Tepoztlán, donde los dioses araron en desfiladeros

Por Armando Alemán Salazar

 

“Lugar del Hacha de Cobre”, o bien “Lugar de las Piedras Quebradas”, son las traducciones del Náhuatl al español para “Tepoztlán”, nombre del Pueblo Mágico más importante para el turismo en el estado de Morelos.

 

Antiguamente, Tepoztlán fue ocupado por varios grupos indígenas, entre ellos Tlahuicas y Tolteca-Chichimecas, quienes conquistaron el Valle de México, extendiendo sus dominios hasta lo que hoy se conoce como Morelos.

 

En Tepoztlán existe un halo singular que envuelve la región, teniendo como fuente el famoso Cerro del Tepozteco. “Posee mucha energía”, afirman miles de visitantes atraídos por la fama del cerro, donde ascienden hasta su cumbre para admirar la pequeña pirámide enclavada en su cima, así como el panorama expuesto ante la severidad de las cordilleras del hermoso Parque Nacional El Tepozteco.

 

Se dice que aproximadamente en 1150 se empezó a construir el adoratorio que hoy conocemos como “La Pirámide del Tepozteco”, dedicada al dios Ometochtli-Tepuztécatl, uno de los dioses del pulque.

 

El recorrido hasta la pirámide inicia en el lugar conocido como “Axihtla”, en la Cruz del Bautisterio, monumento formado por una esfera de piedra con una cruz en su parte superior, el cual marca el sitio en donde Tepoztécatl fue bautizado en señal de su conversión al cristianismo.

 

El templo se compone de dos cuartos: el primero de ellos funcionó como vestíbulo. El cuarto posterior probablemente albergaba la escultura del dios principal, y aunque no existe el techo original, se observó en las primeras exploraciones del templo que probablemente había estado sostenido por vigas de madera.

 

Lo cierto es que el  templo tenía una gran importancia, a tal punto que múltiples peregrinaciones llegaban hasta él provenientes del Estado de Chiapas o Guatemala.

 

Sin embargo, los pobladores de este mágico pueblo prefieren contar la leyenda de Tepoztécatl como punto de referencia sobre los orígenes de Tepoztlán.

 

“A la gente le gusta más escuchar esta historia que por generaciones ha pasado por nuestras familias, al aburrido cuento que sale en los libros de historia”, comenta Rosario López, quien se ha dedicado a la producción y comercialización de itacates desde hace más de 10 años.

 

Rosario también cuenta que la leyenda comienza con una joven que tenía por costumbre bañarse en la barranca de Atongo. Ella de ningún modo creyó las palabras de aquellos que decían que en las barrancas “daban aires”, así es que después de un mes de asistir a tomar sus baños, la joven quedó embarazada.

 

Ante esta situación tan incierta no sabía qué inventar, y no tuvo más remedio que decir a sus padres el estado en que se encontraba. De este modo pasaron los nueve meses de gestación, entre la vergüenza de la joven y los regaños de sus padres. Cuando por fin llegó el día del nacimiento de este niño, el padre de la joven, sin pensarlo dos veces, decidió deshacerse del bebe.

 

Cierto día de mucho sol, una pareja de ancianos caminaba por el lugar y vio al bebé abandonado. Los viejecillos se compadecieron del desamparado pequeño y decidieron tomarla en adopción. Lo llevaron a su casa y le pusieron el nombre de Tepoztécatl.

 

En Xochicalco, muy próximo a la casa de Tepoztécatl, se hallaba Mazacuatl, una malvada serpiente. Los pobladores de la zona temían a la bestia y acostumbraban sacrificar a los ancianos para alimentarla. Cuando llegó el terrible tiempo de ofrendar al anciano, padre adoptivo de Tepoztécatl, los gobernantes del lugar acudieron a la casa de la familia y le notificaron la triste noticia.

 

Tepoztécatl se opuso a que su bondadoso padre muriera y dijo que él lo sustituiría en el sacrificio, de modo que partió hacia Xochicalco.

