¿Pululan aromas de guerra en Estados Unidos?

Por Víctor Manuel del Real Muñoz

En la actualidad Estados Unidos vive un entorno de absoluta polarización política; como hace mucho tiempo en aquel país no se olían tufos tan densos de tanto extremo en el barómetro político preelectoral desde el grueso común de la población estadounidense.

 

Donald Trump, sectores determinantes y dominantes del Partido Republicano, los grandes capitales que respaldan el programa político del actual gobierno más la capa social (vinculada al ideal WASP) son constantemente intimidadas por las presiones de muchísimos medios de comunicación como la élite de la funcionalidad de muchos programas de TV en canales digitales regionales, nacionales e internacionales tanto públicos como privados, mesas de debate, periódicos digitales e impresos y un impulso invisible en forma de campañas masivas que desde las redes sociales más comunes se echan a andar.

 

Algunos analistas geopolíticos serios argumentan que las redes sociales han sido cooptadas en los últimos meses para perjudicar a como dé lugar de forma desmedida la imagen pública, íntima y política de Donald Trump.

 

Está claro que en torno a las elecciones intermedias venideras coexisten muchísimas cosas en juego desde los Estados Unidos hacia el interior de su territorio y el resto del mundo entero. Esto no debe sonar extraño. Estados Unidos no pretende diluir su fuerza dominante global en esta nueva competencia con Rusia y China.

 

¿El argumento pasado será la causa de la rendición de cuentas que hace tiempo Mark Zuckerberg tuvo que hacer ante el Poder legislativo estadounidense?, personalmente lo desconozco.

 

Algunos sectores radicales vinculados al Partido demócrata y en extraña simpatía no rebelada por grupos de acumulación de capital conectados a la banca internacional financierista bursátil con sede nacional en Nueva York y Chicago, han empezado a efectuar empuje y operatividad política con la solvencia financiera, táctica, demagógica e intelectual que históricamente ha caracterizado la dinámica de los grupos de choque al interior de los Estados Unidos.

 

En torno a esto se han identificado a grupos como ANTIFA, expresados como grupos de operación anti fascista con dinámica operativa en Europa y con funcionalidad propia en los Estados Unidos, vinculados a sectores de intelectuales y operadores dentro del Congreso de Estados Unidos y otros lados más, especial e íntimamente ligados al Partido Demócrata, con falsas banderas de repudio al sistema capitalista con matices incluso de anarquistas de izquierda, pero con una línea muy eficiente en operaciones de choque político y contrainteligencia política a niveles de población civil.

 

En días pasados el político y abogado neoyorkino Rudolph Giuliani ha sido muy enfático en la importancia de garantizar el orden social en las grandes urbes estadounidenses que pudieran mermar el equilibrio y la armonía política, ante los aires de polarización que están en puerta en Estados Unidos, sobre todo con la cercanía de las elecciones intermedias.

 

El lenguaje belicista creciente y progresivo que ha venido manejando Donald Trump, más las líneas de operación política encubiertas al margen de la CIA, la NSA y el FBI, y esa sensación de sumo control ideológico que mucha gente disidente a Trump (Léase de sentimiento anti-Trump) hacen pensar que no es un despropósito o una locura imaginar la presencia por parte del Ejército y otras fuerzas militares estadounidenses en las calles y territorios de aquella nación a futuro.

 

Emerge otra vez la pregunta que recientemente el mundo ha venido haciendo en torno a esta coyuntura: ¿Es posible ver a futuro el despliegue de fuerzas militares al interior de Estados Unidos? ¿Donald Trump reencarnará pasajes de Hitler en Alemania desde suelo estadounidense?, ¿Estados Unidos marcará el rumbo de una tercer guerra mundial armada con un despliegue militar desconocido para el mundo?, ¿En estos momentos de qué son capaces los norteamericanos?

 

Este recurso de análisis coyuntural sirve para poder mirar desde otro enfoque el tema migratorio y la dinámica diplomática que México deberá tomar a futuro con los estadounidenses.

 

No es realismo latinoamericano el exhortar al próximo presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador a manejar con perfección y absoluto cuidado nuestras relaciones con aquella nación. No sabemos qué planes tengan los estadounidenses. Hay riesgos y posibilidades de peligro geográficos bastante claros. No serán días sencillos en esta parte del mundo.

Donald Trump y su convergencia socio estructural no cederán a las presiones de la oposición; son estadounidenses que sienten el fetiche ideológico puramente norteamericano; ellos mueren hasta el final, y quizás en el devenir histórico de esas pugnas internas el derramamiento de sangre y las fuerzas militares en uso son solo los vehículos donde la ingenuidad política y el dolor moral carecerán de importancia. No nos vemos ofensivos al decir que los estadounidenses son estructuralmente agresivos.

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