PAN opera y provoca enfrentamiento entre la Guardia Nacional y campesinos de Chihuahua

Por Guillermo Torres 

El pasado martes 8 de septiembre, un contingente de ganaderos y campesinos del estado de Chihuahua se manifestó en la Presa La Boquilla, para protestar por el suministro de agua de la misma hacia Estados Unidos, cuyo acuerdo data de los años cuarenta del siglo pasado.  

En este hecho, sin duda, está la mano del senador panista Gustavo Madero Muñoz, del gobernador Javier Corral Jurado, y del “influencer” de redes sociales, conocido con el seudónimo de Tumbaburros

En dicha protesta, algunas personas azuzadas e infiltradas por estos personajes, comenzaron a violentar y agredir a los elementos de la Guardia Nacional, sin mediar ningún tipo de argumento o petición; simplemente provocaron el lamentable enfrentamiento. Esta situación obedece a un espiral creciente de violencia y apología del terror que promueven los panistas en su intento por reivindicar su agenda “política” para las elecciones de 2021. 

Del plan que pusieron en marcha desde 2019 con la pretensión de provocar un “golpe blando”, ha sido una escalada de provocaciones de sus principales operadores, como Gilberto Lozano, que luego de que el narcopartido de Felipe Calderón no prosperara en su registro ante el INE, ahora comienza a ser más evidente su línea reaccionaria y violenta con la consigna de violentar y dividir el tejido social que de por sí ya han dividido tanto. 

Están pasando de la “protesta pacífica”, que con el autodenominado liderazgo de Gilberto Lozano, a una provocación abierta y deliberada a que el Gobierno de México responda con el mismo talante. 

Es de analizarse y tenerse en cuenta que así como fue tan criticada la prudencia y sensatez al desistir de la detención de Ovidio Guzmán ante la amenaza del crimen de generar lamentables daños colaterales en la población civil inocente, y en la misma línea de no hacer uso de la fuerza de manera laxa y fuera de contexto, la Guardia Nacional emprendió la retirada.  

La respuesta de estos individuos fue de un supuesto “triunfo” sobre la fuerza pública, al hacer declaraciones sobre un velado golpe de Estado y “fin de la Cuarta Transformación”.  

Ahora bien, si nos remontamos a lo que fueron los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, ya no se diga que la otrora oposición hubiera incurrido en una provocación de esa índole.  

¿Qué habría pasado?, si por el contrario, aún con que siempre se condujo como movimiento pacífico, hubo represión, persecución, cárcel, desaparición y muerte para mucha gente incluso ya estando en marcha el proceso electoral de 2018.  

La garantía de libre manifestación que hoy existe, en aquel tiempo era una osadía muy arriesgada. Llama la atención la clara intención de la ultraderecha de provocar una reacción por parte del gobierno actual para luego señalarlo y descalificarlo para tener el argumento infundado perfecto para continuar con su plan golpista, además del golpe de efecto mediático que pretenden para el proceso electoral del próximo año. 

Es un momento crítico por el que atraviesa el país, no solamente por la falta de propuesta política de una derecha cada vez más consolidada como panda de vándalos y porros provocadores que buscan violentar y transgredir la democracia y el Estado de Derecho, sino por los candidatos a la dirigencia de Morena, cuya mano detrás está moviendo la derecha por medio de la dirigencia del Instituto Nacional Electoral. 

 La pretensión de infiltrar a sus operadores al seno de Morena tiene la intención de golpear a la Cuarta Transformación desde sus bases, por medio del divisionismo, el nepotismo y todo el esquema y modo de operar que siempre le ha caracterizado a la derecha. 

Es necesario tener en cuenta, como un personaje que no tiene otro tema en el tintero que una guerra sucia de noticias falsas y manipulación mediática, figure como nuevo valor del PAN, como parte de sus operadores políticos.  

Quizá la crisis más grave y preocupante en México radica en la carencia de una oposición seria, formal y enfocada en trabajar por la construcción de un México fuera de su lógica de crimen y corrupción y, por supuesto, la secuela de enajenación en la parte del imaginario colectivo que les cobija en la sociedad, que los defiende a ultranza, pero sobre todo que están “convencidos” de que fueron opción en su momento y que pueden ser opción aún.  

No hay una figura de liderazgo en la derecha con la capacidad de operar y cohesionar esa masa amorfa e inoperante en la que se han convertido fuera del poder.  

Sin capacidad organizativa y sin propuestas que alcancen la fuerza y contundencia más allá del manotazo y el grito, del insulto y la ofensa, de la descalificación y el clasismo, de la xenofobia y el racismo, de esa ignorancia que les caracteriza, de esa abyección y cerrazón que raya en el daño mental, de la más baja ralea moral.  

Hoy más que nunca muestran no solamente su vocación antidemocrática, sino que ventilan que, en efecto, nunca hicieron más que utilizar las instituciones para operar como auténticos criminales reaccionarios a la sombra del poder. Y hoy no encuentran el camino, la manera y la fórmula para volver a posicionarse entre la ciudadanía, nada más que azuzando y manipulando las causas loables, como la del feminismo y, en el caso de Chihuahua, de los campesinos. 

Ante esto, resultaría congruente que el seudo comunicador, denominado Tumaburros, tenga a bien decantarse públicamente por una postura clara y sustentada sobre el tema de Chihuahua, que en todo caso acordaron y consolidaron hace más de cincuenta años, entre otras instituciones políticas, esa a la que le sirve de manera abyecta, bizarra y ladina. 

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