Una llave y un antebrazo a la lucha diaria

Por Jesús Tavera Vásquez

 

Uno de los deportes que han ganado gozado de gran popularidad y que se relacionan inmediatamente con nuestro país es la lucha libre, un espectáculo único en su tipo, donde la representación del bien y el mal a través de personajes extraordinarios toma lugar sobre un cuadrilátero.

 

Héroes de carne y hueso se enfrentan en las distintas arenas de México obteniendo el grado de ídolos para miles de personas que siguen este deporte, y quienes ven a muchos luchadores como un ser inalcanzable, sin ni siquiera pensar que bajo esas máscaras y equipos coloridos se encuentra un ser humano común y corriente, una persona que es igual de sensible ante el dolor, alguien que después de cada encuentro tiene problemas similares a los de una persona común.

 

La lucha libre es un arma de doble filo. A muchos les ha dado grandes glorias, tanto emocionales como económicas, pero aunque uno se encuentre con una gran preparación. “Doña Lucha” también es traicionera, cuando menos se lo espera, una lesión se puede presentar, ésta puede ser ligera o letal.

 

Pocos son los gladiadores que entienden y viven algo de esto, ya que  muchos se ven cegados por la fama y el dinero que la lucha les deja, al grado de que lo hacen con ambición y olvidando el respeto con el que empezaron a practicar el deporte del costalazo.

 

Infinidad de historias se conocen entre los pasillos de los vestidores de las distintas arenas donde se repite el mismo patrón. “X” luchador que entrenaba diariamente, contaba con un buen físico, aseguraba que nada malo le pasaría, pero un día una lesión se hizo presente y cortó de tajo su ascendente carrera. Fue pasando el tiempo hasta que quedó en el limbo de la memoria de la afición y de la lucha. 

Tres historias de lucha diaria, dos ya muy ubicadas por la afición luchística, una desconocida por muchos, ya que se ha mantenido en el anonimato y que probablemente represente una batalla mayor.

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La primera,  se ubica en pleno corazón de la Colonia Doctores de la Ciudad de México. Un puesto de lámina en la banqueta de la calle Doctor Carmona y Valle, el cual cuenta con una larga fila de personas que esperan por varios minutos o incluso horas para poder pedir su orden. 

En este lugar se pueden observar todo tipo de personas a la espera, destacando algunos personajes por su singular aspecto físico, ya que su musculatura y altura sobresalen por encima de algunos oficinistas, que también se encuentran en la fila. 

Durante la espera, comentarios alusivos a la lucha libre mexicana se escuchan de manera abundante, tanto entre los comensales, como en los encargados del negocio y los clientes que aguardan su comida, lo cual denota un gusto en común para los que asisten a este local para degustar sus alimentos. Esto se da en los afamados arroces del ex luchador José Guadalupe Fuentes, mejor conocido como “Baby Face”.

Con más de dos décadas de existencia y todos estos logrando satisfacer a miles de comensales, estos famosos arroces que tienen como base el arroz frito tal como se prepara en Japón, pero con un toque mexicano al ponerle pollo, res, champiñones, queso, salchicha, chuleta o inclusive mariscos los días jueves y viernes.

 

“Todo inició por una gira que hice a Japón cuando aún luchaba en la Arena México y siempre me había llamado la atención la comida, principalmente la japonesa por su sabor y porque me sorprendía el higiene que tenían al momento de cocinar” comenta Baby Face respecto a los inicios de este negocio.

 

Baby Face trataba de aprovechar todo el tiempo que se encontraba de gira por el país oriental ya que quería aprender su gastronomía, el luchador que más lo apoyo durante ese tiempo fue “Kuroneko”, luchador mexicano que conocía a varios dueños de restaurantes nipones y que metía a “Baby Face” hasta la cocina para que le enseñaran.

 

Tras poco más de 30 años de carrera en los encordados, “Baby Face” optó por retirarse del cuadrilátero en el año 2000, pero nunca pensó que  estos cursos le servirían años más tarde ya que la venta de este arroz se convertiría en su nueva forma de vida.

 

Después de una sociedad fallida en el ámbito restaurantero, “Baby Face” seguía con la idea de emprender un negocio para tener un sustento económico, por lo que pensaba comprar un terreno para utilizarlo como estacionamiento, además de comprar dos placas para usarlas como taxis, pero la comida era un ámbito que parecía estar destinado para el.

