Valentina, en los días de su madre

Por Karina Maya

Antes de llegar a esta vida, Valentina dormía plácidamente en un ambiente cálido. Durante 41 semanas estuvo cobijada en el vientre materno. Su mamá tuvo que pasar cerca de 11 horas en trabajo de parto, pensaba que Valentina se resistía a salir, tuvieron que provocarle las contracciones y luego sacarla con un fórceps.

Siempre fue inquieta. Golpeaba una y otra vez, a veces asustaba a su madre de tan deforme que se ponía su abdomen; el hipo o el acomodo indicaban sus exigencias. Por las noches la madre de Valentina debía dormir semiacostada, darse vueltas en la cama hasta quedar con los pies del lado de la cabecera. Era respondona, respondía a las caricias, cantos o charlas de su madre; también lo hacía con lo picante de la comida, no se sabe si porque le encantaba o porque se enchilaba.

El crecimiento de Valentina hacía complicado que su madre se cortase las uñas de los pies o se amarrara las agujetas de los tenis. De un momento a otro se convirtió en un volcán en explosión. Para fortuna de la madre de Valentina, el embarazo le cayó muy bien, su piel se le puso tersa y el cabello tomó más brillo. Además se puso más activa, no paró con los deberes en casa, en la escuela o en el trabajo; también se daba el tiempo para salir a caminar, ir a bailar o conversar con las amigas, todas queriendo saludar a Valentina acariciando la pancita, nunca se dejó conocer a la primera.

En la semana 41 Valentina llegó. Conforme a los consejos brindados en el consultorio, su madre la tomó y la colocó en su pecho, así, la contempló hasta que las enfermeras se lo permitieron. Fueron segundos de un encuentro entre dos seres comunicados por un cordón umbilical, la exploración visual de un ser que poco a poco ocupó el cuerpo de otro.

Valentina pesó poco más de tres kilos, sus ojos eran grandes y hermosos. El tamaño de su cuerpo era apropiado para el brazo de su madre, un brazo del cual no se ha separado hasta la fecha. Hoy a sus 9 años, se cuelga de él para ir al mercado o al centro, para ir a los juegos o a la escuela, para suplicarle le compre un dulce o un helado, para apoyarse mientras le hace caballito o se sube en algún lugar, para dormirse mientras viajan en el metro.

Han pasado 3285 días de la vida de Valentina en los días de su madre, en ninguno le ha dado tregua, desde el minuto uno se dispuso a darle muchos colores, ritmos, aromas. Le ha enseñado a ser comediante, cantante, pintora, maga, chef, enfermera, guía, profesora, carpintera, mensajera, activista y tantas profesiones y oficios más.

Valentina es en la vida de su madre, la posibilidad de acompañar el desarrollo de un ser maravilloso, procurándola con amor, paciencia, comprensión, empatía, humildad. Valentina no es del todo consciente de todo esto, pero mañana, lo será.

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