Si usted pesaba que el Fin del Mundo estaba lejos, no se preocupe, puede que lo alcance a ver; en el año 2050 se acabará el agua: Nestlé

Por J. Jesús Lemus/Zenzontle400

“En menos de 30 años el agua dulce de la que dispone la población a nivel mundial, se agotará. Con ello dará inicio el fin de la humanidad, el que comenzará a manifestarse con desplazamientos masivos de la población los que disputaran violentamente las pocas reservas de agua que aun queden”. Esto no es ninguna profecía religiosa milenialista, es parte de un informe secreto que la empresa Nestlé hizo llegar al gobierno de Estados Unidos y que fue difundido por el portal WikiLeaks.

A lo señalado por la Nestlé se suma un artículo firmado por 15 mil 372 científicos de 184 países, donde se alerta del acelerado consumo de los recursos naturales y el desequilibrio ecológico del planeta a causa del desmedido uso del agua, la deforestación cada vez más persistente, la ruptura de las cadenas bióticas y el desmedido crecimiento poblacional.

Según WikiLeaks, el grupo económico Nestlé se encuentra -desde hace una década- más preocupado por el agotamiento de los recursos hídricos que por la situación económica de todos los países donde tienen presencia, entre ellos México; la causa de esa preocupación es por el agotamiento del agua, que es la materia base con la que este consorcio mantiene en actividad todas sus plantas productivas que van desde el procesamiento de carnes, lácteos, cereales y azucares, hasta el embotellado de agua.

Para este grupo empresarial, que informó de la situación de abatimiento de los recursos hídricos al gobierno de Estados Unidos, “el agua dulce del planeta podría agotarse en el año 2050”,[1] esto a causa del desmedido uso del agua que se demanda por el creciente consumo de carne, el uso de biocombustibles y el crecimiento general de la población.

Según el informe de la Nestlé las reservas totales de agua potable que existen en todo el mundo son de Mil 250 billones de metros cúbicos por año, de las que hacia el 2008 se consumían casi la mitad, pero la creciente demanda de la industria y el crecimiento de la población hacen estimar que en menos de 30 años esas reservas ya no serán suficientes para atender la demanda de consumo de las poblaciones y menos de las empresas, de continuar con el ritmo de extracción que se mantiene.

En la visión de este consorcio, que ha sido tomada por el gobierno de Estados Unidos con el nivel de seguridad nacional y que por ello clasificó ese informe como confidencial, se señala que un tercio de la población mundial se verá afectada por la escasez de agua dulce en menos de 6 años, a partir del 2018, lo que ya se puede observar de manera clara en algunas partes del territorio mexicano.

Los primeros sitios del planeta que se verán afectados por la escasez, debido al nivel de extracción que mantienen sus poblaciones y sus núcleos industriales, estima la Nestlé, “son los de Medio Oriente, el norte de la India, el norte de China y el oeste de los Estados Unidos”,[2] pero aun cuando no se menciona a ninguna región de México, aquí el futuro se estima igual, pues el nivel de extracción de agua es similar a la que se hace en el norte de China y el norte de la India.

Aunado al agotamiento del agua, la Nestlé considera entre “las amenazas más peligrosas a corto plazo para el bienestar del planeta” el agotamiento del petróleo y el calentamiento global, problemáticas que han sido señaladas reiteradamente en el Foro Económico Mundial de Davos, donde, si bien es cierto todo se ve solamente en términos de dinero, no han causado ningún tipo de impacto en las dos recientes pasadas administraciones federales de México.

En su visión, la Nestlé reconoce que la industria de los alimentos derivados de los animales, como es esa misma empresa, son las que contribuyen mayormente al agotamiento del agua, pues considera que un kilogramo de proteína animal requiere 10 veces más agua que la que se necesita para producir un kilogramo de alimento cultivado, por eso señala que “a medida que las crecientes clases medias del mundo comen más carne, los recursos hídricos de la tierra se consumirán más peligrosamente”.

La demanda de alimentos derivados de animales, como la leche, el queso, el yogurt, la mantequilla, pero principalmente la carne, es lo que podría hacer que para el año 2050 el requerimiento de agua, tanto de la población en general como de las industrias alimenticias, pudiera llegar a ser de entre Mil billones y Mil 100 billones de metros cúbicos de agua por año, cuando la capacidad de abasto de agua que ofrece el planeta es de Mil 250 billones de metros cúbicos al año.

