Se vale ser pesimista, es Alemania

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

“¡Que no panda el cúnico!”, dicen los televisos, los de TV Azteca y otros periodistas y hasta famosos de la farándula que también se creen con la autoridad moral de hacer juicios de futbol profesional. El chovinismo no aplica cuando se trata de reconocer desde el inicio que tu próximo adversario es inmensamente superior a ti.

Sobre esto Diego Simeone dice que parte del éxito reciente del Atlético de Madrid (porque ser subcamepón de Champions League es un éxito deportivo mundial, sí, el mero hecho de llegar a una final de champions) es pensar que muchos de tus adversarios, en especial los de tu país, como el FC Barcelona o el Real Madrid, son superiores al Atlético de Madrid.

Mucha raja ha sacado de ello el “Cholo” y ha hecho del Atlético un equipo inmensamente competitivo ubicado en el top 10 del mundo, encabezado por su vecino y acérrimo enemigo: el Real Madrid.

Después de este bosquejo no sé si Alemania va a ganar, va a golear, va a masacrar, va a empatar o incluso va a perder frente a México en el próximo mundial de Rusia 2018, en el duelo de fase de grupos que sostendremos contra ellos. Lo digo responsablemente. Yo creo que va a ganar y quizás va a volver a exhibirnos, goleándonos, como lo hizo su plantel B (muchos de ellos aún pubertos de su sub 20) en la pasada Copa Confederaciones 2017 contra la “elite” de nuestro combinado nacional.

Lo que sí puedo argumentar es que Alemania tiene más o menos como noventa años o quizás más de ventaja sobre México en la gestación de su vínculo con el deporte llamado fútbol soccer, y dentro de este el progreso, no sólo deportivo, sino cultural, social, científico y de sistematización de canteras que han mostrado al mundo, consolidando entre otras cosas cuatro copas del mundo.

Este tipo de logros, de sistemas de formación, de cientifización del juego, de educación deportiva, de génesis de una estructura de valores para la alta competencia y el alto nivel, se trabaja desde infantes con esquemas de alta intelectualidad de por medio, donde los códigos deportivos, los valores institucionales, el amor por Alemania, el progreso técnico, la disposición del talento, así como muchas otras cosas más se imponen y sirven de ejemplo para el mundo.

Alemania es un absoluto candidato a campeonar el mundial cada cuatro años porque en automático se vuelve impensable descartarle desde el momento en que se sabe en que radica la fuerza, la contundencia y la mentalidad gladiadora de los teutones.

La alta competencia en Alemania, citando a Josep Guardiola, Vicente del Bosque y Carlo Ancelotti (españoles e italiano respectivamente, integrantes del Top 20 de mejores entrenadores del mundo; Del Bosque campeón del mundo con España en 2010), es que la mentalidad militar asesina se impone.

Alemania como nadie en el mundo no sabe tener compasión de sus rivales al momento de querer sacar un rédito mediático de las formas en que masacra a sus rivales. Se me viene a la cabeza aquel 4-0 propinado a Argentina en 2010, luego de que los argentinos nos eliminaran a nosotros con un 3-1 previo en rondas finales del mundial de Sudáfrica 2010.

O quizás el ejemplo más contundente es aquel 7-1 que en Brasil los alemanes le propinaron a la verdeamarela en el pasado mundial 2014. Esos son ejemplos claros que hacen cabal el argumento de que cuando se trata de competir los alemanes no se andan con medias tintas.

Si uno revisa cualquier perfil de jugador de Alemania podrá encontrar un tipo de jugador estudiado, valorizado en altos estándares deportivos y científicos, físicamente impecables y con muchos valores técnicos, solventes en velocidad y dinámica, pero sobre todo altamente preparados para cumplir sus roles en la cancha.

Pienso en dos porteros, por citar ejemplos: Manuel Neuer y Marc Andre Ter Stegen. Arqueros altamente calificados para cumplir con las exigencias y demandas físicas, fisicoatléticas y de velocidad. Solventes en el juego aéreo, en el juego a ras de pasto, con un volumen de capacidad para los reflejos rápidos sublimes, extremadamente concentrados, con una velocidad en el despliegue de sus despejes excelsa y con una visión de campo implícita de forma inaudita.

 

Porteros capaces de dar un pase con la mano de más de 90 metros en un campo de futbol. Esas son las cartas de presentación, por citar algunas, especialmente las de los porteros, con que Alemania encara sus copas internacionales. Imaginemos ahora sus perfiles de campo, desde la línea defensiva hasta el eje de ataque, valoremos donde juegan muchos de sus principales futbolistas (en qué clubes nacionales y del extranjero militan). Saquemos nuestras propias conclusiones.

Pensar de forma pesimista el primer partido de México en Rusia 2018 es válido, no pasa nada, si nos ganan será algo natural, son categorías y niveles absolutamente dispares y distintos, quizás con algunos niveles por debajo de ellos.

Somos absolutas víctimas ante ellos en donde sea que los enfrentemos. Se han dado el lujo hasta de echarnos de nuestro propio Mundial, como lo hicieron en 1986, en Monterrey, sin caer en la barbarie como los brasileños lo fraguaron frente a ellos en 2014 en Belo Horizonte.

Son y serán siempre favoritos, incluso frente a Argentina, España o Brasil. Tomémoslo con calma, que no nos ganen las ansias ni las pasiones nacionalistas. No somos del top mundial, pero ellos sí. No se es antimexicano o antipatriota si objetivamente le damos el juicio crítico y certero de pensar que Alemania es futbolísticamente absolutamente muchísimo mejor que México en una proporción 3 o 4 a 1.

Benditas tus manos de oro Diego “Barrilete cósmico”, que años después, casi 31, luego de tu épica mentira avalada por Alí Benacceur en el Estadio Azteca frente a los ingleses, festejada por toda la Argentina minutos despúes, sacaran la pelotita con el nombre de nuestro país en el grupo encabezado por Alemania.

¿A caso quieres que nos exhiban o que nos pongan en el lugar que futbolísticamente nos corresponde? ¿Q qué, ahora quisiste decirnos a los mexicanos lo que Juan Carlos Osorio, la FEMEXFUT, Decio de María, y toda esa bola de personajes faraónicos nos ocultan en torno a la realidad deportiva del equipo nacional? ¿O solo fue la suerte la que determinó sacar ese pequeño baloncito con el papelito que decía por azares del destino “México” y que nos colocó en ese grupo?

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