A sangre fría, la no tan ambigua línea entre literatura y periodismo

Por Daniel Lara Hernández

El concepto de “pionero del nuevo periodismo”, es una placa que este libro carga desde el momento en que uno comienza a leerlo. Sobre todo, si se toma en cuenta todo el contexto de dicho género. En pocas palabras, la constante comparativa con Operación masacre de Rodolfo Walsh.

El libro en sí es una magnifica mezcolanza de investigación periodística, es decir, investigación de campo, entrevistas, testimonios, narración a manera de crónica e incluso fragmentos de directa opinión que podrían ser considerados fragmentos de artículos en los que el escritor/periodista ocupa el centro de lo que se está hablando. En propias palabras de Capote, “el arte del escuchar y el oír.”

Todo este trabajo de investigación se genera desde el momento en el que Capote realiza el viaje hacia Kansas, a partir del interés que el caso del asesinato de la familia Clutter (Herbert, Bonnie, Nancy y Kenyon).

En este apartado es imperativo subrayar la importancia que dicho proceso tiene, ya que, para la adecuada redacción o creación de un buen reportaje, es necesario empaparse de forma casi total del tema que se pretende abordar y qué mejor manera de hacer eso que desplazándose hacia la fuente de lo acontecido.

Dentro de la misma arista, la investigación de Capote se había dado casi por concluida hasta el momento en que, por medio de los partes policiacos, Capote pudo establecer contacto directo con los asesinos, Perry Smith y Richard Hickock, que habían sido detenidos en Las Vegas y trasladados de regreso a Kansas.

Esta cuestión adquiere una relevancia medular debido a que es en ese momento en que Capote comienza realmente a hilvanar todos los hechos de su trabajo previo.

Otro aspecto interesante es el hablar de la subjetividad en el periodismo. Evidentemente, dentro del género del que estamos hablando, no hay cabida para lo que conocemos como creación y desarrollo de personajes, puesto se trata con personas reales.

En pocas palabras, si bien hay una hibridación entre el campo literario y el periodístico, no hay un retrato de los individuos que intervienen en el libro.

No hay buenos o malos. Hay una estampa de las personas reales. Por ejemplo, uno tiende a tener un cierto sentimiento de cercanía con los asesinos en distintos pasajes del libro. Esto no es porque haya un proceso de justificación de sus actos o porque uno encuentre resquicios de empatía al respecto, sino porque la manera en que Capote nos los presenta carece de sesgo, lo que significa que se nos pone ante nosotros no una caracterización simbólica, sino dos personas.

Ahora bien, toda esta cuestión es bastante compresible y cuenta con sus cualidades al desnudo en teoría, pero en la práctica es diferente. El famoso cuento de nunca acabar entre lo que realmente pasó y lo que se dice que pasó también es un factor relevante en el libro.

Capote siempre se jactó de que lo que él escribió era la verdad o, por lo menos, lo más cercano a la verdad. Aquí es donde entramos en conflicto, ya que la relación entre Capote y Perry había adquirido tintes cercanos a una amistad fuera de los cánones aceptados.

Los problemas a nivel moral a los que se enfrentó Capote son uno de los reflejos más exactos de lo que un periodista pude atravesar en casos similares. Ahí es donde se pone sobre la balanza el peso del ejercicio y la profesión con la ética de la misma y, claro, la personal.

Si bien es cierto que el proceso narrativo de Capote pretende presentar todos los lados del cubo de situaciones, tampoco es secreto de nadie que cualesquiera de los procesos de análisis están sujetos a una fuerte condición de valores, opiniones y matices que, ultimadamente, repercuten de manera directa en la labor periodística.

Lo más destacable del trabajo de Capote es la manera en que estructura el reportaje. Todo el proceso de construcción está perfectamente ejemplificado en el libro, desde lo más básico hasta los dilemas de narración y juicio.

Dentro del campo periodístico, A sangre fría es un ejemplo perfecto de la no tan ambigua separación entre periodismo y literatura, así como la correcta elaboración de todo lo que significa el ejercicio periodístico.

 

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