En el análisis que hace la Nestlé sobre la disponibilidad del agua a nivel global, se atribuye mucha responsabilidad a las políticas públicas que ejercen los gobiernos sobre este recurso, como es el casi de México, que sostienen políticas de subsidio y precios del agua que no empatan con la escasez de esta, con base a las cuales se plantean proyectos económicos, industriales y agrícolas en donde las regiones no pueden aportar la demanda de agua requerida para esas actividades.

“Cultivar una caloría de cultivos alimentarios en un clima cálido y seco como el de California requiere mucha más agua que en cualquier otro lugar”, cita como ejemplo el consorcio suizo, y a esto se puede agregar los ejemplos que ya hemos visto en México, donde se permite la instalación de plantas mineras, cerveceras, refresqueras y de textiles, donde precisamente el agua es escasa por las propias condiciones naturales desérticas de las zonas.

La Nestlé misma en el área de Santa Rita Tlahuapan, Puebla, está terminándose el agua de la población y ha generado un desabasto notable en las localidades de El Salto, Juanacatlán y Ocotlán, Jalisco, pero inmoralmente advierte que “las actuales extracciones de agua en algunas zonas del mundo ya no son sostenibles”.[3]

En su informe, la Nestlé no refiere en nada sobre lo que ella misma está propiciando en México, pero asegura que la capa freática está cayendo precipitadamente en el oeste de los Estados Unidos y en el norte de la India, lo que es atribuido a que “los usuarios están extrayendo más agua de la que se puede reponer y el aumento de la salinidad está reduciendo la productividad de las plantas”, como ya ocurre en algunas zona de México, donde está empresa tienen presencia.

La Preocupación de los Inviables Biocombustibles

En otro punto de su informe hecho al gobierno de Estados Unidos, la firma Nestlé también se muestra preocupada por el impulso político que se le ha dado al uso de biocombustibles, elaborados a base de alcoholes, lo que considera está contribuyendo también a la demanda de agua con fines industriales y en consecuencia al agotamiento de las reservas hídricas mundiales, pues para la elaboración de 1.5 litros de etanol –por ejemplo- se requiere del uso de un metro cúbico de agua.

En este sentido cabe señalar lo que refiere la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que entre líneas deja ver lo inviable de los biocombustibles para el cuidado del medio ambiente, pues mientras que por un lado reducen las emisiones de Dióxido de Carbono (CO2) y evitan el daño a la capa de Ozono, por otro, la elaboración de estos contribuyen en forma acelerada al consumo de agua y desabasto de la misma a la población.

“El potencial energético de los biocombustibles convencionales a escala mundial está limitado por la disponibilidad de agua”,[4] dice la UNESCO al reconocerles un alto costo social por el consumo de agua que requieren, el que de acuerdo a sus cifras se ubica en un promedio de 2.5 metros cúbicos de agua para producir un solo litro de biocombustible, que en términos generales representa, con la producción promedio anual que se mantiene de estos carburizantes, el 2 por ciento del agua que se destina al riego de cultivos agrícolas, lo que evidentemente resulta inviable como salida para el cuidado del medio ambiente.

En nuestro país, de acuerdo a la Secretaría de Energía (SENER), con base en un estudio realizado por la Red Mexicana de Bioenergía y la empresa holandesa Ecofys, hacia el 2016 el consumo de biocombustibles era de 27 millones 740 mil metros cúbicos al año, con una tendencia al crecimiento en promedio de por lo menos de 13 millones 811 mil metros cúbicos más cada año,[5] lo que representa –si tomamos la referencia de uso de agua que señala la UNESCO- un gasto de casi 69 millones 350 mil metros cúbicos de agua, con un incremento anual promedio de casi Un Millón 378 mil 678 metros cúbicos de agua.

En términos generales, los más de 70 millones de metros cúbicos de agua de los que hace uso cada año el sector de la producción de biocombustibles en México, es por mucho mayor a la que durante un año utilizan 28 de las mineras que están sobreexplotando la cuenca del rio Balsas, entre las que se encuentran Arcelor Mittal, Torex Gold Resources, Ternium, Goldcorp, Cemex, Sud Chemie de México, Cementos Moctezuma, Industrias Peñoles, Mexichem.

El uso del agua que hace la industria de los biocombustibles resulta doblemente cuestionable, si se considera que este sector finca su actividad en el intento de conservación del medio ambiente, pues sumado a los grandes volúmenes que requiere para su labor industrial también resalta el hecho de que la mayoría de estas empresas no cuentan con permisos de extracción ante el Registro Público de Derechos de Agua de la CNA, por lo que se estima que logran el agua de manera furtiva o la obtiene de la red de suministro a la población.

