El origen colonial de la estructura económica en México

Por Víctor del Real Muñoz

La génesis del atraso social, así como del desarrollo económico, está basado en el desarrollo histórico de las condiciones materiales y de las relaciones sociales en cada pueblo.

Al plantear el asunto de la discusión del desarrollo, la teoría económica ha tenido que prescindir del estudio comparado y completo de los sistemas económicos, para observar las condiciones específicas que conducen inevitablemente a un escenario parcial de sus condiciones.

La historia económica de México puede asimilarse como el recuento de sucesos y formaciones sociales y económicas, que surgen de una fase inmediatamente anterior. Esta idea sugiere que cada formación social reivindica un conjunto de factores vinculados a condiciones económicas específicas.

A grandes rasgos, en la historia de nuestro país, en su época colonial, podemos distinguir varios esquemas de producción, como la comunidad agraria y la producción en la hacienda; cada uno con sus elementos distintivos.

Sin embargo, la funcionalidad económica y la utilidad social de cada uno de estos esquemas se vinculan y, de alguna manera, depende del sistema económico en el cual están inscritos.

Hablar de la comunidad agraria implica que, para los siglos XVI y XVII, la base económica más importante dependía de este sistema, pues  dotaba de recursos directos a una estructura política que manejaba esquemas tributarios.

En nuestros días, esta estructura resiste, de manera subordinada, los embates de una ofensiva capitalista, bajo los estándares y las normas de producción que garantizan el retorno de utilidades, y la repetición de ciclos de producción y distribución de bienes, de acuerdo a las proyecciones de las empresas que dominan esas dinámicas de producción.

Para mediados del siglo XVII, la hacienda traía consigo la imagen de gran avance en las condiciones económicas para la Nueva España, ya que acentuaba la consolidación de la propiedad privada, y la erradicación de los mecanismos comunales de producción agraria por dinámicas más avanzadas para la época.

Sin embargo, la hacienda, a principios del siglo XIX, representaba una condición opuesta, ya que se convirtió en un sistema que frenaba el desarrollo del mercado nacional de producción capitalista y debilitaba las capacidades de desarrollo de la mano de obra. El modelo de Estado-nación ya estaba en México.

Estas dos etapas, con las cuáles convivió el México de la Nueva España como colonia, constituyeron una base económica que duró más de 400 años; trajo consigo relaciones de comercio exterior y de comercio nacional, que objetivaban la generación de nacientes clases económicas en el país.

Bases económicas de la Nueva España. Fin de la hacienda

La primera fase de ejecución del proyecto económico de los españoles en la Nueva España, se caracterizó por los ingresos provenientes de los hurtos de recursos naturales y metales, propios del pillaje que acompañó el proceso de conquista y el sistema tributario distintivo de un esquema feudal.

Una segunda fase se efectuó con el crecimiento de la producción minera, donde la mayor parte de la plata que se extraía se exportaba sin retribución a la Nueva España, y las haciendas del norte del país aumentaron el abastecimiento de recursos agrícolas y ganaderos a los centros mineros de México, como Zacatecas, Guanajuato o Pachuca, resaltando la creciente importancia que el sistema hacendario empezaba a implicar para el país.

Entre 1615 y 1630 ocurrió un aminoramiento en la economía minera, al contraerse la producción de plata. Se debilitó el comercio exterior. Las haciendas del norte empezaron a trabajar bajo un régimen propio autárquico, como expresión del eclipse de las organizaciones económicas comunitarias y las consecuentes fases recesivas; pero se vislumbraba lo que pasaría: la caída del arsenal minero en la Nueva España y las crisis de la economía comunitaria.

La hacienda aparecía como la panacea de la base económica nacional y apareció una tercera y nueva fase del proyecto económico de los españoles en la Nueva España. Se objetivaba un progreso en las condiciones de producción, elevando la productividad y el abastecimiento, donde la hacienda unía la producción de recursos naturales, bienes y alimentos, con los estándares mercantiles propios de la etapa que predominaban en aquel momento.

Cuando aparecían los ciclos de crisis económicas, las haciendas entraban en una fase autárquica; cuando se vivían momentos de expansión del mercado y auge, había dinámicas mercantiles de mucha aceleración.

A la mitad del siglo XVII, la hacienda representaba el vínculo de movilidad  más importante de la economía del país, para el proyecto económico de los españoles.

Condiciones que originaron las fricciones sociales con miras a la independencia

La crisis final del sistema hacendario de la Nueva España, como base fundamental del dinamismo económico, se gestó en el choque inicial entre la burocracia virreinal y los hacendados, que ante escenarios de crisis vivían una reiteración de los vicios del poder despótico de los virreyes.

La indignación de los hacendados, que constituían una base significativa como dueños del campo, veía con rencor y recelo a los gobernantes virreinales por su total intromisión, al interferir en los asuntos que manejaban directamente los mismos hacendados.

El Virreinato estableció políticas, regulaciones y discursos que atentaban contra la funcionalidad y la reputación de los hacendados, acrecentando más las diferencias sustanciales que apoyarían la consolidación de la revuelta social, con el inicio del proceso de independencia.

En el virreinato anidaba la condición de debilitamiento gradual que vivía la Corona Española en Europa, en condiciones de crisis política y atraso económico.

La Nueva España era un campo de resonancia del atraso social, económico y cultural, porque lidiaba contra un poder político y militar que estaba estancado en el escenario internacional. Los españoles concluían su proyecto económico para América. El capitalismo había nacido.

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