El triste estado del periodismo en México

“Periodismo es publicar

lo que alguien no quiere que publiques,

todo lo demás,

son relaciones públicas”.

George Orwell

Por Sebastián La Mont

Fotos: Edgar López (Archivo)

¿Sabías que existen al menos 16 definiciones de “periodista” en las leyes mexicanas?

Al empezar este ensayo con una pregunta que podría aparecer en un manual de “leyes y periodismo para tontos I”, no es mi intención banalizar la situación a través de una pregunta de trivia, sino más bien es por destacar la situación que enfrentamos los periodistas en un país sumamente hostil a la prensa.

Creo que es importante mencionar que mi romanticismo por esta profesión no es un sueño utópico de valentía novelesca, sino el análisis de un mundo actual que ha ayudado a moldear el periodismo y viceversa, porque generalmente la última línea de defensa entre un pueblo al que han fallado las instituciones y sistemas de gobierno, o que sufre a manos de corporaciones que anteponen la avaricia a la vida humana, es precisamente un periodista.

¿Somos víctimas?

Si bien es cierto que en los últimos años con el inicio de la guerra contra el narcotráfico la violencia física y las intimidaciones se han llevado la vida de varios compañeros, también es real que debemos hacer un ejercicio de autocrítica en cuanto a las instituciones de periodismo y periodistas mismos se refiere.

No somos un gremio unido. Cuando a Carmen Aristegui la corrieron de MVS se armó un foro de periodistas, quienes también trabajaban enMexicoleaks, excusa de la empresa de radio para terminar su contrato. Entre todos los destacados invitados, de los cuales solamente recuerdo a Ricardo Raphael y a Daniel Moreno. Es este último a quien quiero señalar por su calidad no solamente de periodista, sino también por ser dueño y director de Animal Político.

Tuve la oportunidad de preguntarle “¿por qué no existen asociaciones sindicales, uniones laborales o alguna otra forma de agrupación para protegernos entre nosotros mismos?” No solamente fue el hecho de que algunas personas se rieron de mi cuestionamiento, sino la respuesta del sr. Moreno. “En mi caso qué bueno que no existen porque me costarían mucho dinero”.

Esto implica que la defensa del periodismo se reduce a que el asesinato de un compañero, el ataque a las instalaciones de un periódico o las constantes amenazas a comunicadores son un buen encabezado de nota, razón para sentirnos indignados, pero no un llamado a la acción ya que eso afectaría la solvencia económica del medio como empresa.

El gobierno mexicano es a todas luces flojo y torpe, y no va a llegar a salvar el día, y los periodistas no estamos dispuestos a ayudarnos a nosotros mismos. ¿En serio alguien espera resultados positivos del atlas de riesgos que está elaborando la Secretaría de Gobernación? Díganme incrédulo, pero yo no lo creo.

El primer lugar en donde deberíamos estar exigiendo que se respete nuestra profesión no es ante las instancias burocráticas, llenas de policías y políticos que prometen un puente cuando ni siquiera hay río, como diría Nikita Krushev, son las empresas para las que laboramos, y decirle a jefes como Daniel Moreno que nuestras asociaciones periodísticas van, quiera o no, para asegurar una integridad en nuestro trabajo y también darnos seguridad y apoyo.

No estoy diciendo que un sindicato periodístico sea la solución a todos nuestros problemas, sobre todo con la trágica y corrupta historia de las uniones laborales en nuestro país, pero tiene que haber algo más que podamos hacer al respecto y eso empieza en las redacciones, no solamente cuando matan a otro compañero, porque cuando se termine por normalizar la violencia, vamos a voltear para descubrir que no hemos hecho nada más que decir: “Chingada madre, ya balearon a otro”.

Las iracundas masas

Al pueblo mexicano no le faltan razones para estar enojados, me sumo a ellos, sobre todo cada vez que abro un periódico y me pongo a ver que el país sigue igual de mal que el día anterior, o tal vez tantito peor, sin embargo, también han llevado a concebir a la prensa como el enemigo y ninguno de los compañeros periodistas está a salvo. No se tiene que ser el reportero de la fuente de narcotráfico, que con mísero sueldo y ninguna forma de protegerse a sí mismo o a su familia, para ser agredido.

Ejemplo rápido es cuando el entonces director técnico de la Selección Mexicana, Miguel “El Piojo” Herrera, no pudo soportar los comentarios críticos del comentarista deportivo Christian Martinolli, y en cuanto lo vio se sintió con todo el derecho del mundo de golpear al periodista.

