Soda Stereo SEP7IMO DIA por Cirque du Soleil. Parecía una buena idea

Texto y Fotos: Jairo Rueda Estrada

BUENOS AIRES.– Los rumores comenzaban en 2014, mientras Gustavo Cerati se encontraba en coma debido al accidente cerebrovascular ocurrido años atrás. La compañía canadiense Cirque du Soleil fundada en Montreal en 1984 por Guy Laliberté llevaría a cabo la producción de un espectáculo multidisciplinario basado en la obra musical de Gustavo Adrián Cerati Clark, Héctor Pedro Juan Bosio y Charly Ficicchia.

La idea había surgido en 2013 en las mentes de Daniel Kon, mítico músico, productor y manager del grupo argentino y al día de hoy Director de Triple Producciones (la Productora de las giras de Soda a partir de 1990), quien junto a Roberto Costa (Presidente de PopArt Music) y Diego Sánz (ex manager de producción de Soda y CEO de Popart Music) y con quienes Kon había llevado ya la producción de la gira “Me verás volver” imaginaron crear un espectáculo teniendo como centro creativo la música del trio porteño.

Luego de una visita de los tres a Las Vegas para ver Love e Inmortal Tour (de los Beatles y Michael Jackson respectivamente), llegaron a la conclusión de que lo ideal sería tomar el riesgo de acercarse a los creadores canadienses y sugerirles la idea.

Tras varias llamadas y una visita a Montreal, Michel Laprise quedaría al frente del proyecto junto con Chantal Tremblay como directora creativa y con la supervisión de Jean Francois Bouchard, guía creativo de todos los proyectos de la firma circense.

Laprise cuenta que al serle sugerida la idea por Daniel Kon, reunió en Montreal a todos su staff latino para sondear la viabilidad del proyecto y la respuesta fue unánime de parte del staff al gritar al unísono tras simplemente decir el nombre del grupo.

Tras varios meses de preparación y ya contando con el visto bueno de Sony Music para los derechos discográficos y especialmente del apoyo y supervisión de Zeta, de Charly Alberti y de la familia de Gustavo Cerati representada por su hermana Laura, es finalmente en 2015 que el rumor se concreta y se anuncia  el esperado show llamado “SEP7IMO DIA (NO DESCANSARE)” para presentarse inicialmente en las ciudades argentinas de Buenos Aires y Córdoba, y posteriormente realizar una gira confirmada en Santiago, Lima, Bogotá, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

La expectativa crece y rápidamente se agotan las entradas para las primeras presentaciones en el legendario Luna Park bonaerense, con capacidad para 5,000 espectadores y con 20 funciones agotadas en cuestión de días, y a la que ya se le agregaron fechas para el mes de mayo con la misma demanda de boletaje.

El show inaugural tuvo efecto el 9 de marzo de 2017 y al día siguiente fue puesto a la venta el disco “soundtrack” del espectáculo bajo la supervisión de Zeta y la producción de Adrián Taverna, legendario sonidista del grupo. Sin mayores sorpresas en la lista de 21 tracks, algunas nuevas mezclas y varios “mash ups” (sobresalen el de “Un misil en mi Placard sobre la música de “Ella uso mi cabeza como un revólver, “Septimo días/Zoom” y la inclusión de la maravillosa “Crema de estrellas”). También se ha puesto a la venta un documental sobre el proyecto llamado #SodaCirque que se puede ver actualmente en HBO.

La mala situación de la economía argentina no parece mermar el fanatismo por Soda y los argentinos han agotado prácticamente la totalidad de entradas puestas a la venta hasta el día de hoy. Con entradas que van desde los 500 hasta los 3,500 pesos argentinos (de 600 hasta 4,300 en pesos mexicanos) con funciones de martes a viernes 8:00 pm y sábados y domingos 6:00 pm y 8:00 pm.

A treinta años de su consagración en Latinoamérica en 1997, a 20 años de su gira “El último concierto”  en 2007 y a 10 de su regreso con “Me verás volver” en 2017, los fans de Soda tenemos ahora en 2017 nuevamente la oportunidad de acercarnos nuevamente a su música con SEP7IMO DIA. Algo debe de significar el número 7 para ellos.

La idea de un espectáculo multidisciplinario basado en la obra musical de Gustavo Adrián Cerati Clark, Héctor Pedro Juan Bosio y Charly Ficicchia parece una gran idea.

Nunca he sido fan del Cirque du Soleil, siempre lo he considerado demasiado aburguesado. He tenido la “oportunidad” de ver varios espectáculos de la compañía canadiense (más de los que hubiera deseado) y solamente puedo decir que salí emocionado de Love (impresionan ante el show visual, teatral, circense y sobre todo musical) y que me parece impresionante el despliegue técnico empleado en el show acuático llamado “O”.