 

“Mi compadre “Baby Richard” me dijo que un amigo suyo estaba vendiendo este puestito en la calle, al inicio me hacía el difícil y le decía que no tenía dinero y que si lo compraba me tardaría mucho en pagarlo, pero eso no le importó al dueño y finalmente lo compré. Empecé vendiendo huaraches y gorditas, con eso me di a conocer” relata.

 

Pero a pesar del rico sabor de los huaraches, fue su sazón único en el arroz lo que le dio una segunda oportunidad de crecimiento en su negocio.

 

“Yo tenía una vaporera chiquita que había comprado en Japón y me la traía para prepararme arroz, pero era sólo para mi. Un día llegó mi ahijado “Scorpio Jr” vio mi plato y me dijo si le podía preparar uno porque se le antojaba. Le dije que sí, quedó fascinado y desde ese día empezamos a venderlos ya que la gente también empezó a solicitarlo, es por esa razón que el plato de arroz con el que iniciamos se llama justamente así, “Scorpio Jr”, asegura “Baby Face”.

 

Otra de las cosas características de este lugar es el nombre que reciben los distintos platillos de arroz ya que todos tienen nombres de luchadores de todas las épocas de este deporte en México tales como “Perro Aguayo”, “Blue Demon”, “Baby Richard”, “Shocker”, “Okumura”, entre otros; ya que de acuerdo a “Baby Face” los mismos luchadores le dicen que ingredientes usar y el les pone su nombre para que recuerden quien inventó esas combinaciones.

 

De igual modo acepta que la fama que obtuvo como luchador  ayuda en su negocio.

 

“Nos ha ido bien porque conozco a muchos, sino es que a todos los luchadores estrella, aquí vienen varios de los muchachos, de las nuevas generaciones, pero también algunos legendarios, y les agradezco mucho que vengan, muchos comensales tal vez no se imaginan que chance están comiendo a lado de alguno de sus ídolos, pero eso a veces no lo sabrán ya que siempre vienen de incógnitos, pero además nuestra hechura es muy buena, nuestros guisados son vastos, con un solo plato pueden comer hasta dos personas” agrega.

 

“Estoy en la calle, pero no soy de la calle”, finaliza “Baby Face”, quien además presume que su negocio es de calidad, excelencia y donde a comparación de muchos negocios de comida,  se sabe tratar como se debe  a la gente.

 

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La segunda historia tiene lugar en el parque de San Juan #7, a escasos pasos de la mítica “XEW”. Un local de tamaño considerable que, apenas uno da unos cuantos pasos adentro, se puede respirar un ambiente 100% de lucha libre.

 

Del lado izquierdo de la puerta principal, un mueble con aproximadamente 60 máscaras, playeras de distintos luchadores colgadas a los costados y prácticamente toda la pared tapizada con imágenes de gladiadores de las distintas épocas de la lucha, además de una pequeña vitrina que llama la atención de todo aquel que pasa cerca del lugar y donde se exhibe un baguette de aproximadamente 40 centímetros de largo y que tiene ingredientes para lograr un peso superior a los 2 kilogramos.

 

Un monstruo de la gastronomía que indica que se ha llegado a “Tortas Súper Astro”.

 

Los clientes, en su mayoría aficionadas a la lucha libre, se encuentran degustando varios de los platillos que sugiere la amplia carta de este lugar. Entre los meseros destaca uno en especial, en sí no por su tamaño, ya que es alguien que no supera el metro con 55, pero que su cuerpo fornido inmediatamente indica que es el titular del lugar. Sin duda alguna es el apodado aerolito humano, “Súper Astro”.

 

“Cuando luchaba más, al igual que muchos, tenía esa satisfacción de decir que pertenecía al grupo de estrellas de la lucha, que salía en la tele y revistas, pero para mi buena suerte muchos luchadores más viejos siempre me decían que pensara en un futuro, ya que en mis buenos años era de esos que arriesgaban de más para agradarle al público”, recuerda “Súper Astro”.

 

El gladiador, originario de Tijuana, Baja California, rompió esquemas en la década de 1980, ya que a pesar de su baja estatura es considerado uno de los pioneros de la lucha aérea. No importaba que sus rivales le sacaran más de 30 centímetros de altura, él no se achicaba y con movimientos extraordinarios lograba superarlos, es por esto que logró gran renombre.

