“Se busca director”, “se solicita secretaria”, el lenguaje excluyente y la “puerta de cristal

Por Rodrigo Bengochea 

Ilustración: Betto en El Espectador

Ni este espacio es suficiente para elaborar una discusión en torno al discurso de género, ni soy un especialista que pueda argumentar con solvencia en torno al tema; sin embargo, como fenómeno de comunicación, hay un par de puntos relacionados con el discurso de género en los que tal vez vale la pena detenerse a pensar en esta ocasión. 

Es irremediable para alguien como yo sentir indignación al pasear por la información en internet y atestiguar lo lejos que estamos como sociedad, no sólo del discurso incluyente, sino de la equidad incluso si es a través de acciones afirmativas, como puede ser el lenguaje, que de alguna manera ayuden a contrarrestar el rezago que se tiene en términos de la inclusión de las mujeres en la vida pública y productiva del país. 

Voy a dar un ejemplo muy concreto: la publicación de vacantes en línea.  

Tiene un costado incluso desconsolador toparse todavía de forma tan reiterada con “Se busca vicepresidente, director, coordinador, jefe” y, por otro lado, con “Se solicita secretaria, enfermera, puericultora”. Y es una situación tanto más extraña que efectivamente para unas posiciones postulen varones y para las otras mujeres. 

¿Qué nos deja ver esta práctica?  

Por un lado, hace evidente el rezago que hay en términos de pensar el mundo de forma inclusiva o incluyente, pues nuestros sesgos, estereotipos y prejuicios de todo tipo están en juego produciendo una espiral permanente de exclusión que, si bien no es por completo hermética, sí sigue poniendo obstáculos en el camino de la equidad.  

Este obstáculo, sobre el que quiero llamar la atención en este texto, bien podría llamarse “la puerta de cristal”, pues representa, desde mi punto de vista, una forma velada de impedir la entrada. 

Este fenómeno deja ver la urgente necesidad de capacitar a los responsables del reclutamiento y selección dentro de las empresas en torno a lo relevante que resulta, incluso para la reputación de una corporación, el uso del lenguaje incluyente en su postulación de vacantes, que son –por cierto– una de las caras más visibles de la organización. 

¿Es fácil redactar con lenguaje incluyente? No. ¿Es difícil? Quizás mientras lo interiorizamos y aprendemos a usarlo, porque implica también desaprender un poco, deshacerse de algunas inercias en la forma de nombrar la realidad. 

La capacitación de nuestros colegas responsables de reclutamiento y selección es tan importante como buscar que al interior de las corporaciones el discurso incluyente y la inclusión se vivan de manera plena.  

Sólo si al interior de las corporaciones se piensa y se habla de equidad de manera sostenida y genuina, terminará permeando de manera orgánica el discurso de la publicación de vacantes, entre otras cosas, para eliminar en este caso “las puertas de cristal”. 

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