También es culpa de la comunicación

Por Rodrigo Bengochea

La comunicación política se ha apoderado del espacio público. Los intentos permanentes y cada vez más crispados por liderar las narrativas, por imponer el rumbo a la conversación pública, ha invadido de forma muy intranquilizante la conversación pública y las posiciones de los diferentes actores políticos.

La poca prudencia del debate político en la actualidad ha alcanzado niveles que rozan los límites de lo aceptable, pues el nivel de encono y polarización hace parecer que ninguno de los actores políticos dudaría en utilizar cualquier recurso que tenga a la mano para desacreditar, desprestigiar, exhibir, lastimar a los adversarios en la búsqueda de anular o aniquilar la competencia.

Si hoy día esa polarización y violencia discursiva es inquietante, con el inicio de las campañas políticas tomará presencia en la conversación una cantidad inmensa de actores, lo que imposibilita tener alguna claridad en tiempo real de las fuerzas que están detrás de las acciones comunicativas de todo tipo, esto mismo dificulta un análisis que permita entender qué o quiénes empujan en uno u otro sentido.

Un fenómeno que estamos a punto de ver irrumpir con fuerza, tal vez sin comparación, son las encuestas electorales.

Si bien el gremio de encuestadores es un gremio sólido, regulado, que se vale de su prestigio para tener credibilidad, y donde el rigor metodológico es un bien valorado de manera muy importante, también es cierto que en ocasiones son publicados resultados de encuestas de los que se puede dudar muy fácilmente, algunos incluso porque no identifican la casa encuestadora o su metodología, entre otras cosas. 

Así, nunca falta la publicación de encuestas que buscan producir resultados a modo para orientar las narrativas políticas en uno u otro sentido.

Son bien conocidos ya diferentes efectos de la publicación de los resultados de encuestas en las preferencias electorales. 

En principio, los resultados de las encuestas pueden tener un efecto muy importante en la decisión de participar en las elecciones, dado que según las preferencias de cada quien las encuestas pueden ofrecernos un escenario donde acudir a las urnas parezca tener alguna o ninguna utilidad.

Asimismo, los resultados publicados de las encuestas permiten también, de acuerdo con las narrativas o carisma de las y los candidatos, identificar a los electores con los punteros o, en su caso, con quienes parecen ubicarse al final en la intención de voto.

A todo esto se suma la creciente tendencia a llevar a cabo encuestas por internet, cuya precisión y metodologías aún se debaten al interior del gremio. Además del efecto que puede tener el propio planteamiento de las preguntas utilizadas en los ejercicios demoscópicos.

Afortunadamente la dinámica de las redes sociales ha propiciado que las audiencias cada vez sepan más de sí mismas por lo que, aunque sea todavía algo en lo que como sociedad debemos mejorar, se incrementa de forma permanente la mirada crítica para evaluar la información que nos es ofrecida cotidianamente.

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