El terremoto golpeó fuerte, pero la ciudadanía respondió de igual forma

Por Érick Saldívar Rosales

Foto: Rivelino Rueda

El pasado martes 19 de septiembre un terremoto de 7.1 grados Richter pegó fuertemente a estados de la República como Puebla, Estado de México, Morelos y Ciudad de México. De la tragedia suman 360 muertos, cifra compartida en CNN en Español el día 30 de Septiembre.

Sin embargo como fuerte fue el golpe al país, su pueblo respondió de igual forma. El impacto social sobre esta catástrofe activó a una organización inmediata por parte de los ciudadanos.

La Ciudad de México fue una las principales ciudades donde los residentes contribuyeron (algunos todavía) como les fuese posible: levantando escombros, llevando víveres, repartiéndolos, dando atención médica y psicológica, contribuyendo con herramienta (palas, picos, mazos), dando indicaciones viales…

En fin, la utopía de fraternidad social se había quebrantado. Estas son algunas historias que son dignas de compartir.

Andrea Acosta, 21 años. Estudiante.

El día del sismo estaba con mi madre, mi abuela, mi bisabuela y mi hermana, ésta última se estaba bañando, así que esperé a que saliera para bajarnos juntas.

Mi hermana, cuando sale del baño, un mueble estaba a punto de caerse, así que decidimos bajar las escaleras. Sentía cómo se me iba a caer en cada paso que daba, pero logramos salir. Mi familia ya se encontraba afuera y el sismo no paraba. De repente se escuchó como una pared cayó en la esquina de mi casa. Y así fue, pertenecía a una construcción donde se encontraba una alberca dentro. Pasó el temblor y regresamos a mi hogar. No salimos en todo el día.

Al día siguiente, 20 de septiembre, fui a entregar medicamentos y víveres a San Gregorio, Xochimilco, sin embargo ya había mucha ayuda, así que sólo nos dejaron pasar los víveres.

Por ese día terminó. Pero el 21 siguió insistiendo en ayudar. Se reunió en UPIICSA con otros voluntarios (a ninguno conocía) para que de ahí se movieran en auto al estado de Puebla.

“Con este tipo de brigada me fui a Puebla, hicimos cuatro horas pero legamos al destino. Dejamos muchos víveres. Al estar allá me di cuenta que vivían de forma deplorable desde antes del sismo. Me ofrecieron comida pero no la acepté, no por mala educación, sólo porque consideré que ellos lo necesitaban más que yo.

“Al día siguiente también repartí víveres, pero ésta vez en lugares más cerca, como La Condesa. Estando en la Hipódromo se me ocurrió hacer otra brigada, pero ésta vez rumbo a Morelos. Fui a varios pueblitos, Jojutla, La Nopalera y Juitepec… En éste último removí escombros, repartí víveres y alimentos. Los demás voluntarios nos daban comida y agua. Ahí nos quedamos hasta las 8 pm”.

Carlos Edmundo, 34 años. Arquitecto.

El día del sismo realizamos acopio emergente de tres de la tarde a siete de la noche en Aragón. De ahí me fui al edificio de Coquimbo en Lindavista. El acceso era restringido, por lo que nos movimos a Medellín (colonia Roma), sin embargo, nos desalojaron porque había ‘emergencia química’, por lo tanto me fui junto a otros compañeros a la glorieta La Cibeles. Ahí hicimos recepción y carga de acopio.

Nos llegó un rumor que por Alberca Olímpica se necesitaba ayuda. Mientras íbamos para allá repartimos cobijas a personas que se encontraban en la calle. Al llegar a la alberca nos dimos cuenta que la información que nos compartieron era falsa. Así que nos fuimos al lugar más cercano que fue dañado, que eran en las calles Gabriel Mancera y Escocia, donde pudimos apoyar hasta que el Ejército sacó a los civiles.