No le voy a restar méritos, simplemente no es de mi agrado y lo considero un show para señoras bien (diría Cerati en Juegos de Seducción) o la clase de regalo perfecto para mi madre y mis tías (una entrada al circo).  En realidad la idea de hacer un show de Soda Stereo me parecía totalmente innecesario y siendo MUY fan del grupo, no me llamaba la atención verlo a su llegada a México. Pero sabía perfectamente que lo iba a hacer.

Un viaje de trabajo me acerca a la posibilidad de presenciar el show en Argentina y en la tarde del 16 de abril, caminando por La Ciudad de la Furia rumbo al Luna Park. me encuentro a unos 500 metros de Casa Rosada con la intersección de Bolívar, Hipólito Yrigoyen y Julio A. Roca.

Aprovecho para  tomar una foto desde el mismo punto en que fue tomada la de la portada del Doble Vida, sigo caminando hacia la avenida 9 de julio (la avenida más ancha del mundo, a decir de los argentinos) y paso cerca del mítico Obelisco, muy cerca del lugar donde fue colocado el escenario para la histórica presentación de Soda Stereo en un lejano 1991, en que reunieran a 250 mil personas para escucharlos en vivo.

Me voy adentrando en el microcentro de la ciudad. Continuar sobre la Av. Corrientes y pasar frente al mítico Gran Rex, lugar de históricos conciertos del trio y en donde grabaran el EP de Live and Remix llamado Rex Mix también del 91. Continuando por la Av. Corrientes finalmente hago una escala en la  calle Florida para cambiar dólares en el mercado negro y finalmente doy con el Luna Park unas dos horas antes de la hora marcada en el boleto y ya por ahí se comienza a respirar el ambiente al encontrarme con algunos improvisados puestos que ofrecen playeras (“remeras”, les llaman) de Soda en conjunto y de Cerati solista.

El Luna Park es un antiguo edificio construido en 1931 y originalmente utilizado para funciones de box, no muy grande, y que mantiene su original diseño de arquitectura sin mayores mejoras a la fecha.

La productora ha puesto una tienda de “souvenirs” al interior en la que se encuentran a la venta toda la discografía del grupo (en cd´s y vinilos), playeras del show por 400 pesos argentinos (500 mexicanos), posters, calcomanías, gorras y demás artículos promocionales. Los precios no me parecen razonables y en realidad ningún diseño me llama la atención. Anexo a la tienda se encuentra un bar llamado “Bar SEP7IMO DIA” y aprovecho para tomarme tres cervezas a sabiendas de que al interior no se vende alcohol.

Ingreso al recinto unos 20 minutos antes del inicio para encontrarme con un lleno total. Es grato ver familias enteras de padres entrados en los cincuenta e hijos adolescentes en los que seguramente los padres transmitieron el gusto por Soda para así ir perpetuando el buen gusto.

Mi localidad es en la sección Movistar Zoom Zone con precio de 1,500 pesos argentinos (1,800 mexicanos), elegida debido a que en la web para comprar el boleto indicaba que: “es un sector de pie donde el público podrá disfrutar de la obra de un modo único.” Me la supieron vender.

Me voy acomodando al centro para ver mejor. Las luces se apagan y una voz en off (sin expresión deforme) anuncia el inicio y pide abstenerse de tomar fotos con flash y en la medida de lo posible videos, argumentando que es mejor guardarlos en los ojos y en la memoria. De un momento a otro me percibo emocionado, contagiado, efusivo.

Soy MUY fan de Soda Stereo.

 

Comienza a sonar Juegos de Seducción. Un joven dentro de una jaula se pone unos audífonos colgantes y parece ser liberado con la música. “Séptimo día” comienza y al principio, bien dice la canción, “fue un big bang y fue caliente”. En el vestuario de los artistas es notable la influencia de los principios de Soda, vestimenta new wave y peinados con laca. El hilo conductor parece llevarlo el chico de los audífonos y una chica que usa una máscara de perro aludiendo al personaje de Dog  Lady del video de Dietético.

La música suena (y se agradece) a un volumen altísimo que pareciera  hacer caso a la recomendación que se encuentra en los créditos del disco “Canción Animal” (Y para mayor placer animal, escúchalo a todo volumen).

La zona en la que me encuentro tiene la particularidad  de que los acróbatas, trapecistas, malabaristas, bailarines y escenografías mismas ocupan el espacio. El público tiene que estar en constante movimiento y son un grupo de jóvenes vestidos con ropa platinada y luces neon llamados “Ángeles eléctricos”, quienes van dando instrucciones al público para irse moviendo acto tras acto.

