Richard Thaler y la reciente visita de Obama a la Argentina

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

 

Hay muchos aspectos que podemos analizar sobre el reciente Premio Nobel de Economía 2017 otorgado al académico estadounidense Richard Thaler; intentaré destacar algunos detalles que a juicio personal pecan de ser los más trascendentales.

El aspecto más importante es que desde hace muchos años este premio era legitimado por la banca internacional, específicamente el capital financiero de origen judío anglosajón, y muchos de los premios eran para personalidades del mainstream que generaban estudios, modelos, proyecciones, o nuevas teorías funcionales para estas estructuras económicas dominantes. Al menos este año el criterio de elección fue diferente, no sé a qué se deba.

Otro aspecto central a resaltar de Thaler es su visión multidisciplinaria, en donde la psicología, la economía y la ciencia política, mantienen un vínculo estrecho para determinar ciertas formas en la toma de decisiones económicas por parte del ser humano visto como ser racional, que tiene impactos socioeconómicos puntuales, dentro la inercia de vida y sobrevivencia de nosotros los seres humanos; todo esto desafiando aquel discursocuasidivino de la racionalidad marginalista, basado en las premisas neoclásicas, que legitiman muchas de las políticas antisociales que hoy se siguen aplicando en el mundo como sucede en México.

Thaler desafió con su trabajo los necios esquemas filosóficos y epistemológicos de la teoría económica neoclásica; aquellas estructuras del pensamiento económico con miras a decantar la racionalidad humana hacia el consumo al por mayor, citando las palabras críticas hacia la visión marginalista de la vida económica del maestro, ex guerrillero, ex presidente, filósofo y humanista uruguayo José “Pepe” Mujica: “Ese cancerígeno discurso del compre, use y tire, compre, use y tire, compre, use y tire”.

Hoy, en los trabajos recientes del norteamericano Thaler existen respuestas claras y precisas ante los desafíos que tiene el ser humano para modificar su conducta de consumo, de ambición y de organización financiera, pero sobretodo también del impacto hacia su organización política y su consecuente rol como ciudadano racional y consciente de su entorno.

Creo que las escuelas de economías modernas (aquellas que aspiren al libre mundo de las teorías y del debate, y no se radicalicen hacia el marxismo fundamentalista o se decanten por el extremo del neoclasisismo puro) debieran de tomar en cuenta la nueva propuesta teórica de Thaler en virtud de la Economía conductual y el impacto que tiene la racionalidad humana y la visión de las cotas y los esquemas conductuales en la toma de decisiones de índole económico y su especial repercusión en el mercado, en la sociedad, en la geopolítica y en los escenarios de hecatombe y descontrol socioeconómico que en el mundo actual circundan.

Mi mayor reconocimiento a Richard Thaler y sus aportes que vinculan la teoría conductual con la ley del valor y la dinámica del capitalismo moderno. Una clara muestra del nuevo conocimiento, de nuevos planteamientos, de los retos que la ciencia libre, progresiva y objetiva debieran cubrir; eso sin descartar la posibilidad de refutación y crítica hacia las nuevas propuestas teóricas del estadounidense Thaler.

Barack Obama en Argentina

 

Está claro que la labor de Barack Obama en la actualidad está en el descrédito total que pueda divulgar por el mundo sobre Donald Trump (sin asumirme como defensor del actual presidente estadounidense, pero sí como observador de las constantes campañas de desprestigio al interior de Estados Unidos en contra de su gobierno), y las consecuentes labores de vocero (hablando de Obama) sobre los beneficios de tener países alineados a las estrategias económicas y geopolíticas que el capital financiero ejerce sobre el mundo desde instituciones como el FMI o el BM.

Obama, identificado claramente como un vocero, ideólogo y cabal representante de los sectores bursátiles y financieros de Estados Unidos, divulgó por Argentina en días pasados, en un famoso congreso de Economía verde, en la Ciudad de Córdoba, que aquel país estaba volviendo a mirar hacia el mundo, a la apertura, al libre mercado y su divino esquema de la competitividad, en estrecho vínculo de simpatía con el presidente argentino Mauricio Macri y sus políticas de retorno al esquema neoliberal saqueador y obtuso de los grupos de poder internacionales y nacionales (estrechamente vinculados entre sí desde Argentina con Chile, Uruguay y Brasil) con Estados Unidos.

El capital financiero internacional reabre un recoveco más amplio desde América Latina en sintonía con el FMI, el BM y las grandes corporaciones bancarias y bursátiles, que tanto lesionan las potencialidades de la economía productiva, comercial, industrial, etc.

Está claro que el manual a seguir por parte de Cambiemos encabezado por Mauricio Macri va en vínculo con el recetario crediticio, ese del cual México está ahogado hasta la saciedad, proveniente de los organismos internacionales y los corporativos financieros-bursátiles. Argentina en la actualidad ha vuelto a estar condenada a tener buenas calificaciones en los indicadores.

Hoy, tristemente los argentinos miran el horizonte de la deuda, de las políticas antisociales, del desmembramiento sindical, del perjuicio de la clase obrera, de la erradicación del gasto social, del detrimento a la economía real, es decir del mal funcionamiento de una economía pujante como la argentina. Ojalá que el impacto no les azote tan duro, como en más de 30 años ha lacerado el tejido social y el aparato productivo nacional en México.

El falso discurso (con doble moral incluida) de las sociedades abiertas, el anarquismo de mercado, es simplemente el filo de un cuchillo altamente peligroso para cualquier tejido social. El neoliberalismo es quizás la fase socio histórica más perversa del Capitalismo como modo de producción y sistema de organización política y social.

Fimoteca va […], Safehouse (EUA, 2012) con la dirección del chileno Daniel Espinosa y las actuaciones especiales de Denzel Washington, Ryan Reynolds, Brendan Gleeson, Ruben Blades y Vera Farmiga. Una película que narra como un ex agente de la CIA es perseguido por este organismo estadounidense de inteligencia para aniquilarlo, en virtud de que este último vende secretos de inteligencia a países no aliados a Estados Unidos, junto a otros agentes de otras instituciones aliadas al gobierno norteamericano y la CIA en concreto.

 

Sin embargo, la película pone a la mesa ciertos detalles de orden discrecional y conspirativo en las formas en que la CIA opera bajo criterios antihumanos, agresivos y/o violentos y contrasoberanos, sin ninguna mesura de acuerdo a sus intereses propios; además de la pertinente denuncia de como la CIA acarrea recursos propios de manera ilícita implicando a las estructuras de mando de mayor rango en dicha institución. Se podría considerar un filme de acción pero también de denuncia al modo de operar de la CIA por todo el planeta, con órdenes específicas desde Estados Unidos.

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