Quinto informe: “El Año de Hidalgo” y la sucesión presidencial

Por Luis Carlos Rodríguez/The Exodo

Foto: Edgar López (Archivo)

Los mexicanos de a pie, por estos días posteriores al V Informe de Gobierno, si escuchamos radio o vemos televisión, estamos expuestos al bombardeo de spots del “Gobierno de la República”, este año principalmente con historias de personas con hernias, atropelladas, con cáncer, con algún padecimiento cérvico-uterino, males de la tercera edad, entre otros, que son “curados” por una renovada, eficiente e increíble red hospitalaria en el país.

“Lo bueno cuenta y queremos que sigan contando” señala el presidente Enrique Peña en dichos spots al dar cuenta de diversas historias de pacientes curados o rehabilitados, de pueblos mágicos, de la construcción del nuevo aeropuerto o del nuevo modelo educativo.

Lo cierto es que a partir de este 1 y 2 de septiembre, una vez concluido el ritual de la entrega del V Informe de Gobierno y el mensaje presidencial, se dará el banderazo virtual a dos eventos que marcarán la vida política, económica y social del país, por lo menos para los próximos meses y en el peor de los escenarios, para los próximos siete años.

Se trata de la sucesión presidencial, el regreso del “tapado” en el PRI, la “cargada”, así como los procesos de elección, “dedazo”, consulta a la base o cualquier otra fórmula en el propio partido en el gobierno, en el PAN, PRD, Morena y todos los demás institutos “satélites”, “rémoras”, “mini-partidos” o la llamada “chiquillada” que venderán caro su amor al mejor postor.

Con el banderazo de salida para que los precandidatos del PRI empiecen o más bien continúen sus campañas de promoción ya sin ningún rubor, el país entrará en un impasse gubernamental en donde ya nada se moverá para no afectar a determinado aspirante, los recursos no se ejercerán para dejarlos disponibles para los tiempos electorales y se recurrirá aquella vieja encomienda de Fidel Velázquez: El que se mueve no sale en la foto.

Tal vez lo peor de este último año de gobierno será el llamado “Año de Hidalgo” en donde muchos funcionarios federales, ante el temor de que el PRI pierda la elección presidencial en 2018 o simplemente como un bien merecido “bono extra de retiro”, busquen llenar sus arcas, alforjas, cuentas en paraísos fiscales, inversiones inmobiliarias en el extranjero, con tal de garantizar un retiro digno para ellos y tres o cuatro generaciones más.

Nada nuevo. El actual sexenio prácticamente fue no un año, sino seis dedicados a Hidalgo. El caso de la constructora OHL y el pago de vacaciones y sobornos a funcionarios del estado de México que gobierna Eruviel Avila, en el 2013. En 2014 el caso “Casablanca” que involucró a la pareja presidencial en la adquisición de una residencia en Paseo de las Lomas, con un valor de 86 millones de pesos y construida por el Grupo Higa.

Vendrían meses después la casa de campo del entonces secretario de Hacienda y hoy canciller, Luis Videgaray, también relacionada con el Grupo Higa, constructora consentida en el sexenio. Y el torrente de gobernadores-corruptos y en fuga o detenidos como el veracruzano, Javier Duarte, el quintanarroense, Roberto Borge; el tamualipeco, Tomás Yarrington, el chihuahuense, César Duarte; el coahuilense, Rubén Moreira; el neolonés, Rodrigo Medina, y el sonorense y panista, Guillermo Padres. Qué largo y costoso el sexenal Año de Hidalgo y el grito de guerra de los corruptos: “y que chin…su madre el que deje algo”. Tal Cual.

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