¡Socialismo o barbarie!… el centenario de la Revolución Rusa

Texto y fotos: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

A un año de tu partida… para Andrea Leal Anaya

(una mujer revolucionaria, mi madre)

 

Porque la revolución era consecuencia

de causas económicas, psicológicas,

morales, situadas más allá de ellos y fuera de su alcance.

Victor Serge

…nada ocurre en la historia

que no sea de alguna menara racional.

Algunas veces los mejores deben de ser

triturados porque hacen daño,

precisamente porque son los mejores.

Victor Serge

El orden

 

En octubre-noviembre de 1917, los revolucionarios bolcheviques liderados por Vladimir Ilich Ulianov, Lenin y Lev Davidovich Bronstein, Trotsky encabezaron el mayor movimiento revolucionario de la historia mundial reciente. La Revolución de Octubre es un parteaguas en la construcción del imaginario colectivo, de la posibilidad de lo imposible. De la Utopía.

Bajo la mirada del historiador Eric Hobsbawm, “La revolución de octubre originó el movimiento revolucionario de mayor alcance que ha conocido la historia moderna. Su expansión mundial no tiene parangón… Sólo treinta o cuarenta años después de que Lenin llegara a la estación de Finlandia en Petrogrado, un tercio de la humanidad vivía bajo regímenes que derivaban directamente de Los diez días que conmovieron al mundo.

Estamos en el centenario de la revolución rusa, conmemoremos recordando aquel esfuerzo colectivo que alimentó a millones de seres humanos, que posibilitó la esperanza. El siglo XX fue un tiempo de oscuridad, dos guerras mundiales, conflictos eminentemente capitalistas, marcaron el ritmo de la experiencia histórica que significarían vivir los mil novecientos. Desde la segunda mitad del siglo XIX la posibilidad de la revolución como una vía política para garantizar el cambio, alimentó luchas sociales, sindicales, guerrilleras… el llamado Movimiento Urbano Popular, está inspirado en el ideario de los Socialistas Utópicos, así como del planteamiento teórico elaborado por Karl Marx.

No hay mejor panóptico para rememorar el centenario de la Revolución de Octubre, que la mente lúcida de Victor Serge, el poeta revolucionario, que se templó creándose una conciencia trágica. Serge es el testimonio de esas vidas que atestiguaron nuestro destino como resabio, huellas que se fijan en su obra, en su mente, en su experiencia humana. Las palabras de Serge fueron arrancadas del dolor, el desastre y a la postre son el signo de la catástrofe del Socialismo realmente existente.

La existencia de Victor Serge, su paso por el mundo, su extrañamiento, son ante la conciencia plena de la muerte, sí, la calamidad, el final de este tiempo. Serge es el intelectual-poeta-comunista, que sabe el coste de la felicidad, que la muerte es el pago por soñar un mundo distinto, por pensar y ejercer ese pensar, por su praxis. Serge es conciente de la idea que conlleva la complitud anhelada, el deseo arquetípico de regresar al estadío antes de la Caída. (Benjamin)

En palabras de otro poeta, éste mexicano, el maestro Jaime Labastida, hay dos constantes que marcan la existencia de Serge, la pasión, el pathos, el padecimiento… y la insoslayable necesidad de pensar. La obra de Victor Serge, es la constancia de la experiencia socialista, fue un activo miembro revolucionario, cercano a Lenin, Trotsky, Radek, Krúpskaya, Bakunin y Zinoviev, la vanguardia revolucionaria que dio dirección a la revolución. Sí, la vanguardia revolucionaria, los intelectuales de izquierda, jacobinos… que alzaron sus voces y sus plumas para posibilitar la transformación del mundo: la Revolución Mundial.

En 1917, el zarismo ya estaba enfermo, un régimen caduco, un orden que había empobrecido hasta el extremo al pueblo ruso. Un régimen que como lo atestigua una visita al museo La Armería (Kremlin), vivía en una opulencia extrema, la aristocracia rusa, los nobles zares y los excesos de su exceso, oro, piedras preciosas incrustadas en todo el mobiliario, mobiliario de oro, trineos de oro, vestuario de oro y diamantes, rubíes, esmeraldas.. las sillas para cabalgar con rubíes y esmeraldas, cubiertos de oro y otra vez más gemas… por recovecos inimaginables gemas… gemas. Sí, la autocracia se derrumbó —como afirma Serge—en los tesoros de oro y plata, en las vestimentas, en las caballerizas, en la desigualdad ramplona, sostenida por un pueblo moribundo, muerto de hambre, muerto en el alcohol ¡Muerto!

