Terremoto 2017. Cuatro reflexiones

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Foto: Rivelino Rueda

El terremoto del pasado martes 17 de septiembre de 2017, me dejó algunos temas para reflexionar en torno a la situación general de nuestro país y su población, en varios sentidos. Deseo tocar algunos puntos:

 

1)    La condición estructural y material de las viviendas derrumbadas y dañadas.¿A quiénes podemos responsabilizar de los derrumbes de los edificios y casas de construcción reciente en la Ciudad de México?, ¿con qué tipo de materiales se hicieron esas viviendas que, en teoría, se entregan con las garantías estructurales suficientes para soportar un sismo de magnitud alta y las medidas de seguridad para las familias?

 

Tengo la percepción de que, en distintos órdenes de gobierno y los respectivos gabinetes encargados de la supervisión de la vivienda y la regulación de permisos de construcción, saben de las falencias de muchas viviendas y edificios.  Prevalecen casos de corrupción, en vínculo con las grandes constructoras que hacen inmuebles en mal estado, para hacer retornar su inversión en el corto plazo, luego de finalizar la construcción y la futura venta del edificio o casa en malas condiciones. Así pues, estamos frente a casos de gran responsabilidad penal, que debieran castigarse con prisión para todos los involucrados.

 

Otra reflexión es que también existe una responsabilidad por parte de los habitantes de cada casa o edificio dañado. La gente, en la medida de sus posibilidades económicas, debiera ejecutar una inversión en la mejora material y estructural de sus viviendas, sus edificios y su entorno. Creo que a causa de la apatía, y no tanto por falta de dinero, en muchos casos se deja caer las casas, favoreciendo la aparición de futuros desastres.

 

2)    La solidaridad del pueblo con el pueblo. Otro asunto tiene que ver con las muestras de solidaridad y apoyo por parte del pueblo, desde la gente que se presta como voluntario de acción para lo que se necesite en la Ciudad de México y otras partes afectadas del país, hasta las personas que invierten en la donación de víveres, ropa, medicamentos, dinero, etc. Debemos ampliar las muestras de admiración y respeto para la gente que emprende un rescate o un acto solidario.

 

Sin embargo, existen varias preguntas que podrían hacerse en torno a la conciencia colectiva de nuestro pueblo: ¿solamente en escenarios de adversidad, contra los fenómenos naturales, podemos organizarnos y replantear los temas que afectan nuestro tejido social y hacer frente a los problemas que nos aquejan?

 

¿Por qué los mexicanos no mostramos la misma faceta de colectividad e interés por nuestro pueblo, en momentos de defender el petróleo nacional contra las iniciativas saqueadoras de los grandes corporativos energéticos estadounidenses y europeos? ¿Por qué la misma organización que aparece en los albergues y centros de acopio, con gente de diversas clases sociales, tanto en intervención física como en recepción de ayuda, no es suficiente para organizar un movimiento general en pro de la mejora salarial, los derechos de trabajo y las condiciones de educación y salud para todos?, ¿por qué este apoyo nacional no lo podemos dar a los maestros, a los electricistas y a los mineros, en sus legítimas luchas en defensa de sus derechos laborales?

 

¿Acaso, citando al maestro Gustavo Cerati, despertaremos tolamente cuando pase el temblor? (Cuando pase el temblor, Soda stereo, Buenos Aires, Argentina, 1985,https://www.youtube.com/watch?v=F0iWc9LbHH0)

 

3)    ¿Por qué no exigimos condiciones seguras para volver a la diaria rutina, en zonas y edificios donde prevalecen daños y se corren riesgos? ¿Acaso no se puede programar la recalendarización de la actividad escolar? ¿Por qué es de urgencia para el gobierno cerrar las labores de rescate y acelerar los procesos de inspección con los órganos extranjeros y nacionales de protección civil? ¿Qué significa el teatro de la supuesta niña Frida Sofía? ¿Acaso les quema los pies a los miembros de la clase política nacional que las elecciones federales estén a la vuelta de la esquina?

 

Los mexicanos debemos tener la capacidad política para entender esos mensajes, que intentan mantenernos atados de manos y subordinados a la voluntad de los poderosos.

 

El ideal en estos momentos de gravedad es que se otorgaran como mínimo 15 o hasta 20 días, con goce de sueldo, sin consecuencias en los contratos de trabajo ni en las evaluaciones académicas, para los trabajadores o estudiantes que, por seguridad, no quieran presentarse a laborar ni a tomar clase.

 

Esta no es una invitación expresa al recreo ni a tomarse un ligero periodo vacacional aprovechando la crisis; es contribuir al regreso de la normalidad cotidiana de una manera segura, tranquila, sin el miedo y la ansiedad de lo que puede pasar en cualquier punto de la Ciudad de México y las provincias afectadas.

 

Imaginemos la estabilidad nerviosa y emocional de mucha gente, que vivió el terremoto frente a la computadora en el piso 12-13-20-26-33, etc. de esos edificios altos y ostentosos de Santa Fe, Polanco, Interlomas, Guadalupe Inn, Insurgentes Sur, Reforma y otras partes de esta metrópoli. ¿Darán ganas de presentarse a trabajar ahí en las actuales condiciones?, ¿qué podrían comentar los alumnos y docentes del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México, de volver a clase con dos estructuras de salones caídas, y el precedente de algunos estudiantes muertos?

 

4)    Los criterios modernos de urbanización en la Ciudad de México. El último de decenas de aspectos que podemos cuestionar, es el criterio de gentrificación y urbanización actual en la Ciudad de México: ¿quiénes desarrollan la construcción, en tiempos muy rápidos, de los edificios altos en esta urbe?

 

Vinculado al aspecto número 1 de este texto: ¿existen garantías para la gente?, ¿cuál es la naturaleza de los actuales permisos de construcción?, ¿quiénes los otorgan?, ¿existen vínculos “amistosos” entre las constructoras poderosas que trabajan en esta ciudad y los funcionarios de distintos órdenes de gobierno, encargados de los temas de vivienda y construcción?, ¿por qué prevalece tanto hermetismo y nosotros como habitantes no sabemos nada?, ¿acaso nuestro única aliada en estos escenarios sísmicos es la famosa alerta, previa a la llegada de un temblor?

 

Todavía podríamos plantear varios aspectos para la reflexión, en torno al fenómeno que nos atacó el martes pasado.

 

Un terremoto, no obstante su listado de consecuencias para cualquier lugar donde impacte, es gran oportunidad para generar la reconstrucción no solo material, sino social de cualquier país. La Ciudad de México, los estados de Morelos, Puebla, Tlaxcala, el Estado de México, Hidalgo, Oaxaca, Guerrero y Chiapas, están severamente dañados. Es tiempo de trabajo de reconstrucción, no de algarabía. Las cicatrices aun sangran y tardarán en sanar.

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