El solitario vagón de San Lázaro

Texto y Foto: J. Tonatiuh Pérez Cisneros

Abandonada a un costado de la estación del Metro San Lázaro, Línea 1, la réplica de un vagón del Metro ve pasar los días y las noches añorando los gloriosos días en donde niños y adultos se divertían y aprendían más sobre el enigmático mundo del STC-Metro.

Custodiada por un policía las 24 horas del día y por un muro con barrotes que contiene a los ambulantes ansiosos de invadir ese especio que ocupa el vagón.  La réplica sobrevive al paso del tiempo y las inclemencias del clima gracias a una lona blanca que la resguarda de las lluvias y de sol que le carcome su color zanahoria.

Al caer la noche la seguridad del vagón se redobla. Un elemento al interior otro al exterior, a la espera de los guerreros del spray, maestros del grafiti que han puesto su ojo en ese gran lienzo que representa el convoy.

La gente desaparece conforme la noche cubre la ciudad y el vagón inicia su vida propia, ruidos, una disminución inexplicable de la temperatura, sombras, apariciones, en fin, hechos paranormales que provoca que más de un Policía Bancario Industrial se rehúse a cuidar el vagón.

Dicen que alrededor de las 03:00 AM se enciende o empieza a funcionar el sonido ambiente de la réplica, situación que ha desconcertado a los policías que al escuchar el ruido ingresan al vagón buscando a la persona que haya puesto en funcionamiento la grabadora; su mirada recorre todo el vagón y no ven a nadie, ingresan a la cabina para apagar el sonido, vacía, nadie, la lugar donde está resguardados los interruptores del sonido ambiente, cerrados. Abren los apagan, pero notan que la temperatura disminuyó.

Otra noche, la misma hora 03:00 AM, una risa de niño se escucha en el vagón, piensan que puede ser el hijo de algún vendedor ambulante que se coló a jugar brincando en los asientos de la réplica, nada, la búsqueda resulta infructuosa y no localizan al niño que genera la risa, las acontecimientos genera que los PBI coloquen una virgen de Juquila en la cabina.

Otro día, el cansancio y los turnos acumulados merma las fuerzas de un policía decide recostarse en los asientos del vagón, su pareja se hace responsable de la seguridad, en su recorrido ve al inicio de la cabina una silueta de una niña, descalza, vestida de blanco y sin mostrar la cara se aparece al paso del rondín; ya no es un cuento o una leyenda que platicaban sus compañeros, hoy la ve con sus propios ojos y puede cerciorase que las historias son ciertas, y que el vagón lleva a un pasajero que aparece y desaparece por las madrugadas.

Intenta entablar comunicación y desaparece, el pareja recostado empieza a tener convulsiones, decide despertarlo de manera abrupta, y le cuenta que soñó que una niña le tomó la mano y se lo llevaba caminando y que cuando lo despertó la niña le soltó la mano.

Esa madrugada será inolvidable y aterradora para los PBI, se dice que al caer la noche los policías cierran las puertas del vagón y hacen sus rondines por el exterior del vagón y escuchen lo que escuchen y vean lo que vean nunca ingresaran.

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