El sello proteccionista de Trump

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Resulta claro observar que en cada una de las políticas económicas hacia el interior de los Estados Unidos por parte del gobierno de Donald Trump prevalece una condición proteccionista, en la cual los sectores generadores de valor agregado real fortalecen crecientemente su capacidad productora, agilizan su canal subsidiario y dinamizan su potencialidad exportadora.

No debe sorprendernos que desde hace muchos años, algunos de los sectores agroindustriales más importantes y trascendentales dentro de la economía norteamericana tengan una condición de estancamiento, de poca demanda, pero sobretodo de múltiple endeudamiento con las grandes corporaciones financieras y bursátiles estadounidenses y extranjeras, que a su vez integran el aparato funcional del capital financiero internacional.

Bajo el contexto anterior no resulta extraño visualizar las razones por las que Donald Trump tuvo derrotas electorales en los centros financieros y bursátiles más grandes de Estados Unidos como Chicago y Nueva York, y además el hecho de que muchos de los medios periodísticos y propagandísticos que atacaron y han venido atacando al presidente norteamericano tengan como sede dichas ciudades, sobretodo Nueva York.

Donald Trump y los grupos de poder económico que respaldan su gobierno apoyando sus políticas económicas y comerciales asumen necesaria la reconstrucción del aparato productivo y comercial real que los norteamericanos históricamente han trabajado y con lo cual han dominado mayoritariamente el mercado mundial, generándose así el amplio poder político y bélico internacional que Estados Unidos tuvo y sigue manteniendo en la geografía internacional.

El documento de la renegociación y la nueva visión de Trump hacia el TLCAN con México y Canadá, por citar un ejemplo, contiene algunas partes trascendentales, de las cuales se puede destacar el impulso dinámico y potencial que se pretende hacer de los productores de acero, de manufactura metalmecánica, de fabricación de insumos y productos industriales, de productores de alimentos básicos, de la agricultura, la ganadería, incluso la pesca, del comercio en general, de la generación de servicios básicos, etc.

Pareciera irónico que el país geopolíticamente hablando más poderoso del mundo se esté replanteando el fortalecimiento de los sectores más determinantes de su economía; no está demás destacar que muchas cámaras comerciales, industriales y agropecuarias mostraron su apoyo incondicional a la campaña de Trump, pues en el vieron la posibilidad de salir de un atolladero brutal causada en gran medida por las políticas crediticias y hasta cierto punto saqueadoras, impulsadas desde el Fondo Monetario Internacional en vínculo con el Banco mundial, pero con la autoría intelectual de los grandes corporativos bancarios y bursátiles propietarias del capital financiero Internacional.

La campaña mediática de ataque prevaleciente en torno a Trump no es producto de la casualidad, es resultado de una correlación de fuerzas en la cual los dueños del dinero pretenden seguir endeudando y estancando a las fuerzas productoras y comerciales que generan riqueza real en el escenario dinámico del capitalismo. Estados Unidos es un campo de resonancia del contexto económico internacional.

No sobra destacar que en torno a Estados Unidos prevalece una lucha interna que el capitalismo internacional tiene consigo mismo, en la cual dentro de la arena de combate existe una pugna entre las distintas fases del capital en su ciclo de reproducción y circulación. Una expresión más de las contradicciones más contundentes de este sistema económico.

 

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