Ejemplo de lo anterior son las empresas Be Green, Eco Bioil y Bionovel Combustibles Alternos, asentadas en Monterrey y Zapopan, donde el agotamiento de las reservas de agua por su uso industrial ya ha quedado demostrado; las tres empresas, que se consideran entre las principales fabricantes de biodiésel en el país, no cuentan con ningún permiso autorizado por el gobierno federal para la extracción de los millonarios volúmenes de agua que necesitan para la producción de los bioenergéticos.

A la encrucijada que representa la elaboración de biocombustibles, que se encuentra supeditada a la disponibilidad de agua, también se suma el hecho de una demanda cada vez mayor de cultivos agrícolas de oleaginosas, caña de azúcar y palma de aceite –básicos en la producción de biodiésel y etanol, los biocombustibles de mayor demanda a nivel mundial-, que evidentemente también requieren del uso del agua que se obtiene del disponible para la población.

Esta situación ha sido también señalada por el activista ambiental y de los derechos de los pueblos indígenas, Gustavo Castro Soto, quien señala que “el impulso que el gobierno pretende dar a la generación de biocombustibles por medio de grandes extensiones de monocultivos de oleaginosas y caña de azúcar para producir etanol”, contribuye a “la intensidad de la apropiación empresarial de la tierra, la tumba de bosques y selvas, el uso intensivo de agroquímicos e incluso de semillas transgénicas de las oleaginosas”, que agravarán el panorama de afectación ambiental, de no hacer algo al respecto.

Así, la sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles que puede parecer un paso para evitar el agravamiento del cambio climático, “en realidad no solo no solucionan ese grave problema sino que agravan muchos otros”, reconoce la organización Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales.

Esta organización que considera que el problema radica en que “los países del norte no plantean reducir su consumo desmedido de combustibles” y que “en la mayoría de los casos no disponen de tierras agrícolas suficientes para autoabastecerse de materia prima para producir sus propios biocombustibles, por lo que sus gobiernos y empresas planean promover cultivos para biodiesel y etanol fundamentalmente en los países del Sur”.[6]

Esa tendencia mundial ya se reconoce como la principal causa de deforestación en la Amazonia Brasileña y Paraguay; en nuestro país los efectos más severos en cuanto a devastación ambiental por el cultivo de materia prima para biocombustible se observa en el estado de Campeche, donde más de 43 mil hectáreas de suelo han sido robadas a la selva, de un total de más de 100 mil que se pretenden sembrar con palma de aceite de la especie Africana.

De acuerdo al periodista ambiental, Ronny Dionel Aguilar Pérez, la siembra de Palma Africana en Campeche, no solo representa un grave deterioro al entorno ecológico de la selva, sino que atenta contra la bioestabilidad de la Laguna de Términos, una de las reservas acuíferas más importantes del país, a donde por escurrimiento van a dar los residuos tóxicos de plaguicidas, herbicidas y fertilizantes químicos que utilizan más de una veintena de empresas dedicadas a la producción del insumo para biocombustible.

La producción de palma de aceite en Campeche, pese a sus efectos devastadores al medio ambiente, no solo no es vista por el gobierno federal como un atentado al medio ambiente, sino que se fomenta su siembra: a principios del 2016 el entonces titular de la SAGARPA, José Calzada Rovirosa, como parte del Programa Regional de Desarrollo Sur-Sureste anunció la puesta en marcha del Proyecto Estratégico de Palma de Aceite en el estado de Campeche, el que entre otras cosas ofreció un fondo de más de 500 millones de pesos para detonar la siembra, producción e industrialización de la palma de aceite.

Ese incentivo, que no se destinó a los pequeños productores agrícolas de la zona sino a las grandes empresas del ramo, fue absorbido principalmente por Agroindustrias Integradas Del Norte S.A. de C.V. de Nuevo León, y por la empresa chiapaneca Grupo Agroforestal UUMBAL, que al lado de otras cuatro empresas de nacionalidad colombiana, costarricense, guatemalteca y hondureña, se beneficiaron con 108 millones de pesos que entregó el gobierno federal para la cuestionada producción de insumos para biocombustibles, según explicó el periodista Ronny Aguilar.

Entre los efectos ambientales que ese impulso oficial generó en Campeche, según quedó documentado por “Paginabierta”, el único medio de esta entidad que ha dado seguimiento puntual y crítico al tema del deterioro de los ecosistemas generado por la palma de aceite, fue el que se registró a mediados del 2017, cuando un derrame de las lagunas de oxidación de la planta de Oleofinos del Carmen S.A. de C.V., contaminó el cauce del río Candelaria, que desemboca en la Laguna de Términos.

