Pederastras transfronterizos

Por Luis Carlos Rodríguez González/The Exodo

Hace unos 20 años realice algunos reportajes sobre la prostitución y pornografía infantil en zonas turísticas y fronterizas como Acapulco, Cancún y Tijuana. En aquellos años, niños en situación de calle de la Ciudad de México y de otras partes del país eran explotados sexualmente por redes de delincuentes  en algunas de esas ciudades con el contubernio de autoridades y hoteleros.

Los principales clientes eran extranjeros, estadunidenses, que incluso en trailer park viajaban por diversas zonas de México para grabar a los menores y comercializar la pornografía. El entonces procurador de Derechos Humanos de Baja California, Víctor Canchola, hizo la denuncia de esa incipiente explotación sexual infantil transfronteriza en zonas como Tijuana y el Parque Balboa, en San Diego.

Por su parte, el catedrático en derecho internacional por la UNAM y en esos años integrante de la Corte Internacional de Derecho de La Haya, Víctor Carlos García Moreno, denunciaba el aumento de las llamadas “escort agency” en zonas como Cancún, Mazatlán y Acapulco, donde incluso había agencias de turismo sexual que con catálogos ofrecían a niñas y niños mexicanos a pederastas y pedófilos extranjeros.

Más recientemente, en el radar de autoridades estadunidenses se ha hecho tristemente célebre el caso del “pueblo de los padrotes”, Tenancingo, Tlaxcala, donde un puñado de familias tiene una verdadera red criminal de tratantes de mujeres y niñas que las exportan a Estados Unidos con toda impunidad.

Paradójicamente o más seguramente con el contubernio de autoridades de todos los niveles en México, no se les investiga, no se desmantela esta red de delincuentes que tienes nexos lo mismo en Nueva York, en Chicago, en Los Ángeles, que en el Barrio de la Merced, en la Ciudad de México, a unas calles de Palacio Nacional, donde por sexenios los padrotes han explotado a mujeres y adolescentes sin ningún problema.

A finales del 2015, el Federal Bureau of Investigation (FBI) solicitó el apoyo de la PGR para realizar un operativo en Tenancingo donde detuvo a cinco integrantes de una familia de traficantes de mujeres y niñas llamada “Los Rendones”, ligados a la explotación sexual de ellas en diversas ciudades de Estados Unidos.

Desde entonces ninguna autoridad mexicana ha hecho una detención de estos delincuentes transnacionales que engañan, secuestran, trafican y explotan niñas y mujeres en ambos lados de la frontera. Cuánto dinero debe correr para evitar ser investigados, detenidos.

Lo que ocurrió hace unos días con la detención del líder de la Iglesia de la Luz del Mundo, Naasón Joaquín García, quien fue arrestado en California por diversos ilícitos como tráfico de personas, producción de pornografía infantil, violación de un menor y otros delitos graves, es sólo un botón más de esta impunidad con que operan estas bandas criminales, protegidas por la clase política, senadores, diputados, gobernadores y empresarios, que ahora voltean para otro lado y dicen que sólo aparecieron en una foto con el líder religioso en Bellas Artes “como cualquier otro ciudadano”.

Tratar de desviar el tema de un grave problema pidiendo “respeto a la tolerancia” cuando  diariamente desaparecen, según la Alerta Amber, decenas de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el país, que desgraciadamente podrían estar en manos de estos traficantes, pederastas y pedófilos, es únicamente darles patente de corzo a estas bandas de criminales.

Si los líderes de La Luz del Mundo realizaron estos delitos  en California, que no habrán hecho en México con esta red de protección e impunidad. Nadie en Jalisco, en Guadalajara, en otros estados y a nivel del gobierno federal por tantos años se enteró, sospechó, investigó la forma en que actuaban estos delincuentes amparados en una  religión. Tal Cual.

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