Reducir este evento al carácter explosivo del Piojo es un error con el que me he topado antes, porque es una característica básica de lo que la gente opina en México de la prensa: “Cuando no me gusta algo que dicen tengo derecho a usar la violencia en contra de ellos”.

¿Cómo difiere este evento de cuando el repugnante ex alcalde de Silao, Guanajuato, Enrique Benjamín Solís Arzola, envío al Secretario de Seguridad Pública a golpear a la periodista Karla Silva? Solamente en que Solís fue un cobarde y no se atrevió a ir a golpearla él mismo.

Porque te aman cuando dices cosas que le parece al público, pero al instante en que dices algo que no les agrada o eres un “periodista chairo” o eres “un vendido”. Nada mejor para probar este punto que los rabiosos fanáticos de Andrés Manuel López Obrador cuando alguien crítica al “gran líder”, o en cómo se refiere toda la derecha del país a periodistas como Carmen Aristegui, Jenaro Villamil o San Juana Martínez, etcétera.

¿Se supone que publiquemos nada más lo que ellos quieran leer o que busquemos la verdad? Creo que no le queda claro a la sociedad que los hechos y las opiniones son cosas distintas y, a pesar de los múltiples errores que hacemos como prensa, me viene a la mente el caso de Frida Sofía, porque ahí la metida de pata fue generalizada de los medios de comunicación. No se está analizando el problema de la prensa en sus fondos, sino en sus formas.

Nota del autor: Si quieren mejor prensa, también estén dispuestos a pagar por ella, porque los subsidios de gobierno que mantienen a prácticamente todos los medios de este país es la única forma en la que sobreviven muchos medios de comunicación. No se pueden descubrir grandes historias cuando ni siquiera hay para pagar nóminas. Somos periodistas, pero también somos trabajadores.

 

El Gobierno que brilla por su ausencia

Las dos instituciones más inútiles en este país son la Secretaría de la Función Pública y la Procuraduría General de la República, aunque hay otras que se me ocurre van que vuelan para caer en esta categorización mía. Realmente no pasaría gran cosa si por arte de magia desaparecieran las dos ya mencionadas.

Pero centrémonos en la PGR, que ha creado un órgano, la Fiscalía Especializada para la Atención de Contra la Libertad de Expresión (FEADLE), que se gasta millonadas en resolver .4 por ciento de los casos que le llegan, o sea, que son 99.6 por ciento inefectivo, o sea que da prácticamente igual que la hayan constituido, porque no es más que una pantalla para fingir que las autoridades no se están rascando el ombligo, cuando los datos muestras que sí lo están haciendo.

Espero hayan disculpado mi incredulidad anterior, ahora perdonen mi cinismo, pero no me siento particularmente seguro cuando esas son las autoridades que cuidan la libertad de prensa.

Al gobierno no le conviene un periodismo crítico e independiente que se atreva a alzar la voz por los ciudadanos porque la existencia de este súper organismo depende exactamente de lo contrario, que nadie se informe de las porquerías que cometen día a día. Es como decir que tal o cual político, que tal o cual programa y que tal o cual instancia van a curar la pobreza. Eso no puede suceder porque dependen del hambre y la miseria para perpetuarse en el poder todos los partidos políticos mexicanos.

Aquí me gustaría mencionar a los periodistas que están tan en la cama con el Estado que uno ya no puede distinguir entre los dos y por eso no los mencioné más arriba cuando critique a la prensa misma. Sigan haciendo lo que hacen, porque obviamente ser vocero de Presidencia no es tan redituable como mantenerse en la línea de la ética periodística y la dignidad de la profesión está sobrevalorada.

Y ya en los estados ni nos fijamos, porque con iniciativas como la “Ley Borge” es mejor decirles a los gobernadores que no intenten hacernos más favores.

¿Qué hacer, qué hacer?

Tomar el ejemplo de Moisés Sánchez, asesinado en Veracruz; de Miroslava Breach, asesinada en Chihuahua, y a quien tuve el gusto de conocer brevemente en mi estadía como trabajador en La Jornada; a Javier Valdez, asesinado en Sinaloa, que aunque nunca lo conocí por el medio en el que trabajamos, también lo considero compañero, y asegurarnos de que no hayan muerto en vano junto con los más de 100 periodistas que han sido ultimados o desaparecidos desde el año 2000 en el cumplimiento de su deber. Seguir luchando y comprender que aunque las vigías y las marchas son útiles e inspiradoras, es el arduo trabajo de los periodistas una de las razones principales por las que este pobre remedo de país aún no colapsa.

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