¿Qué pasa con la UNAM? (Zozobra por el narcomenudeo)

Por Christian Marín

Esto lo escribe un estudiante de la máxima casa de estudios en México: La Universidad Nacional Autónoma de México. Los alumnos en general de la comunidad universitaria vivimos en constante incertidumbre, y no es para menos.

En los últimos años la violencia se ha desatado a lo largo del plantel central de Ciudad Universitaria y de sus distintas representaciones “F.E.S.” (Facultad de Estudios Superiores) a lo largo del Área Metropolitana, cada uno de ellos con historias distintas por contar, pero que a final de cuentas demuestran una generalidad: la violencia.

Tanto alumnos como maestros son las víctimas de estos actos. Los hechos cometidos tienen algo en común: la mayoría queda impune y sin resolver. La Universidad prefiere no hablar, mantener en secreto lo sucedido, se desentiende de las cosas, no hay apoyo por parte de la institución ¿Esto cómo nos puede tranquilizar?

Se nos ha indicado que la Vigilancia de la UNAM está a nuestro servicio y que cualquier anomalía se reporte de inmediato, pero esto no pasa, y no porque no tratemos de hacerlo, simplemente porque no hay una patrulla cerca. Existe una insuficiencia en cuanto a  vigilancia dentro del plantel de C.U. se trata. Homicidios, violaciones, balaceras e intentos de asaltos son hechos que han ocurrido en el último año dentro de Ciudad Universitaria, pero el resultado de las averiguaciones de cada uno de ellos no ha sido claro.

La UNAM ha tratado de actuar, pero no de la mejor manera. El servicio de la vigilancia parece seguir igual, solo se mantiene al margen respecto a lo que ve. Prefiere no actuar y guardarse todo. Pareciera que está cegado. Se podría pensar que no defiende la integridad del estudiante, que no le importa.

Ante todo esto, la Universidad Nacional Autónoma de México decidió reducir y cerrar espacios recreativos dentro del platel como medida para la erradicación de todo acto violento.

Los enrejados se hicieron presentes en varios lugares de C.U., comenzando por “Los frontones”, lugar que se tenía en la mira por ser uno de los principales centros de distribución de droga dentro del plantel. Se colocaron mayas metálicas, cámaras y botones de emergencias.

Por otro lado, en un lugar conocido como “Los bigotes”, ubicado a un costado del paso que une el Metro Universidad con la base del transporte interno (Pumabus), se utilizó el mismo método, un enrejado muy amplio que se interpone ante cualquier intento de entrar. Cosa que no ayudó, ya que los vendedores de droga tan solo se movieron unos pasos al camellón que se encuentra enfrente del mismo sitio que fue enrejado. Y sí, sigue la venta.

Cabe mencionar que este espacio si era ocupado por narcomenudistas como centro de distribución de estupefacientes, pero de igual manera, la comunidad universitaria realizaba actividades recreativas, organizaba pequeños torneos, conciertos al aire libre o simplemente como lugar para darte un ‘break’ ante tanta presión escolar.

Las medidas utilizadas por los altos mandos de la U.N.A.M. no fueron del agrado del alumnado, en su mayoría cree que el verdadero problema es la incompetencia y negligencia de los cuerpos de seguridad que trabajan al servicio del plantel y que el cerrar espacios de recreación solo deje ver a ineficiencia de la vigilancia y la ineficacia en cuanto a la toma de decisiones en materia de seguridad. El impedir el paso a los alumnos a espacios como estos sólo crea una atmosfera de exclusión según sus propios puntos de vista.

Pero el tema actual sigue siendo el mismo. No hay diferencia en el sentimiento de nosotros los jóvenes dentro de la Universidad, estar a la expectativa de lo que te pueda pasar en tu segunda casa. Porque sí, la U.N.A.M. es nuestra segunda casa y nos preocupa lo que suceda en ella.

Tanto mujeres como hombres sufrimos a diario por el temor de que pase algo, de no poder hacer nada, de depender de terceros. Sólo nos queda estar unidos. Tal vez la unión sea de gran ayuda. Ya lo dice el dicho: “la unión hace la fuerza”, porque al tratarse de la Universidad se trata de un objetivo en general: titularse.

Caminar con miedo, andar en las instalaciones con el temor de que algo te pase, salir de noche y ver que todo está oscuro, esto y demás cosas son el pan de cada día entre los que se desenvuelven dentro del plantel.

Parte importante para terminar con esto son los alumnos, quienes son los que consumen estas sustancias nocivas, pero también la culpa es de aquellos que saben del problema y que no hacen por resolverlo y que, a final de cuentas, se va agravando con el pasar del tiempo.

 

Related posts

Coméntanos