La poesía atrae a la poesía

Karenina Díaz Menchaca Somos niños. Contemplamos el pasto morado, el cielo verde. Los animalitos hablan, los muñecos también. Las cortinas son hadas que revolotean las estancias. Las olas del mar son brazos de dioses ocultos y las camas en la noche esconden por debajo figuras de cabezas amorfas, cicatrices, manos peludas. Somos niños, pero algún día crecemos o lo vamos haciendo. Llega el día en que alguien, un adulto, tenía que ser, nos revela que el cielo no es verde y que nunca lo fue. Pero si tenemos la maña…