra historia podría ser que el adolescente desapreció al inicio del túnel. Como podrán recordar, en uno de mis relatos anteriores, en esa misma zona se escuchan ruidos inexplicables por la madrugada. No descartemos que el dueño del tenis sufriera una suerte desconocida y hoy su familia lo busque. Observé el tenis negro y no encontré sangre ni mucho menos rastros de que hubiera sido arrastrado por el tren.

Muy raro dos zapatos en la misma noche. Alguien está caminado al otro mundo y deja mensajes.

El tercero, también de mujer, lo encontré dos días después, 4 de marzo, entre la barra guía y una respiradero del Metro. Es negro. Se ve que lleva más tiempo en las vías que los anteriores. Por el tamaño es muy difícil que el zapato haya caído del exterior. Por el peso es poco probable que el aire lo arrojara a la mitad del túnel.

Al igual que los otros, no hay señales de líquido vital. En una semana tres zapatos en el inframundo. Alguien sigue mandando señales de un viaje sin retorno, un camino a Mictlán.

Un día después, sábado 5 de marzo, las señales y los sueños cobran significado. Mi tío emprendió el viaje sin retorno, el descanso eterno. En el tiempo que he trabajado en las vías jamás me había encontrado tantas señales o premoniciones de una partida sin retorno. Nunca habíamos encontrado tantos zapatos en una sola semana.

Pero esta es otra historia más de lo que ocurre en los túneles del Metro. Lo que sí es que la primera semana de marzo de 2016 quedará para siempre en mi memoria. Cada zapato tendrá una historia del porqué quedaron en las vías del Metro, o el trabajo de santería que nos encontramos. En fin. Un dato curioso.

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