Revolucionando tu mente

 

Por Astrid Perellón

 

Un género de libros que realmente tiene seguidores es aquel donde te relatan otra versión de los hechos conocidos. Cuando agregan fantasía o ésas de realidad documentada que se refieren al lado poco conocido de la historia, o de los personajes celebrados.

 

Son contenidos que devoramos con placer pero dime ¿por qué no te gusta que te revolucionen las creencias en vivo y a todo color? Hablo de cómo sí estás dispuesto a leer una novela donde resulta que Jesucristo se casó con María Magdalena, o aquella donde Pancho Villa no tenía nada de heroico. No obstante, si tu mismo hijo te dice <<soy pansexual>>, le ofreces leche sin desear ahondar más en su versión de sí mismo.

 

Olvidamos que los libros tienen la intención de presentarnos opiniones para ampliar nuestra visión, de tal forma que no podemos discutírselas al autor. Sólo podemos seguir adelante o cerrar el libro para siempre. Se supone que leer expande nuestra mente; nos inclina a la diversidad. ¿Por qué no somos igual de receptivos cuando se trata de una persona frente a nosotros refiriendo su historia?

 

Por ejemplo, los relatos plasmados en la comunidad con cada vez más letras sobre fondo de arcoíris, surgiendo a la par otras tantas comunidades empezadas por alguien que siente la necesidad de contar su historia. ¿No te interesan porque no están escritas? Son tan cautivadoras como están; expresadas en carne y hueso y, sin embargo, no las leemos con atención, ni interés. Muchas veces ni siquiera deseamos admitir que existen ni deseamos confesar que no sabemos leer a las personas. Cada ser es un libro abierto o cerrado pero siempre con un argumento, una trama, un drama o, cuando menos, una oración.

 

¡Leamos esas historias como las que compramos en librerías de prestigio! Entrelíneas, entre ceja y ceja, entre manos transmiten un mensaje presente en todo buen libro: cada cabeza es un mundo y en eso todos somos iguales.

 

Me gustaría revolucionar tu mente pidiéndote que hagas un ejercicio literario. Si tú fueras un libro y no una persona, ¿cuál sería la historia que expresaría tu simple presencia? Tal vez tu sonrisa sea la fábula del aquí y del ahora de una esperanza que busca dónde posar un beso. O podría ser que tu caminar desgarbado contara el cuento de cómo es mejor mirar por dónde caminas para no tropezar con la misma piedra que todos. No me refiero a tu historia de vida, me refiero al cuento que relata tu mera presencia. ¡Quiero leerte! Envíame tu trama breve a astridperellon@gmail.com o a mi Facebook: Astrid Perellón.

 

 

Artículos relacionados