Son los muertos los que se rebelan, aquellos que ya lo han perdido todo, que traicionan al hijo rebelde, enseñándole a la terrible Guardia Blanca zarista, el escondite de las armas (La Madre, Máximo Gorki). —Soy el provocador Malinovsky—. Le ruego arrestarme.

Son los muertos los que hicieron la revolución rusa. Es el pueblo, es el hambre… el deseo de justicia, es la soberbia enferma del poderoso, la enfermedad. Lo mismo que los más sabios médicos llamados para asistir a un moribundo no pueden sino constatar, minuto a minuto, los progresos de la enfermedad, los omniscientes policías del imperio veían impotentes cómo el mundo zarista se precipitaba al abismo… Fue la perdida de legitimidad, fue la condena que pendía sobre la cabeza del viejo orden, estaba condenado a desaparecer, ya que habían perdido el mandato del cielo.

Para Serge está claro, la revolución era consecuencia de causas económicas, psicológicas, morales, situadas más allá de ellos y fuera de su alcance. Estaban condenados a resistirle inútilmente y a sucumbir. Sí, el ideario marxista-leninista acompaña la revuelta, le da sentido, direccionalidad a la masa, es el cristal de masa (Canetti) La vanguardia revolucionaria, los privilegiados intelectuales jugando su papel histórico, siendo responsables con el ejercicio del pensar-actuando.

Es cierto es temerario hacer un diagnóstico de la Revolución de Octubre (Carr), ha sido un lugar recurrente y en cierto sentido facilón, a cien años de su acontecer, el diagnóstico de lo que allí acaeció, que ha pasado por matrices ideológicas, aquellos que se declaran enemigos de la Revolución… otros que vehementemente niegan la existencia de los GULAG, de las masacres y purgas socialistas, del contundente fracaso del socialismo real reivindicando a Stalin como santo salvador. Pero en la historia, en el acontecer humano, no hay santos, hay responsabilidades históricas. No banalicemos el mal.

Walter Benjamin, en Sobre el concepto de historia, elaborado entre 1939 y 1940, señala que uno de los problemas del Socialismo Real, es el abandono del mesianismo. El proyecto de la Revolución de Octubre de 1917 entró en una disyuntiva pragmática, la crítica benjaminiana es de carácter político-ideológica y teórica. Lo que el berlines señala agudamente es el quiebre entre el Socialismo Utópico y el realmente existente, el abandono de la utopía por la consolidación del Estado soviético, se trata en un primer momento de la Revolución mundial leninista.

Lenin pensaba que la revuelta de 1917, sería acompañada en principio por la revolución alemana y un proceso que desencadenaría una revolución mundial; sin embargo, ello no aconteció. Al amanecer alemán siguió el triunfo del Nazismo, pasando por el asesinato de Rosa Luxemburgo, con la complicidad de la socialdemocracia alemana. Al alba soviético siguió la barbarie stalinista, las purgas y la aniquilación de toda una generación, el último caído fue Trotsky, asesinado con un piolet en México.

Es cierto, a mediados de noviembre de 1917 las dificultades que afrontaba la Revolución de Octubre eran demasiados, continuar la revolución resultó cien veces más difícil de lo que costó tomar el poder. En las grandes ciudades no había ni servicios públicos ni administración que funcionara. La huelga de técnicos amenazaba con provocar las peores aglomeraciones y con calamidades sin cuento. El agua, la electricidad, los víveres, podían faltar a los tres días; el alcantarillado no funcionaba, y esto hacía temer epidemias; los transportes eran más precarios, problemático el avituallamiento. Los primeros comisarios del pueblo que llegaron a tomar posesión de los ministerios, hallaron las oficinas vacías, cerradas, con los estantes bajo llave y algunos ujieres hostiles y obsequiosos esperando que los nuevos jefes hicieran romper los cajones vacíos de los secretarios… Este sabotaje de la burocracia y de los técnicos, organizado por los capitalistas (los funcionarios “en huelga” recibían subsidios de un comité de plutócratas) dura algunas semanas con carácter crítico, y meses e incluso años en forma más atenuada. (Serge)

