Unidad Tlatilco se cae a pedazos, pero delegado en Azcapotzalco opta por hacerle un mural al “Cuau”

Por Ixca Cienfuegos

Fotos: Cortesía

El conjunto habitacional es igual que muchos otros de la Ciudad de México, sólo que éste tiene la peculiaridad que vio nacer al “último héroe de barrio” en materia deportiva que ha dado el país. “El Cuau es de Tlatilco”, deja en claro uno de los habitantes de dicha Unidad, enclavada en el norte de la ciudad.

Los 44 edificios de tres niveles de tabique rojo que datan de más de 60 años, vieron dar los primeros pases de fútbol  al hijo prodigo tlatilquense, que posteriormente alzó su primer trofeo futbolero con el equipo Impala de la colonia de a lado, la Victoria de las Democracias.

Los dos principales pasillos por donde se recorre la Unidad son angostos y están llenos de mierda de perro de varios días. Se tienen que esquivar para no embarrarse. El olor fresco de una de ellas causa náuseas y apresuro el paso. Las pequeñas  áreas de juegos, las jaulas para tender la ropa y las canchitas de futbol” que están a lo largo de todos los edificios, lucen llenas de grafitis o de pintura muy vieja.

Los árboles (muchos de ellos plantados desde la inauguración de la Unidad) que tienen todas las áreas verdes, lucen frondosos  por la nula poda que reciben. Las dos cisternas y el tanque elevado que surten el agua a los habitantes lucen igual de deteriorados.

Los diferente géneros musicales se escuchan de fondo al caminar por los edificios: reguetón A mí me gustan mayores, esos que llaman señores…”; narcocorridos “Y es que yo no uso las drogas, las drogas me usan a mí…”; hip hop “hey,  si me ven, las perritas en el teibol dicen papi ven ven…”; y salsa, “porque al amor, no se le puede mentir, una mentira lo hiere, como le duele al amor…”

Es un viernes cualquiera y en los diferentes puntos de “reunión” dentro de  la Unidad ya se encuentran alcoholizándose y drogándose las personas de siempre. Uno de esos grupos, a decir de vecinos, asalta o “talonean” según la necesidad que tengan sus organismos para ingerir más sustancias.

“Luego vienen a drogarse aquí gente que no conocemos y se orinan en la vía pública, pero no les decimos nada porque son muy agresivos”, comenta un vecino de unos cuarenta años que pasa por el lugar y que no quiere ser identificado. Remata su testimonio: “Lo que más me preocupa es que el narcomenudeo está grueso, muchos aquí tememos que se arme una balacera  y quedemos envueltos en fuego cruzado”.

Las jaulas de concreto que sirven a los habitantes de los 700 departamentos para que tiendan su ropa están en penosas condiciones. Las paredes lucen cuarteadas por las constantes vibraciones del tren que pasa a unos tres metros  de distancia y por el innegable paso del tiempo. Otras más por el crecimiento de palmeras que van derribando las paredes lentamente.

“Una vez vino el Delegado en función a regalar libros de su autoría a la Unidad, le dijimos que en las vías había mucha vegetación crecida, que era importante que se quitara, porque en un futuro podía causar problemas y sí vinieron, pero sólo quitaron algunas plantas, dejando las que más daño están haciendo y ahí están las consecuencias”, cuenta una vecina  de unos 70 años de edad, que teme que le roben su ropa por uno de los agujeros que hizo una palmera.

Esa señora me advierte que no pase por los edificios 15, 16, 17, 18, 19 y 20, porque por ahí se junta “la bolita más peligrosa de toda la Unidad”. Cuando le pregunto por qué es peligrosa esa zona, baja la voz y voltea a todos lados. “Es que aquí las paredes todo lo oyen”. En un tono apenas perceptible dice que en la zona, a todas horas, se drogan, alcoholizan, asaltan y se vende droga”.

La señora de lentes prosigue su relato. “Aquí es tierra de nadie. Hay veces que se arman peleas campales a cualquier hora del día o de la noche, y la policía  se aparece cuando ya todo ha pasado”. Su rostro  refleja fastidio e impotencia.  “No sé hasta cuándo va acabar esto”.

Termina la charla abruptamente porque la están esperando para comer y tiene que ir por las tortillas. Se despide no sin antes decirme. “Hace unas semanas asaltaron a un señor de la tercera edad afuera de la tortillería y se le bajó la presión por el susto que le dieron”.

Paso por la “zona de alto riesgo”. Las miradas intimidatorias de adolescentes, jóvenes y señores de unos cincuenta años no se hacen esperar. Cruzo a paso tranquilo y por esta ocasión no pasa nada.

Sigo recorriendo la Unidad. Muchos de los árboles frondosos ya han levantado  el concreto de los corredores peatonales. Al llegar a la altura del edificio 27 el panorama luce un poco distinto. Un grupo de pintores urbanos trazan figuras en diferentes posturas del único hijo pródigo que ha dado la Unidad.

Mientras los dibujantes trabajan sobre una las dos paredes, que fueron restauradas expresamente por la Delegación para albergar las efigies, dos policías vigilan casi todo el día que nadie intente profanar las imágenes del ahora gobernador electo de Morelos por la alianza Morena-PES-PT, Cuauhtémoc Blanco, hasta la inauguración que se pretende hacer.

“Aquí todos queremos al Temo porque él se hizo aquí. Vivió en el Edificio 27, justamente aquí donde lo están pintando”, comenta un habitante que trae orgullosamente una playera azul crema del América.

Cuando por algún momento los policías que están montando guardia se tienen que ir, de vez en cuando algún vecino llega a montar guardia un rato.