Con un escenario principal al fondo que supone (o supongo yo) ser un planeta al que ha llegado el joven de los audífonos y una enorme pantalla al fondo que no deja de proyectar imágenes, a veces del grupo, a veces de sus giras, a veces del público y sobre todo imágenes “espaciales”, las canciones de Soda en sus nuevas versiones se van sucediendo una tras otra sin mayor efecto. Para mi sorpresa los asistentes no cooperan mucho y prácticamente me descubro cantando a solas en las canciones menos conocidas y únicamente la multitud se emociona y canta  los hits del grupo “Cuando pase el temblor”, “En la  ciudad de la furia” y “De música ligera” y grandes temas como “En remolinos”, “Fue” y “Planeador” pasan prácticamente desapercibidos.

Algo falta. No hay un hilo conductor en la temática de las canciones de Soda Stereo y tampoco parece haberlo en la puesta en escena. Los acróbatas son excepcionales, los trapecistas son sumamente audaces y algunos actos sobresalen sin duda. Algo falta, la cosa no termina de cuajar.

Los puntos altos del colectivo canadiense vienen con “En remolinos” con una hermosa acróbata que sale de una flor metálica (una  reproducción de la enorme y maravillosa floralis genérica, obra del artista Eduardo Catalano, instalada en la Avenida Alcorta de la ciudad de Buenos Aires); “Hombre al agua”, con un guitarrista y una bailarina sumergidos en una enorme pecera; “Sobredosis de tv”, con maravillosas proyecciones en una pantalla cilíndrica y un acto de lo que podría representar al payaso del circo (en este caso un oficinista neurótico que gesticula a la pantalla de tv).

“En la Ciudad de la Furia” es uno de los mejores actos, con tres impresionantes acróbatas, suerte de Icaros sobre una estructura que hace obvia mención al video de la misma canción y con los acróbatas haciendo un acto temerario que de inmediato nos transmite al hombre alado que extraña la tierra.

El punto melancólico de la noche viene con “Te para tres”, uno de los tres temas que presenta el show y que no se incluyen en el cd (los otros son “Sobredosis de tv” y “Fue”). Sorpresivamente los Ángeles Eléctricos hacen un círculo a mis espaldas, las luces se apagan y una tenue luz ilumina a una chica a escasos dos metros que, tocando una guitarra y sentada sobre una especie de fogata, comienza a interpretar el único acto musical en vivo.

Imposible no imaginar aquella noche que inspirará a Gustavo Cerati a escribirla. Lo que se pensaba era una canción sobre una separación, en realidad reflejaba la tristeza de una mesa en casa de la familia Cerati ocupada por Gustavo, su padre y su madre, tomando esa seguramente amarga infusión luego de regresar del hospital y conocer el terrible diagnóstico sobre la enfermedad terminal del padre.

El show termina con “De música ligera” con un largo acto acrobático en que una veintena de artistas hacen cualquier suerte de giro, maroma, salto mortal y demás acrobacias que la gente aplaude extasiada. El acto no deja de ser espectacular.

Los artistas en su totalidad desfilan por el escenario para despediros y finalizar el show. Al fondo del escenario se aprecia en la pantalla cilíndrica una foto en blanco y negro de Charly, Zeta y siempre extrañado Gustavo con la imborrable leyenda “Gracias Totales”.

Son las 9:50 pm. El Luna Park comienza a vaciarse. La noche porteña avanza. El aire frío que llega de Puerto Madero ya cala los huesos y yo al menos percibo un sinsabor sobre el espectáculo. No es que el show sea malo, no es que los artistas de la compañía canadiense no lo hagan a tope, no  es que las luces, el audio o la escenografía deje que desear, pero distan mucho de los otros shows que he visto del colectivo. Seguramente es que la idea de hacer un espectáculo multidisciplinario basado en la obra musical de Gustavo Adrián Cerati Clark, Héctor Pedro Juan Bosio y Charly Ficicchia, tal vez no era tan buena.

Seguramente la gira será un éxito con entradas agotadas. Posiblemente lo vuelva a ver en México. Seguramente seguiré teniendo la misma opinión del Cirque du Soleil y seguramente mi gusto por Soda Stereo seguirá creciendo al mismo ritmo que mi nostalgia por Gustavo Cerati.

Sigo caminando por La Ciudad de la Furia y voy pensando que a esos tres nunca volveremos a verlos en vivo y me voy temblando frágil en la multitud… Y la espero…

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