Retiran estatua de Colón para restauración; pero llaman a la reflexión sobre su permanencia

Por Guillermo Torres  

El pasado sábado 10 de octubre, por la madrugada, fue retirada la estatua de Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma para fines de ser restaurada a profundidad, declaró el gobierno capitalino. 

Asimismo, tanto el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, como la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, hicieron un llamado a la ciudadanía en general a llevar a cabo una reflexión a fondo respecto a la permanencia de dicha estatua que, si bien representa un hecho histórico importante, también es cierto que perfila un precepto histórico erróneo o, mejor dicho, impuesto sistémicamente a México desde la época colonial. 

Estamos frente a un hecho histórico que plantea y permite un proceso abierto al debate sobre lo que implica nuestra psicología social como pueblo y todo lo que gira en torno a ello.  

La posibilidad del rompimiento de un paradigma que deje el suceso encabezado por Colón en el justo lugar que debe tener, y no como un “parteaguas” en la historia del México originario y su posterior espiral a partir de dicho encuentro de dos mundos, de dos civilizaciones, que si bien ambas tienen mucho de rescatable, y para fines de liberar mental y literalmente al pueblo mexicano, que hasta hoy lleva sobre su espalda dicha carga histórica. 

Es de especial importancia la apertura y objetividad con la que abordan el tema nuestros gobernantes, ya que sistémicamente era un código no escrito el exaltar siempre solamente una parte de esas dos que nos componen como pueblo e imaginario colectivo.  

Así, dejándonos a medias, con la mitad de nuestra esencia, con la mitad de nuestra capacidad humana y creativa, con la mitad de nuestro ser. Y como iconografía del imaginario, por supuesto que resulta muy sano y constructivo llamar a la reflexión sobre la permanencia de dicho símbolo del sometimiento, del latrocinio, de la opresión y de todo lo que, hasta nuestros días bajo otros esquemas, pero con el mismo fondo, nos sigue lacerando como sociedad; nos divide y, sobre todo, nos confronta.  

Cuando lo único que debería representar es la mitad que compone a nuestro México, y para ello es preciso exaltar y dar su justo lugar y dimensión a la otra mitad, que para conservar objetividad tampoco se puede decir que es la más grande, o la mejor, pero sí con tintes humanos, humanistas científicos, culturales, identitarios, mentales y creativos, con un potencial que sin duda, darán un enfoque distinto al tejido social para afrontar los tiempos que se avecinan o, mejor dicho, tenemos ya a la puerta.  

Estamos frente a un liderazgo político e institucional sin precedentes en la historia reciente de México, en la loable labor de reivindicar de manera objetiva y equilibrada el proceso histórico tan complejo y doloroso que ha visto nacer a nuestra nación mexicana. 

Ahora, con la posibilidad de precisamente reivindicarnos como un país plurinacional, donde todas las voces y todos los colores tengan lugar en el proceso de construcción del país, dado que el proceso que anteriormente se vivía solamente era una macro tienda de raya, en manos de unos cuantos pillos que aún gritan a los cuatro vientos su nostalgia por volver a ese esquema de mentira, traición y latrocinio.  

Esa objetividad e imparcialidad institucional del gobierno se pone de manifiesto de manera clara y contundente, al no imponer ni descalificar absolutamente nada, sino simplemente hacer ver al tejido social la importancia de retomar temas de trascendencia y relevancia nacional que pueden dar el sesgo necesario a la sociedad para establecer un esquema más abierto e incluyente. 

Temas que incluso en la misma Europa ya está asimilados y trascendidos en medio de una convivencia multirracial de una total apertura que permite un mejor desenvolvimiento social de sus miembros, tanto en lo individual y, como consecuencia, en lo colectivo. 

La restauración no resulta solamente de una obra escultórica de importancia histórica, sino se perfila como un proceso de asimilación histórica y social que tenga a bien el desmoronamiento de los estigmas y clichés que hasta hoy mantienen a México sumido en el racismo, la xenofobia y todas las lacras sociales que laceren su desarrollo, como el clasismo, y todo lo que estrechamente, y de manera malintencionada, se relacione en contra de la raíz cultural del México originario. 

Y todo el potencial constructivo que está llamado a consolidar como parte del proceso de resurgimiento de una gran nación.  

Todo ello tiende a romper el estatus quo que en lo social pugnan los grandes consorcios de comunicación y su maltrecha cultura de entretenimiento, todos los patrones sociales que reproducen como modelo a seguir y que buscan perpetuar la división social y el sometimiento que desde hace cinco siglos se han empeñado en establecer los mismos grupos que aún hoy se empeñan en menoscabar a México desde la “nostalgia histórica”. 

Subscríbete a nuestro newsletter y recibe lo mejor de Reversos.mx!

Related posts

Déjanos un Comentario