Ser princesa, una opción

Por Astrid Perellón.

 

Mi madre siempre quiso ser físico nuclear para luego convertirse en astronauta. Dado los prejuicios de su época setentera, terminó siendo ingeniero químico industrial. Podría decirse que es ejemplo de la típica princesa de cuento de hadas.

 

Ante un problema que se agravaba mamá decía, en forma filosófica: La cantidad de desorden (molecular) tiende a incrementarse con el tiempo. Lo que en realidad es una Ley de la Termodinámica que expresa como siempre existirá el desorden y tenderá a aumentar. Piénsalo así: si las letras no fueran marcas negras que <<ensucian>> la hoja blanca, no podría leerse un mensaje. Es necesario el desorden para mostrar un contraste, o hacernos preferir y elegir algo nuevo.

 

Admitiendo esta base científica, la única tarea con propósito en este universo es reducir el desorden. No se puede destruir, no se puede erradicar, sólo se puede reducir.

 

Es una tarea permanente que más vale hacer felices para siempre porque la otra opción (no reducir la entropía constantemente), provoca que el desorden, los problemas o contrastes se vuelvan enormes, insoportables. Tampoco es grave pues te orillarán a una encrucijada, un camino de dos veredas posibles (un punto de bifurcación). Las opciones son: morir o aumentar tus capacidades para <<aliviar el desorden>>. Es decir, si no te mata, te hace más fuerte.

 

Por eso digo que mi madre actuó como la típica princesa ante la encrucijada de no poder dedicarse a su sueño o morir. Prefirió dedicarse a lo más cercano posible a su sueño. Estaba disipando la entropía, optando por la claridad de decisión ante el constante desorden presente en el universo.

 

Eso hacen las princesas sólo que no las hemos sabido apreciar. Las estamos observando desde la trinchera de la psicología o de las humanidades pero vistas a ciencia cierta y exacta, las princesas en sus torres custodiadas están dominando la reducción del desorden… mental. Ante el dilema de morir o sentirse lo mejor posible, ellas eligen lo segundo, la claridad. ¿Crees que el príncipe es el héroe y ellas son indefensas criaturas pasivas? Intenta reducir el caos en tus pensamientos y ya me dirás quién lleva la parte más difícil del cuento.

 

Sé más inteligente y sabio, como la princesa. Ocúpate de tu mente que también tiende al caos. Desvanece la entropía para que no se acumule y, si se acumula, tranquilo, de todas formas tendrás una decisión bastante sencilla: o morir o evolucionar feliz para siempre.

 

 

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