 

En cuanto Tepoxtecatl se presentó frente a la gran serpiente, este fue devorado inmediatamente, por lo que, de manera muy rápida y ágil, el joven tomó un cuchillo y desgarró las entrañas de este gran animal por dentro, creando así una salida.

 

Tepoztécatl fue muy afamado y lo nombraron “Señor de Tepoztlán” y “Sacerdote del ídolo Ometochtli” (Dos Conejos). Años más tarde desapareció. No se sabe a ciencia cierta si murió o se fue a vivir a otro lugar, aunque se murmura que habitó junto a la pirámide durante el resto de sus días.

 

Además del recorrido que uno puede dar a lo largo de la subida por el Tepozteco, Tepoztlán está lleno de muchas más atracciones y patrimonios culturales de los que cualquier persona, ya sea nacional o extranjera, puede disfrutar, entre ellos, el tianguis artesanal.

 

Colores, sabores, texturas y el sonido de instrumentos musicales prehispánicos es lo que se encuentra dentro del tianguis de Tepoztlán, en donde hay un sin fin de artículos únicos, los cuales están hechos por los pobladores del lugar.

 

Caminar por el tianguis artesanal es perfecto para admirar las originales creaciones que toman forma en diversos materiales como madera, tela, semillas y piedras, para dar origen a casitas de pochote, muebles de madera, palos de lluvia, teponaxtles (instrumentos musicales utilizados por el tlatoani Tepuztécatl), coloridos collares y pulseras, ropa de manta, pinturas en papel amate, figuras de carrizo, joyería y ceras escamadas.

 

De igual manera, en Tepoztlán se pueden encontrar un sin número de alimentos, desde las famosas “Tepoznieves”, las cuales se caracterizan no sólo por tener una gran variedad de sabores, sino por los colores de este establecimiento, su folklor y los diversos y divertidos nombres que le dan a cada uno de sus helados, entre ellos, “el beso de ángel”, “canto de sirena”, “beso de tepozteco” y muchos más que dejan con la boca hecha agua.

 

Si de comida se trata, uno de los lugares con más sabores y olores que un turista puede conocer al visitar este maravilloso pueblo mágico, es sin duda el mercado de Tepoztlán, el cual, desde el momento en el que se entra, los colores de los muchos puestos de comida, el papel picado, el olor a a quesadillas y el sonido de las personas gritando “pásele, pásele”, te invaden.

 

Dentro de este mercado se encuentran una gran diversidad de alimentos y puestos en donde se puede degustar desde las conocidas gorditas y quesadillas, hasta la comida prehispánica, como los itacates y los chapulines.

 

“Aventurarse en la gastronomía de Tepoztlán es una sabrosa experiencia, un delicioso periplo en el que su paladar vivirá una fiesta al probar los itacates o gorditas de maíz (tortillas gruesas con masa de manteca y queso), o los tlacoyos (tortillas angostas rellenas con frijoles y habas)”, comentó Marco Aroche, escritor de Revista Nómada en Morelos.

 

“Al legado prehispánico se suman tentadores platillos de influencia colonial, como el mole rojo de guajalote, el mole de pepita de calabaza y el tamal delgado, estos últimos son muy apreciados en los días de fiesta, además, deben mencionarse los itacates (gorditas de maíz con manteca) bañados con salsa, crema y queso, y la famosa cecina de Yecapixtla (carne salada), servida con crema, queso, frijoles y aguacate”, añadió el periodista.

 

Una vez terminada esta gran degustación, se puede finalizar el recorrido trasladándose al pasado, una vez que entras al ex-convento de los monjes agustinos del siglo XVI, donde podrás disfrutar de su arquitectura y del museo que posee en su interior.

 

“Yo creo que venir a Tepoztlán es una experiencia única que puedes revivir cada fin de semana de ser posible, es algo mágico. Realmente no se encuentra nada como esto en ningún lugar mas que en México”, dijo uno de los turistas.

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