Esa no fue la primera de una serie de sucesos contaminantes que en el sureste de México han ocasionado las plantas de procesamiento de aceite de palma para biocombustibles; ya Ronny Aguilar había dado también cuenta desde su medio independiente, que en Guatemala pasó algo similar, debido a la falta de normatividad ecológica para el manejo de los residuos generados en las plantas de producción de aceite para biocombustible, cuando el río La Pasión, una vena del Usumacinta en Guatemala, causó la mortandad de miles de peces.

“Justo como sucedió en el Campeche, en la zona limítrofe con Guatemala las lluvias también desbordaron las lagunas de oxidación de una de las plantas procesadoras de aceite; en el país vecino, este suceso ocasionó el daño a los recursos hídricos más grave de toda su historia, se extinguieron 26 especies de peces y se dejó sin vida al afluente, por lo menos por los próximos 25 años. Por estas afectaciones, las autoridades guatemaltecas atienden recomendaciones del Tribunal Latinoamericano del Agua”, dijo Aguilar Pérez con documentos en mano en entrevista para esta investigación.

En Campeche, en el caso de la contaminación del río Candelaria, igual que sucedió en Guatemala, con el río La Pasión, la autoridad fue omisa, en aras de no trastocar los intereses de la industria que aún se consideran benéfica porque fomenta la producción de biocombustibles, pero que detrás de ella conlleva contaminación, envenenamiento de las aguas superficiales y desplazamientos poblacionales.

Esto como lo dice el activista Gustavo Castro Soto es consecuencia del modelo económico que “está aumentando la presión de empresas y particulares sobre la propiedad del agua”, y cita como ejemplo el estado de Chiapas, donde se encuentran las presas hidroeléctricas más importantes del país que aportan más del 50 por ciento de la energía hidroeléctrica, y sin embargo –explicó- hay miles de comunidades indígenas sin servicio de luz eléctrica.

“Con el Plan Puebla-Colombia (antes Plan Puebla-Panamá) la presión por construir infraestructura, como las presas hidroeléctricas, va en aumento así como la tendencia a privatizar esta infraestructura y dejar en manos de las grandes corporaciones trasnacionales el control de la producción, distribución y comercialización de la energía así como la administración de los embalses.

”Contrariamente a lo que se prometió con la llegada de la inversión privada en el sector, en los casos donde ha sucedido (la privatización de infraestructura) se registra un aumento de las tarifas por el consumo del servicio eléctrico, un mal servicio y muy mala calidad del mismo”.[7] A lo que se debe sumar el desplazamiento que sufren los pueblos naturales, obligados muchas veces por los focos de violencia que intencionalmente generan los grandes corporativos para apropiarse de los recursos hídricos y de las tierras de cultivo propiedad de las comunidades.

Bajo este panorama, en México ya son 916 regiones en donde no solo se registran puntos de conflicto entre poblaciones y empresas que se disputan el agua[8], sino que ya ha comenzado a escasear el agua con el previsible desenlace que anuncia la Nestlé, donde el gobierno federal se observa omiso, sin mantener una regulación adecuada en el uso del agua, que en teoría corresponde a la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

http://www.zenzontle400.mx

[1] WikiLeaks, “Tour D’horizon with Nestle: Forget the Global Financial Crisis, the World is Running Out of Fresh Water”, 24 de marzo de 2009. https://wikileaks.org/plusd/cables/09BERN129_a.html

[2] WikiLeaks, “Tour D’horizon with Nestle: Forget the Global Financial Crisis, the World is Running Out of Fresh Water”, 24 de marzo de 2009. https://wikileaks.org/plusd/cables/09BERN129_a.html

[3] WikiLeaks, “Tour D’horizon with Nestle: Forget the Global Financial Crisis, the World is Running Out of Fresh Water”, 24 de marzo de 2009. https://wikileaks.org/plusd/cables/09BERN129_a.html

[4] UNESCO, Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos, México, 2017. http://www.unesco.org/new/es/natural-sciences/environment/water/wwap/facts-and-figures/all-facts-wwdr3/fact-7-water-biofuel/

[5] SENER, Diagnóstico de la Situación Actual del Biodiésel en México y Escenarios para su Aprovechamiento, Informe Final (Confidencial), P. 46, 12 de agosto de 2016. https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/275444/Final_Report.pdf

[6] Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, Boletín 112, 29 de noviembre 2006. https://wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin-wrm/nuestro-punto-de-vista/biocombustibles-grave-amenaza-disfrazada-de-verde/

[7] Castro Soto Gustavo, Compartiendo Alternativas, I Foro Agua y Energía en Chiapas, México, 1 de abril de 2017.

[8] Lemus, J. Jesús, El Agua o la Vida editorial Grijalbo 2019.

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