Dos muertes: Armando Vega Gil y #Metoo

Por Montserrat Algarabel Supongo que he tenido suerte. Lo digo porque nunca me han manoseado en el metro; nunca he sido víctima de violencia física ni sexual; nunca nadie me ha acosado. Aunque tampoco he sido completamente inmune a la violencia patriarcal que parece permearlo todo: por supuesto que perfectos extraños con harta iniciativa se han sentido con el derecho de susurrarme guarradas al oído en plena vía pública (¡qué ricas tetas, mami! y otras joyas de la poesía callejera). Me han arrimado el camarón, así de vulgar y casual…