 

“Mi familia, desde que yo recuerdo, estuvo involucrada en negocios de comida, era algo común para mi, por lo que desde niño decía que cuando tuviera dinero pondría mi ‘changarrito’. Siendo aún joven y con muy poco en la lucha, emigré a Los Ángeles, donde trabajé en un negocio de comida rápida y pude obtener unos ingresos los cuales comencé a ahorrar, ya después regresé a México y me hice famoso luchando, por lo que también empecé a ganar buen dinero”, comenta el originario de Tijuana.

 

Fue hasta mediados de la década de 1990 cuando “Súper Astro” se decidió a abrir su propio negocio. Optó por asociarse con uno de sus grandes amigos dentro de la lucha, como lo era “Baby Face”, y es así como se abrió en la calle de Pescaditos, casi esquina con Luis Moya, en el centro de la Ciudad de México, la tortería y cafetería “El Cuadrilátero”, el primer negocio hecho para aficionados a la lucha libre.

 

“Desde el inicio fuimos un éxito rotundo ya que en la inauguración fueron grandes estrellas de la lucha libre como “Mil Máscaras”, “Blue Demon”, “Solar”, “El Satánico”, entre otros, además de que ese mismo día se inventó la mega torta Súper Astro, ya que “Ari Romero” me pidió de comer. Ya muy tarde y para su mala suerte habíamos tenido tanta gente que ya se nos había acabado el pan. Cuando hablé a la panadería me dijeron que sólo tenían baguettes, entonces me las llevaron y le pedí al cocinero que le metiera todos los ingredientes, esto para joder a “Ari”. Cuál fue mi sorpresa que no sólo llamo la atención del luchador, sino también de los comensales que, a partir de ese momento, la empezaron a solicitar”, recuerda “Súper Astro” respecto a uno de los alimentos más solicitados en su negocio.

 

Después de unos problemas con su sociedad, el negocio se traspasó a Luis Moya casi esquina con Ayuntamiento, donde él estuvo encargado hasta 2009, pero a raíz de su divorcio, su esposa se quedó con el local y “Súper Astro” tuvo que pensar en qué haría.

 

“Yo desde el 2004 empecé a alejarme de los cuadriláteros porque ya las lesiones me empezaban a molestar, principalmente las rodillas, porque como volaba mucho era lo que más me fregaba, entonces para ese tiempo ya casi no luchaba y mis ingresos en su mayoría eran de la tortería”, relata “Súper Astro”.

 

El “aerolito humano” no se dejó vencer y empezó prácticamente desde cero un nuevo negocio de tortas. Se ubicaría igual, en la calle de Luis Moya, pero ahora esquina con Arcos de Belén. En ese punto estuvo por 5 años hasta que logró tener el suficiente dinero para lograr rentar un espacio más amplio en el parque de San Juan y donde está próximo a cumplir 3 años.

 

“Afortunadamente nos ha ido bien. No digo que tenemos éxito siempre, ya que al igual que todos hay días buenos y días malos, pero no me puedo quejar. Lo bueno es que la gente ya me conoce, ya ubican mi sazón y en los tres lugares que he estado ahí me han seguido”, dice gustoso.

 

“Super Astro” considera que, al igual que él, muchos luchadores deberían tener o mínimo hacerse a la idea de tener un sustento para el futuro, ya que a veces las lesiones los sorprenden y muchos ni siquiera ahorran para cuando estén en una edad avanzada.

 

“Yo no me considero un ejemplo para mis compañeros luchadores. Lo único que puedo decirles es que hay que chingarle porque para todos está difícil, pero los luchadores la tenemos más difícil”, finaliza “Súper Astro”.

 

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La tercera y última historia se ubica en un contraste con las dos anteriores. Es en Ciudad Nezahualcóyotl, ya en los límites con Iztapalapa. Un lugar un poco alejado de los congestionamientos urbanos y que difícilmente se pensaría está ligado al deporte de los costalazos, a pesar de que ese municipio es cuna de una cantidad exagerada de luchadores profesionales.

 

Una pequeña construcción en pleno camellón, con las paredes de color verde y escrito en color naranja “Mofles El Brother”, teniendo de clientes casi siempre varios camiones o autos antiguos que parecen poco se les puede arreglar.

 

Gritos como “¡Ese mi lobito cómo está!” se escuchan frecuentemente, o muchos de los que pasan cerca bajan su ventana para saludar al dueño del lugar, una persona de cerca de 50 años, regordete, y que uno pensaría hace de todo menos ejercicio.