Una chica de piel apiñonada regresa de hacer sus compras del Mercado de Tlatilco. Voltea a ver a los artistas callejeros, mueve la cabeza en desaprobación y echa pestes en voz baja. La alcanzo y le pregunto su opinión  por el homenaje pictográfico que le están haciendo al ídolo americanista.

La estudiante de licenciatura dice que aquí lo que hace falta es un involucramiento por parte de los vecinos. “Poca gente sale a barrer los pasillos y las áreas comunes y recoge las heces fecales de sus perros; y la persona que se ostenta como administrador, sin que tenga nombramiento ante la Procuraduría Social, sólo se la pasa lucrando con el salón de actos de la Unidad”.

“Tampoco entiendo cómo el delegado de Azcapotzalco suelta dinero para un  homenaje sin sentido, dejando de lado cosas prioritarias como: la poda de árboles; la seguridad que tanta falta hace, no es posible que mejor la Delegación se ponga a vigilar todo el día por medio de dos policías, las pinturas que están haciendo, que proteger a los habitantes de la Unidad haciendo rondines de seguridad, valen más los dibujos, que los habitantes de aquí; también hace falta el cambio de banquetas que en muchas partes de la Unidad lucen deterioradas, porque aquí hay mucha gente de la tercera edad que se ha caído por las malas condiciones en que se encuentran; y ni hablar del deterioro en que se encuentra la ciclopista”.

Y continúa, “en la vida cotidiana el mural a Cuauhtémoc a nadie beneficia”. La chica no quiere decir más y se pierde entre los edificios.

Sigo con el recorrido y llego hasta el edificio 44, que es el último de la Unidad. A lado de él hay una enorme pared que delimita la frontera con otra Unidad habitacional de seis edificios y un deportivo. En esa pared se puede observar un gran mural pintado, en donde predominan figuras prehispánicas, (las figuras predilectas del delegado), un jugador que se asemeja a Cuauhtémoc Blanco y unos niños vestidos con el uniforme del Cruz Azul. Este espacio servía, dice un señor de unos 50 años que va pasando por el lugar, “para las asambleas vecinales que solíamos tener los habitantes de aquí, pero no hay una formal desde hace unos nueve años como mínimo”.

El señor viste de traje y acaba de llegar de trabajar. Cuenta que esta es la obra (el mural) más grande que se ha hecho en la Unidad por parte de la Delegación en varios trienios, pero que “no sirve para nada, porque son puras obras de relumbrón”.

El señor aclara que siempre ha votado por partidos “progresistas”. Primero por el PRD y ahora por Morena, “pero lo que la gente necesita aquí es la poda de árboles; que las lámparas de los postes de luz no estén fundidas; que regalen pintura para las áreas comunes; que haya rondines de seguridad constantes, no sólo cuando asaltan a alguien o se presentan peleas; que se fomente una vida más sana por medio del deporte, pero la realidad es que el único deportivo que tenemos aquí a lado de la Unidad se encuentra privatizado por el señor que funge como administrador y que no lo es, porque nunca fue elegido por una asamblea validada por la Procuraduría Social”.

Y continúa, “él le pone candados a la cancha de futbol con pasto sintético y como también se dedica a entrenar equipos de futbol, él y sus amigos son los únicos que la pueden usar, y la Delegación valida estas acciones”.

Le pregunto qué hacen los vecinos al respecto  y comenta que: “aquí la gente es muy apática y no participa en nada. El administrador es muy violento. Una vez trataron de quitarlo del puesto y trajo golpeadores de una colonia de aquí junto (Las Democracias) para que lo defendieran. Lo bueno que no se llegó a los golpes”.

“Todos los que votamos por Morena y somos gente crítica, nos preocupa los candidatos cascajo que pusieron en el 2015 y 2018, que por lo menos en Azcapotzalco todos fueron un fiasco. Nunca vimos un cambio en las maneras de gestionar los servicios urbanos en la delegación”. “Pablo (Moctezuma Barragán) cree que con regalar libros de su autoría la delegación se va levantar”.

Lo preocupante, agrega,  es que “aquí en Azcapotzalco le dimos el voto otra vez a Morena a sabiendas de que tuvo una mala gestión en la delegación, pero  los del PAN y el PRD son todavía perores, lo malo que después la gente ya no se vuelve a involucrar en su entorno inmediato y menos en el lejano, porque ante la banalización de las políticas públicas delegacionales no hicimos nada”.

Y me pregunta: “¿Ya vio el mural que le están haciendo a un político mediocre como Cuauhtémoc Blanco? Eso sí es indignante ante las carencias que tenemos. El pan y circo se apoderó de algunos políticos de Morena”.

Me dispongo a partir de una de las colonias de alto riesgo en la Ciudad de México, en donde se dan continuos asaltos a transeúntes; robo a casa habitación; robo o taloneo a repartidores de diferentes productos; lugar en donde también hay altos índices de alcoholismo y drogadicción y mucho desempleo.

Camino por el lado de la ciclopista que corre a lado de las vías del tren y de la Unidad Tlatilco y como comentan los vecinos, la hierba, la basura, el cascajo (no de políticos) y los orificios en las jaulas donde tienden su ropa son evidentes.

Sólo una parte luce “bien”. Sí, efectivamente usted adivinó querido lector, es la zona donde el pasado viernes 10 de agosto del 2018 el delegado de Azcapotzalco por Morena, Pablo Moctezuma Barragán, y el gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, inauguraron una canchita de fútbol (de manera apresurada, malhecha y con materiales defectuosos, porque la pintura verde que le pusieron al piso no duro ni un día y ya se despintó)  y unos murales que parecen groseros ante la carencia y pauperización evidente en que viven los tlatilquenses.

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