Secrecía en la divulgación pública del USMCA: repliegue político de la ciudadanía mexicana

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Foto: Edgar López (Archivo)

Hasta el día de hoy, en plena conmemoración del cincuenta aniversario de la masacre estudiantil de Tlatelolco de 1968, se celebra en el Poder Legislativo mexicano, con exacerbado bombo y platillo, la supuesta capacidad negociadora y conciliadora, y la “visión” política “modernista” de Ildefonso Guajardo y Luis Videgaray, en vínculo con el equipo de negociadores que representan al gobierno electo de AMLO, de la mano de Jesús Seade, en la conformación del nuevo TLCAN, hoy USMCA.

 

¿Qué sabemos los mexicanos de todo lo que ha venido aconteciendo con estas nuevas negociaciones que México ha efectuado con Estados Unidos y Canadá? ¿Hoy, de acuerdo al nuevo USMCA, tenemos un diagnóstico claro, contundente y sistemático, de las nuevas expectativas, con miras a encabezar un programa de desarrollo nacional amplio y soberano?

 

Es bastante alarmante corroborar ese peligroso hermetismo, con bastantes detalles de secrecía, con que han manejado este tema de gran trascendencia, sin conocer de forma mínima los puntos estructurales más importantes del acuerdo.

 

No podemos evaluar en qué estatus quedamos ni conocer a qué tipo de restricciones estaremos subordinados en materia comercial, económica, de desenvolvimiento del desarrollo, en materia energética, en dinámica y reglamentación financiera y bancaria, en aspectos monetarios, en requerimientos de política fiscal, para participar de manera relevante en un “sano” progreso del futuro USMCA.

 

Una cosa es poder corresponder parcialmente, en algunos puntos, incluso en el plano ideológico, y en el viraje político y estructural, pero otra muy diferente es validar la continuidad de esos patrones de subordinación geopolítica en los que México ha estado siempre condenado a cumplir con Estados Unidos. Desde siempre, no sólo desde la plenitud neoliberal.

 

Lo más increíble es que el instinto de la ciudadanía en general, así como el de los espacios de análisis de los medios de comunicación y de los sectores académicos, no comenten ni exijan nada trascendental relacionado a esta alarmante situación, en la que no tenemos claro, con precisión política, ni poseemos un diagnóstico bien estudiado, sobre el destino que nos depara dentro del futuro regional de América del Norte.

 

Mientras, Donald Trump anuncia que para ellos se pasó de estar inmersos en el peor acuerdo comercial en la historia de los Estados Unidos a este nuevo, que pudiera incluso consagrarse como el mejor de todos los tiempos.

 

En México no sabemos nada significativo al respecto y priva el hermetismo tanto del gobierno actual como del próximo, vinculado de forma perversa al repliegue de la conciencia política del grueso de la población mexicana.

 

Vinculado a este segundo punto, observo con mucha pesadumbre la sistemática actitud de repliegue político, de debilitamiento de la organización política de los sectores sociales más lacerados, en la mayor parte de la geografía mexicana, aún dentro de la conmemoración del cuarto aniversario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o de los cincuenta años de Tlatelolco de 1968, en contexto con ese discurso que el sistema pretendía imponer a la mayor parte de nuestro pueblo, de disminuir todo indicio de rebeldía e indignación, con el simple resultado electoral favorable a López Obrador del pasado mes de julio.

 

Se ha conseguido, de forma bastante eficiente, que la gente piense que todo, sin excepción, debe quedar en manos del próximo gobierno, encauzado en ese cliché de la Cuarta Transformación de la vida pública de México, alejándose de su obligación política de organizarse y de participar activamente.

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