¿Será otro país?

 

Por Karenina Díaz Menchaca

 

Como todo mundo habla de elecciones y política, saldré de la norma y para no hablar más de lo mismo y porque  en Facebook ya tuve algunos enojos, jajajaja. Es mentira, la verdad es que la mayoría de ustedes – con justa razón- están exacerbados y alegres y esas cosas de la emoción bonita. Yo, quise, de verdad, lo intenté, pero mis sentimientos se desinflaron cuando perdió la Selección, sumando además un pésimo desempeño futbolístico contra Suecia. ¡A ver, a ver!, pues claro que el futbol nos mata la autoestima o nos la levanta.

Las oficinas se transforman, nosotros los Godínez nos sentimos como representados por once tipos que van detrás de un balón entre torpes y de pronto, con muy buenas jugadas. En la escuela de mi hija hasta los sacaron al patio y  todos los chicos con sus playeras verdes gritando, con matracas y cornetas, imitando a una sociedad con mucha necesidad de gritar, de volverse por un momento la que yo conocí cuando era niña:  Godínez poseedores de una ciudad hermosa con cielo azul, con pocos autos, con una tranquilidad que ya no la tiene ni Obama.

Para cuando leas esto, si es que lo lees, ya habemus presidente.

Creo que todos tenemos momentos muy felices, sin que por unos instantes pensemos en descuartizados, desaparecidos, asaltos, violencia, feminicidios. También está nuestra familia, amigos, Netflix y quisiéramos que todos esos lapsos que gozamos se distribuyeran por doquier.

Un juego de futbol hace la vida más llevadera ¡no cabe duda! El amor, el sexo, los hijos, los memes de cada día , las llamadas de amigos, cuando nos enteramos que le va mal al ex, cuando nos pagan el sueldo (¡ay!, sobre todo eso), cuando salimos de esta ciudad y recorremos  carreteras  y recordamos que aún hay país con sus bellezas naturales; cuando vemos cómo florecen las plantitas que hace unas semanas plantamos, cuando ya no se escucha la alarma sísmica, cuando todavía somos talla 7, cuando esperamos cada domingo el capítulo de LA SERIE (ya sabes de quién), cuando abres tu feis, descubres una foto de tus amigas de la primaria y dices ‘no manches’ y luego te acuerdas de esos memes de la rana René (porque así la conocimos en México y no como la rana Kermit) para percatarte de cómo ha pasado el tiempo y mejor se te pasa (porque seguramente tú te ves igual).

Cuando miras, entre todo tu ajetreo, hacia el Popocatépetl  lo ves medio nevado y sigues sin creer que sea posible admirarlo sin smog. Cuando el diagnóstico médico te dice que estás genial, aunque a veces quisieras escuchar lo contrario nomás pa echarte al drama un ratito y quedarte en cama tres semanas (¡ay! ¡qué rico!). La sensación de terminar un libro es un tema a parte, sobre todo con el poco tiempo que tenemos hoy en día. Cuando tus hijos te devuelven – con sus calificaciones, con sus amistades, con sus alegrías y hasta con sus pequeños fracasos- lo que estás dispuesto a seguir haciendo por ellos.

México es uno de los países más hermosos del mundo y más ricos, lo sabemos todos. Todas las riquezas culturales y naturales como pocos, y somos también, por el clima, sumamente alegres y festivos. Pero , ojo, como decía nuestro querido Octavio Paz, en Laberinto de la Soledad:

La contemplación del horror, y aún la familiaridad y la complacencia en su trato, constituyen contrariamente uno de los rasgos más notables del carácter mexicano. Los Cristos ensangrentados de las iglesias pueblerinas, el humor macabro de ciertos encabezados de los diarios, los “velorios”, la costumbre de comer el 2 de noviembre panes y dulces que fingen huesos y calaveras, son hábitos, heredados de indios y españoles, inseparables de nuestro ser.

 

¡Qué fuerte amigos! Y por más que imaginemos cosas chingonas, vivimos peor que en el cine de terror coreano (¡Ay! los coreanos, ¡ya son nuestros hermanos!).

Les concedo mi voto de confianza  amigos Amlovers, seguro cuando salga Reversos para esta edición Amlo ya será presidente. Tenemos la obligación de ser observadores críticos para quienes votamos por él y también por los que no votamos.  En realidad queremos tan poco y hablo casi por todos los ciudadanos:  vivir con seguridad, un trabajo, llevar comida a casa, educación y respirar un poco más de libertad. ¿Eso es mucho pedir?

Sin duda, puede ser otro país… es lo que queremos y exigimos como la cosa más chingona que nos hemos podido imaginar los mexicanos.

Antes de irme, espero que para entonces la Selección le haya ganado a Brasil. ¡Imaginemos!

 

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