Tradición académica estadounidense detrás de Trump

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

En días recientes ha comenzado una guerra comercial aún no declarada oficialmente entre Estados Unidos y los miembros del TLCAN: México y Canadá así como con la Unión Europea.

Las disputas geopolíticas empiezan a ser más grandes y amplias para los estadounidenses. Esto también dibuja categóricamente el modus operandi del nuevo cotejo internacional llamado neonacionalismos vs. globalistas.

Ante este contexto, a la saciedad en este y miles de espacios de reflexión teórico académica y periodística del mundo, se ha mencionado que las políticas que están detrás del plan económico de Donald Trump son basadas en una idea del nuevo nacionalismo económico estadounidense, mediante el discurso del America First, estrechado ampliamente con el supremacismo nacionalista WASP.

Sin embargo no está de más revisar qué aspectos de raigambre teórica y académica, sobre todo en la formación universitaria del Presidente Trump, se ocultan detrás de las acciones que este pone en la mesa de su poder ejecutivo.

Primero que nada no debemos olvidar que el presidente norteamericano es economista, especializado en áreas financieras generales y el emprendimiento de negocios, con una tradición académica de la cual provienen muchos emblemáticos funcionarios y cuadros técnicos  del área de economía y de los negocios globales, en torno a los planes y programas de estudio vinculantes entre la Universidad de Fordham, que si bien es privada, pudiéramos relacionarla en México con la Universidad Iberoamericana, con proyectos escolares gestados desde la orden de Jesús (una Universidad Jesuita como tal), establecida en Nueva York, y también la escuela de negocios de Wharton, perteneciente a la Universidad de Pensilvania.

Esta última pudiese ser considerada como un auténtico nicho de promesas, emprendedores pero sobre todo cuadros práctico funcionales muy eficientes para los negocios vinculados al ramo industrial y comercial así como los ramos de turismo y de alta tecnología, todo en torno al esquema de los magnos proyectos empresariales que históricamente se han desarrollado en el corredor oriente de Estados Unidos.

No se puede dejar pasar por alto que para la época en que Donald Trump culminó sus estudios, prevalecía otro discurso nacional en Estados Unidos, aún se hablaba de pujanza interna, de desarrollo económico de sectores reales y comerciales del interior de aquel país, de progreso industrial trascendental, de generación de alto valor agregado, etc.

Bajo el contexto anterior pudiéramos pensar que el cuadro político que en sí reivindica Donald Trump representa tradiciones académicas, empresariales y sociales vinculadas a un guión nacionalista en toda la extensión de la palabra.

¿Son los estadounidenses la carta de presentación más clara de la victoria progresiva que el mundo va teniendo contra el neoliberalismo global?

 

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