 

Pero para sorpresa de muchos es uno de los grandes ídolos locales Neza y que, hasta la fecha, es de los pocos luchadores que a pesar de no salir en la televisión, siempre se les pone al tú por tú a las grandes estrellas del deporte.

Se trata del legendario “Rey Lobo”, demostrando su amplio repertorio luchístico, ya que cuando un famoso lo quiere humillar, esto es lo que menos logra.

 

“Muchos ni siquiera saben que yo soy el “Rey Lobo”. Aunque me conozcan así, como el Lobo, tal vez piensan que es un sobrenombre común, pero prefiero que así se quede porque uso máscara y me gusta cuidar mucho esa identidad secreta, esa magia que tristemente se ha perdido en mi querida lucha”, señala el ídolo de Ciudad Neza.

 

“Don Pepe”, como también se le conoce, tiene más de 25 años con este negocio de mofles, el cual lo ha ayudado a mantener a su extensa familia que consta de 4 hijos en su primer matrimonio y 2 en el actual.

 

“Cuando yo tenía como 22 años, luchaba en la Arena México y aparte era de las estrellas de aquí de Neza. La verdad ganaba muy buen dinero y vivía más fácil porque trabajo no faltaba. Aunque anduviera en giras, el pago era muy bueno, y como yo era de los que jalaba gente me podía poner mamón con mis cobros, pero no todo es para siempre. La lucha, como todo, empezó a bajar y conforme avanzaban los años la cosa se ponía mas cabrona”, relata “Rey Lobo”.

 

Desde joven le llamó la atención lo relacionado a los autos y debido a que por cuestiones económicas no pudo concluir sus estudios, el haber trabajado en distintos talleres mecánicos durante su juventud le ayudo a conocer el medio de trabajo. Fue así que, cuando era aún muy joven, pero ya con algo de dinero ahorrado gracias a la lucha libre, decidió abrir su pequeño taller.

 

“Yo ya ganaba mis varitos, y a pesar de que ya tenía esposa y 2 hijos que mantener, quería abrir mi tallercito. Para mi buena suerte encontré este pequeño local, el cual antes era uno de esos congales de mala muerte, pero un día les cayó la policía y corrió a todas las putillas que aquí trabajaban. El dueño lo que quería era deshacerse de esto y le urgía venderlo, por lo que me lo dejó a un precio casi regalado y así comenzó este negocio”, recuerda entre risas el luchador.

 

El negocio comenzó a crecer y una mala racha en el negocio de la lucha libre, en la zona, a principios del año 2000, debido a que la mafia se involucró en la legendaria “Arena Neza”, obligaron a “Rey Lobo” a involucrarse de tiempo completo en su taller, donde comenzó a tener una cantidad considerable de clientes, quienes lo recomendaban con sus conocidos. Es por esa razón que siempre tiene trabajo.

 

Sin embargo, la lucha no la podía dejar del todo. Con los ingresos que le dejó su negocio y con el conocimiento en el oficio de la herradura, decidió emprender otro proyecto, la renta y fabricación de cuadriláteros de box y lucha libre.

 

“Quien mejor que un luchador para hacer un ring. Yo sé qué se le debe poner y qué no para que uno no se lastime. Creo que los hago bien porque de los dos que son míos, los rento varias veces a la semana, además hago varios al año. Uno de los que más lejos han llegado fue el que le vendí a “Blue Demon Jr” y que se lo llevó a una gira en Alemania. Fue un proyecto que gracias a Dios, al igual que mi taller, pegó, y aunque ya casi no lucho porque hoy en día muchos promotores se manchan conmigo y a veces no me quieren pagar bien, porque no soy la gran estrella, de vez en cuando me sigo dando unos azotones cuando traigo ganas de luchar”, menciona orgulloso el gladiador.

 

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Lamentablemente pocas historias similares a estas se pueden contar en el gremio de la lucha libre. Son más comunes aquellas en las que se hace ver la desgracia de los que en alguna época fueron ídolos y que recurren al apoyo de sus compañeros, o en última instancia al público que los siguió para poder salir adelante en el día a día.

 

A veces llegan a este grado por una lesión, otros por culpa de los vicios o problemas personales, pero sin duda alguna, “Baby Face”, “Súper Astro” y “Rey Lobo” son claro ejemplo de luchadores que aplican una llave y un antebrazo a la lucha diaria.

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