Después me llegó un mensaje que en Taxqueña y Tlalpan necesitaban manos urgentemente, así que decidimos ir y al llegar nos verificaron que en el cruce de Santa Ana y Escuela Naval solicitaban apoyo. Llegamos y eran pocos los voluntarios, por lo que nos quedamos tres horas en el lugar. Regresamos a La Cibeles alrededor de las seis de la mañana y nos comunicaron que en Álvaro Obregón 286 solicitaban apoyo de obra, mas nos citaron para el día siguiente.

Carlos platicó que estuvo donando su equipo de trabajo en los puntos donde llegaba. Alrededor de 60 herramientas fueron donadas, de las cuales completan palas, picos, barretas, cinceles, marros, martillos, una extensión y una rompedora. “Se la llevó sabiendo que no iba a volver”.

También criticó las construcciones de la Ciudad, catalogándolas de “estar construidas con las nalgas”, donde la mayoría de la población deciden hacer un inmueble con “un maestrito” que con un arquitecto certificado.

También en una charla con un colega se mencionó que 4 mil inmuebles fueron dañados, de los cuales 600 aproximadamente ya fueron analizados y de ellos, 400 deberán ser demolidos.

Chrystian Fernández, 34 años. Coordinador de eventos culturales.

El 20 de septiembre Chrys decidió salir a la calle para aportar con sus manos como fuera posible. Así que decidió implementarse en el puente de Medellín que cruza Viaducto.

“Ese día se empezaba a establecer un centro de acopio. Llegué el miércoles por la noche y vi que toda la organización fue civil con ayuda del Ejército. Ahí estuve metido desde el miércoles en la noche hasta el domingo. Te puedo decir que el 90 por ciento de la ayuda fue civil con apoyo de las autoridades.

“No me he cansado de decirlo, de agradecer a las autoridades que nos apoyaron. Primeramente iban a resguardar el edificio que colapsó en Torreón y Viaducto, pero conforme se fue formando el centro de acopio, el tenientel Díaz y el general Miguez nos brindaron todo el apoyo posible. Estuvieron ahí cuidando los víveres, la ropa, las herramientas, a nosotros…Estuvieron incansables ahí con nosotros.”

En la actualidad Chrystian incrementó 200 contactos más en su agenda e inclusive pertenece a nueve  grupos en whats donde se siguen comunicando los voluntarios de la zona. También comentó que con la aplicación Zello los comunicaban en tiempo real (Zello es una app de wlakie tokie que no tiene costo alguno y se puede comunicar en tiempo real).

“Los que nos encargábamos del turno nocturno éramos entre el 80 y 90 por ciento de gente que se dedica a la producción de eventos culturales y de espectáculos. Para nosotros era un ‘llamado largo’, ya estamos acostumbrados a chingarle.”

Reafirmó que los seis días que se mantuvo en ese punto no recibieron absolutamente nada del gobierno, más que el apoyo de los soldados y policías locales.

“Se va volviendo un experimento social de ver como el sismo saca lo mejor o lo peor de ti… Ahí en el primer día, por la noche, me quedé responsable del punto de acopio con tres o cuatro personas más, que a la fecha están incansables. Personas con cabeza fría y con organización y vocación de servicio que estuvo ahí partiéndose la madre conmigo, cinco o seis fuimos los que controlamos esos seis días el puente.

“Por ahí del sábado entramos en una frustración colectiva muy fuerte, porque mandábamos kilos y kilos de ayuda y no abastecían todos los lugares afectados.”

El  teniente Carlos Díaz se encargaba de vigilar que los voluntarios cumplieran con responsabilidad la labor social y que no se abusara de la ayuda. Le preguntó a Chrys que cuánta ayuda había proporcionado, y Crhystian respondió: “Mire general, de toda mi vida haber llenado trailers, tenemos aproximadamente 700 u 800 toneladas en total” por los seis días que estuvo activo en el puente de Medellín y Viaducto.