La respuesta de la dictadura del proletariado fueron tribunales revolucionarios y la Cheka… purgas, GULAG y la muerte de miles de rusos. La revolución de Octubre utilizó el terror para crear orden. No hay orden de derecho que no sea producto de la violencia. El acontecimiento más cargado de esperanza, más grandioso de nuestro tiempo, parece haberse vuelto por entero contra nosotros. De los entusiasmos inolvidables de 1917, ¿qué nos queda? Muchos hombres de mi generación, que fueron comunistas de la primera hora, no alimentan ya hacia la revolución rusa sino sentimientos de rencor. De los participantes y de los testigos, casi ninguno sobrevive. El partido de Lenin y de Trotsky fue fusilado. (Serge)

La lucha de la revolución de octubre por sobrevivir, pasó de la revolución mundial a la consolidación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), 1917 fue el año de la acción de las masas, la construcción de un poder popular (Soviet), impulsado por el bolcheviquismo. Sin embargo, la experiencia popular degeneró en terrorismo de Estado, en Totalitarismo.

Hannah Arendt ha estudiado exhaustivamente el fenómeno de los totalitarismos, se trata de los proyectos emanados de la Ilustración y la Modernidad: El capitalismo y el socialismo real. Ambos han demostrado su contracara: el nazismo y el stalinismo.

Para Serge, no hay necesariamente una tradición democrática de los partidos revolucionarios rusos. La ilegalidad determinó parte de su naturaleza, sus cuadros políticos, formados como revolucionarios profesionales, eran disciplinados y vivían en el y para el combate, que los lleva a un cierto amoralismo práctico. El pragmatismo que señala Benjamin, como eje de su crítica. La mentalidad jacobina los marca. Todos produjeron héroes y fanáticos.

Sin embargo, no puede negarse que éticamente el comunismo soviético pretendió ser diametralmente distinto al capitalismo, pero como acertadamente señala Hobsbawm la finalidad de la revolución de octubre no era instaurar la libertad y el socialismo en Rusia, sino llevar a cabo la revolución mundial.

Los críticos de la revolución proletaria señalan el fracaso de la misma, han decretado su muerte histórica y la posibilidad de un mundo más justo se ha cancelado. La caída del Muro de Berlín (1989) significó el entierro de las ideologías. Theodor Wiesengrund Adorno y Max Horkheimer avecinaban la imposibilidad de seguir teorizando sobre el paradigma de la razón, sobre lo creado por la Ilustración, ya que todo ejercicio teórico era en realidad ideológico. Por ello, plantean como punto de quiebre la crítica: la Teoría Crítica, ejercicio constante e inacabable.

Tiempo después se anunciaba la muerte de las ideologías como ese punto de ruptura civilizatorio, la espectacular e imprecisa proclama, coincide con una lectura conservadora del fracaso del proyecto emanado de la Ilustración: fraternidad, igualdad y justicia. Tanto la Teoría Crítica, como el anuncio americano, parten de un supuesto conservador, intentando aniquilar el deseo de libertad de los pueblos.

La revolución de octubre devino en su antagónico, no fue libertaria, sino autoritaria, aniquiló a la oposición, cualesquiera que fuera su naturaleza… lo mismo a Victor Serge que a Trosky… la muerte de una generación… miles de los habitantes del viejo bloque comunista salieron en masa en búsqueda de imaginar mundos distintos, desde Aleksandr Solzhenitsyn hasta Milan Kundera… la aniquilación de otra generación.

Pero la lucha social que inspiró el socialismo utópico, el real… sigue siendo una signatura pendiente. En el centenario de la revolución de octubre la vieja premisa de Luxemburgo, la roja, sigue siendo profundamente actual: ¡Socialismo o barbarie! Vivimos una crisis civilizatoria, su origen ha de verse en 1989, ese momento donde la careta del socialismo caía completamente. El siglo XXI surge en el fracaso del socialismo real, surge de la fantasmagórica cara del stalinismo.

La apuesta a cien años, del acontecimiento ecuménico más importante del siglo XX, debe ser una relectura de la revolución rusa, pero fundamentalmente es necesario reelaborar el proyecto libertario emanado de la Ilustración, es necesario una relectura progresista de la ¡libertad, igualdad y justicia! Es necesario alimentar la esperanza y el utopismo, recreando los límites de lo posible y de lo inadmisible. Apostando por lo humano demasiado humano.

 

Artículos relacionados