Reflexiones desde San Petersburgo

Por Víctor Del Real Muñoz

El formato alemán adhiere a su lista de palmarés internacional un nuevo título. La fórmula no es simple, porque el caminito que los teutones han seguido para sus logros ha precisado del trabajo arduo, la planeación, la mentalidad, la educación, el vínculo de la ciencia con el deporte, el amor por la patria y la camiseta, la sensatez, el enlace entre los esquemas demarketing y el futbol, así como una serie de elementos más que se afinan día con día y que vuelve al formato alemán un prototipo ejemplar, maravilloso, exitoso y extraordinario.

Se embelesa el alma y se emociona el corazón al ver triunfar a un equipo que hace todo bien en torno a la cancha. A veces daría la impresión que los alemanes juegan fácil, aunque pierdan. Por fortuna son seres humanos.

Le agradezco a Alemania la oportunidad de dejarme ver la cosecha de su trabajo y poder aprender de su espíritu, de su forma de pensar. No por nada el desarrollo filosófico del pensamiento alemán, el origen del análisis de la economía política y las escuelas del pensamiento epistemológico moderno europeo han surgido en Alemania. Hay un vínculo que se traduce entre lo estructural, lo deportivo y el éxito.

En Alemania el futbol es una cultura, es un rasgo escolar, es un asunto popular y además es un mercado generador de divisas millonarias. Como tal, los alemanes lo tratan. Así de simple.

Mientras tanto, el formato chileno, creciendo, desarrollándose, volviéndose serio con el paso del tiempo, con un estilo de juego definido y, sobre todo, con una lista de futbolistas extraordinarios, de referencia internacional, adheridos a una actitud gladiadora, con fuerza mental y espiritual, con gran amor por su querida camiseta roja, con espíritu de triunfo, fuertes físicamente, impecables técnicamente.

Hoy Chile es un digno subcampeón de Confederaciones con un brío de campeón, de equipo top en el concierto internacional. Hoy muchos creemos más que nunca en el talento, el proyecto y la estructura chilena de cara al Mundial de Rusia 2018. Qué bien han hecho las cosas los andinos.

Mi envidia es sana, lo juro.

Después de ver a dos estructuras futbolísticas que hoy son de primer orden global –aclarando que para un gusto personal Alemania está por encima de todo el mundo–, me encantaría que la caterva de inútiles que dirigen la selección nacional, el futbol mexicano y algunos de los clubes nacionales, copiaran, fusilaran (o lo que fuera) algunos de los detalles, elementos, aspectos estructurales de estos dos prototipos, tanto el chileno como el alemán, en relación de cómo se deben hacer las cosas en torno a la dirección general de una selección nacional, de cómo debe estructurarse en lo deportivo una liga de primera división local y cómo tendrían que administrarse, dirigirse y conducirse las fuerzas inferiores que generan futbolistas jóvenes en nuestro país.

Ya basta de anteponer el negocio. Ya basta de Televisa, de TV Azteca. Ya basta de los intereses mercenarios por encima del deporte. Ya basta de fracasos en la misma tesitura. Ya basta de subordinar al futbol a un conjunto de caprichos empresariales que lo único que pretenden es hacer negocio del deporte.

Juegan en Europa sin saberlo

Luego de un partido bueno, así nada más, bueno, de la selección frente a Portugal por el tercer lugar de Copa Confederaciones 2017, con algunos chispazos de buen manejo de pelota, una que otra llegada interesante a portería rival, buen volumen de juego en el medio campo con dominio y recuperación eficiente de pelota, pero con una fragilidad terrorífica en zona defensiva, México dejó escapar el tercer lugar.

La razón del fracaso es casi siempre el mismo. Se tiene el momento y la oportunidad de matar al adversario y no se hace. No triunfa la mentalidad ganadora ni gladiadora de aniquilar al rival cuando lo puedes hacer.

Dejar vivir a un equipo europeo te sale caro y Portugal cerró a favor los últimos diez minutos del partido. Nos empató, nos redujo la moral, y nos gana en tiempos extras con un penal infantil y absurdo de Miguel Layún.

Un partido que era por demás digerible, superable, y sobre todo digno de una pequeña consolación para con nosotros los aficionados mexicanos, pero esos detalles a estos jugadores medianitos los tiene sin cuidado. ¿Qué les importamos nosotros? La lectura es que futbolísticamente somos muy pero muy pobres.

¿Qué esperar de la Copa Oro 2017?

La famosa Copa Oro adornada de su apabullante medianía. No tengo dudas que se trata del torneo de equipos naciones más malo que existe sobre la faz de la tierra. Pero bueno, aquí nos tocó nacer, comer, vivir y hasta morir.

México cuenta con elementos que por lo menos tienen hambre, deseos, ganas, entusiasmo y que sudan la camiseta. Este partido, no tan molero, de sábado por la noche frente a Paraguay dejó un sabor de boca agradable. Existe un precedente de entrenamiento táctico desarrollado por el auxiliar colombiano Pompilio y hay una sincronía entre líneas interesante.

México dominó el juego y mostró lapsos agradables de futbol serio. A mí, más que importarme la Copa Oro, me tranquiliza ver que hay jugadores mexicanos dispuestos a ir supliendo poco a poco a la base “A” del equipo nacional. Me seduce ver a un Orbelín Pineda técnicamente decente con pegada, veloz, con fuerza física y con mucha visión de campo. Me alegra ver a un Elías Hernández comandando la lateral derecha, con mucha solvencia. Me emociona ver a un Jair Pereira cumpliendo labores defensivas con eficiencia y fortaleza cabal, un tipo muy serio para jugar y con mucha vergüenza deportiva que hoy en día es pilar indiscutible del Guadalajara.

¿Por qué no ir probando de a poco este tipo de perfiles de jugador en Selección “A” y de a poco también ir prescindiendo de tipos que no merecen la camiseta nacional ni de cerca en estos momentos, caso específico de Miguel Layún, Giovanni Dos Santos, etc.? Es momento de sacudir un poco el polvo de una estructura deportiva mexicana que, reitero, es frágil y de latitudes absolutamente medianas.

La Copa Oro es ganable para este año. Creo que México tiene elementos y argumentos suficientes para obtener otra copa más de éstas. Habrá que ver qué cosas muestra el equipo B estadounidense y el equipo titular costarricense, sin Keylor Navas, que son para un servidor –junto a México– los candidatos más fuertes para ganar este torneo.

La Copa Oro es un torneo malo, de selecciones medianas y malas, pero hay que ganarlo y jugarlo con decencia, dignidad, profesionalismo, aspirando a mostrar un buen nivel y con merecimientos propios. No necesitamos de ayudas arbitrales ni tampoco de ayudas administrativas. Sería mucha indecencia incurrir en un pasaje oscuro y sospechoso como en 2015 para ser campeones de CONCACAF. No empecemos a joder otra vez.

 

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