“Hicimos absolutamente todo lo que pudimos pero esa impotencia de mis amigos y ahora familia de saber que nos partimos la madre y ver que no llegó nada de lo que mandamos, o que a lo mejor que lo que mandamos no fue suficiente, es desgarrador”.

Chrys cuenta que llegó a estar 41 horas despierto y que todos en ese puente, que se convirtió en uno de los principales centro de acopio, también descuidaron su integridad física y mental. Algunos de los voluntarios quienes serán mencionados se enfrentaron a lo que Chrystian vivió esos días. Carlos Diez, Rafael Flores, Samuel Cárdenas, Lex y Michelle García y Karen Cetina, entre otros.

En la actualidad Chrystian invirtió sus ganancias en un local restaurante, el cuál fue abierto una semana antes del temblor. Hoy ha regresado a levantar su negocio, sin embargo se ha quedado solo. Sus empleados renunciaron, su comida (por obvias razones) se encuentra putrefacta y no cuenta con el capital suficiente para rescatar su local por convertirse en voluntario y saber que no recibiría nada a cambio. Su restaurante se llama “Down Town” y se encuentra en Nicolás San Juan 458 Local A, entre Xola y Romero de Terreros.

En un futuro, él y un amigo que conoció el sábado 22 en el centro de acopio, acordaron hacer una S.A.P.I o una ONG para “capacitarnos y prepararnos para éstos siniestros”. Su objetivo es enseñar sobre logística, organización, rapel, primeros auxilios, asistencia médica de primer nivel.

 

Izcoatl Arce Arreola, 38 años. Comerciante.

“Empecé a ayudar el 20 de septiembre en la zona cero Eugenia y División del Norte. Ahí empecé a llevar hidratación a los brigadistas y después ejercí como coordinador… Mi función era formar a los brigadistas, que en todo momento fueron voluntarios, y checar que todos tuvieran botas con casquillos, cascos, chalecos y guantes, si no contaban con eso se les daba en préstamo el equipo. Se les vacunaba contra el tétanos y se les hacía chequeo médico al entrar y salir de la zona”.

Comenta que en ese punto se pudieron detectar alrededor de 20 mil voluntarios, algunos de entrada por salida, como aquellos que llevaban comida, cobijas, medicinas… También entre los contados enumeraban médicos.

“En esta zona sí se encontraron personas con vida, al igual que perros. Lamentablemente el número de finados (muertos) no lo tenemos ya que el gobierno jamás manejó cifras exactas. Nos sacaban cuando encontraban un cuerpo…”

Izcoatl también fue al estado de Morelos a tratar de ayudar y esta fue su experiencia:

“En Morelos fue devastador ver como el terremoto dejó muchos muertos y gente sin hogar, la mayoría niños. Llevamos comida, agua, ropa y juguetes. Apoyamos en la remoción de escombros, también salimos como brigada médica a recorrer a pie en zonas aledañas. Juntamos medicamentos y enfermeros y médicos se encargaron de los enfermos. Atendieron un promedio de 200 personas, la mayoría con diabetes.”

También se dio cuenta que la ayuda que mandaba la ciudadanía no era bien ocupada, ya que el gobierno, asegura Izcoatl, se “robaba” la ayuda. También denunció que integrantes de la Cruz Roja Mexicana llegaba a los puntos clave, se tomaban una foto, regalaban un poco de lo que traían, y se iban.

Incluso Izcoatl charló con un señor que vive en Tlaltizapan (poco antes de llegar a Jojutla) y declaró que la ayuda que han ido a dejar algunos voluntarios les fue arrebatado por el gobierno local, donde el presidente municipal “empaquetaba” la ayuda y la subía para Santa Rosa, donde, asegura, “llegaban a la casa del presidente”, ya que su vecino Carlos, segundo al mando, le platicó que “subían los víveres por mando del mismo presidente”.

Artículos relacionados