Ozon… la iglesia católica y sus divinos pederastas

 

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

el inexorable dolor y la infinita miseria

son la esencia de este fenómeno

dela voluntad que llamamos mundo.

Arthur Schopenhauer

La más reciente película de François Ozon (París 1967) Grâce à Dieu traducida al español “Por gracia de Dios”, aborda el problema de la pederastia eclesial, si bien el tema ya ha sido abordado en el cine, la lente de Ozon lo vuelve un tema vigente y que no ha sido suficientemente debatido. Hay sí, un conjunto de demandas, juicios ante tribunales y escándalos mediáticos que han intentado dar una respuesta favorable a los miles de víctimas de abuso sexual por parte del purpurado.

Grâce à Dieu recuerda a la magistral realización de Thomas McCarthy (Óscar a la mejor película 2015): Spotlight, “En primera plana”; una de las diferencias fundamentales entre ambas películas es el ángulo que cada director enfatiza; Ozon pone el foco en las víctimas; es decir, la historia se narra a partir de la experiencia de tres varones que en su infancia fueron abusados sexualmente por el padre Bernard Preynat, quien durante más de 30 años violó a más de un centenar de niños. El film narra un hecho real que se tradujo en un caso penal donde 80 jóvenes-adultos denunciaron al cura-pederasta.

Mientras Spotlight aborda el problema desde la óptica del equipo de  investigaciones especiales del periódico “Boston Globe”, se trata de la enorme lucha que un periódico local da para denunciar los abusos de un centenar de curas de la archidiócesis de Boston, Massachussets. Sin embargo, ambas películas dialogan, cada una desde un continente distinto, pero ambas confrontan la descomposición criminal de la iglesia Católica, quien ha sido cómplice durante décadas de los abusos de curas pederastas.

Ozon da un giro sorpresivo en su realización cinematográfica. Lleva al espectador a las entrañas de una dinámica dentro de la iglesia católica; no sólo está el abuso sexual de los curas a cientos de niños y niñas, sino el encubrimiento por parte de la institución pederasta. La confrontación que esos ochenta adultos, niños ayer tienen que hacer para poder denunciar al cura Preynat, pasa necesariamente por nombrar ese largo secreto que ellos no se atrevían a contarse, ese largo secreto que comunidades enteras no se atrevían a confrontar.

La pederastia ha quedado impune no sólo por la complicidad de la institución eclesial, sino porque las comunidades donde estos curas delinquieron no se atreven a reconocer el duro evento que trastocó la visa de sus infantes. Las madres y padres no pueden tolerar esa terrible verdad, lo mismo que los vecinos… aparentemente nadie quiere denunciar a los curas, nadie quiere reconocer que el representante de dios en la tierra es un pederasta que abusa de sus hijos. Y aquellos padres que se atreven a cruzar la barrera y denuncian al pederasta son silenciados por la iglesia, lo mismo que por la comunidad.

Grâce à Dieu y Spotlight nos narran una misma historia, el relato de la iglesia católica encubriendo criminales. Grâce à Dieu y Spotlight confrontan al espectador a un secreto innombrable, silenciado por las comunidades, pero también por las instituciones: la policía, los abogados, el Papa, los políticos… todos han sido cómplices del crimen, todos han contribuido a que curas pederastas abusen de centenares de miles de niños en el mundo, lo mismo en Irlanda que en Boston o en México y Francia, los casos han sido documentados, pero no ha sido suficiente. Ozon contribuye a mantener vigente el debate, a romper con la cadena de silencio, un silencio cómplice.

Ozon reconstruye el drama de tres adultos que en un momento de quiebre de su existencia tienen que confrontarse, interrogarse sobre aquella traumática experiencia e iniciar a saldar cuentas, asumir que ellos no tuvieron la culpa de la infausta experiencia, asumir que el denunciar al cura no los hacía menos. Sin embargo, el embate no es en absoluto fácil, esta en inicio ese drama individual que llega al plano de un experiencia colectiva, de un centenar de varones, de un centenar de familias, de comunidades enteras que asumen el secreto celosamente guardado: el cura de su parroquia es un pederasta.

Esa experiencia colectiva pasa necesariamente por confrontar la culpa, esa emoción que resguarda el orden que mantiene a colectivos enteros siendo “funcionales”; esa experiencia disfórica que irrumpe el orden. ¿pero cuál orden resguarda la culpa? ¿de quién proviene la orden?. En principio la represión de las emociones es una característica del decurso religioso, una manera de mantener a la feligresía en precepto; las comunidades seculares heredaron automática y gratuitamente ese orden constitutivo, hoy millones de habitantes en el mundo no sienten empatía por el discurso religioso, a las nuevas generaciones la gracia de dios les parece un gracioso elemento del pasado, ellos convergen en un mundo donde dios ha sido asesinado, irrumpen cual nihilistas en un espacio profano donde la culpa se mantiene intacta.

Como intacto está el secreto de aquellas comunidades religiosas seculares o no, que aun profesan la idea de Dios; sin embargo, Ozon apunta, esos feligreses que en su infancia fueron abusados sexualmente por el cura de su parroquia, algunos mantienen una sana distancia con la canónica institución, otros al borde de la existencia subsisten en ese mundo, aparentemente sin asidero alguno.

La justicia en Grâce à Dieu se vuelve una especie de esperanza frente al vacío del dios muerto, esa justicia que es una experiencia colectiva, porque es colectivamente donde ellos pueden empezar a sanar, en esa fantasmagórica unidad, la de haber experimentado el abuso de un adulto, su infancia de golpe les fue sustraída individualmente y su existencia les es devuelta colectivamente. Esos nuevos lazos comunitarios son la alternativa frente al presente vacío. Esa colectividad les permite enfrentar a la iglesia y hacer justicia. ¡Que los pederastas paguen!, ¡Que los curas pederastas paguen! ¡que la iglesia pague!

En 1927 se publicaba la novela que José María Pérez Gay llamó “la más judía de la literatura alemana”: Job, del vienés Joseph Roth, en ella se narra el discurrir de la fe, la duda y la culpa, elementos todos constitutivos del orden religioso judeocristiano, pero también constitutivos del orden secular emanado de la Ilustración. La travesía de Job, los retos constantes que confronta, ponen en duda la existencia de Dios, esa entidad justa, pero también bondadosa. Sin embargo, el destino de Job no es en absoluto bondadoso sino plagado de infortunios. La duda es el eje rector de la fe, tanto de la sagrada como de la profana; ésta a su vez se basa en la culpa, como ese ejercicio disruptor del orden social, uno que se fundamenta en la represión. En curas que niegan su sexualidad al extremo de volverla un evento patológico, en comunidades que rechazan admitir que su pastor es pederasta y bajo la bruma del silencio son cómplices de la barbarie… Estados cómplices del poder eclesial.

La duda, la culpa y la fe… son invocadas en la cinta de Ozon, sus personajes embaten al orden existente para crear un nuevo espacio colectivo, donde es posible reconstruir la fe más allá del bien y del mal.

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