Vida de perros

Por Karenina Díaz Menchaca

 

El parque México y otros espacios se han transformado en los últimos años en casi exclusivos  para perros. Este amor por los animales está humanizando a las mascotas, al grado de alcances futuristas, en los que el perro es nuestro amo.

Mi predilección por la infancia es superior, no sólo porque tengo una hija, sino porque tuve una infancia en donde los niños éramos queridos ¿lo siguen siendo? Los perros son animales hermosos y nadie duda de su nobleza y de su empatía con nosotros. Más que los gatos, los canes se han ganado más popularidad en la preferencia en la adquisición de compañía, aunque yo prefiero a los felinos por mucho.

Jamás culparía a esos pobres seres vivos tan llenos de vitalidad sin distinción de raza, todos son maravillosos, pero ¿hay necesidad de caber en una mercadotecnia incomprensible?

Veo mujeres  (indistintamente de la edad)  hablándoles a sus perros como niños pequeños, incluso con un tono de voz como chiqueado, como de mamá conversando con un bebé (que ni a los bebés se les debería de hablar con ese tono) y los regañan no como te enseñan los entrenadores. Veo hombres discutiendo en los parques con padres de familia por un espacio en donde sólo quieren que sea de perros. Veo gente neurótica tratando al perro como su igual y esa misma gente peleando con el mundo porque ‘nadie los entiende y porque de seguro eres un agresor de animales’.

¿Ser pet-friendly puede deshumanizar o cómo llamarlo, a las mascotas?, ¿realmente puedes agredir a tu perro o gato por ponerle zapatos, cuando están diseñadas sus patas para andar caminando en todo tipo de suelos?

Personalidades como Paris Hilton y sus perros chihuahua son el claro ejemplo de lo estrambótico a lo que llegan aquellos entes del Jet-set y el afán de los imitadores que también quieren colgarles diamantes a sus perros. Aunque aquí en región cuatro, a lo que llegan los vecinos de la Condesa y la Roma es a llevarlos a las quinientas estéticas, tiendas y  bares de gatos y perros, conseguir carreolas para pasear al perrito, ¡hágame usted el favor! Y un sinnúmero de artículos y fetiches que, hay que decirlo, hacen bien a los dueños de esas pequeñas empresas que dinamizan la mediana economía. Peeeero, de eso ha llegar a la ridiculez de que los perros ahora estén compitiendo con los niños por espacios públicos y que los dueños sientan que el mundo es para ellos y que su supuesto amor por los perros vaya más allá incluso de la violencia.

Les pongo un ejemplo, afuera de mi oficina hay una maceta con una planta hermosa, el lugar predilecto de un perro que se mea ahí todos los días. El otro día me caché al perrito y obvio a la dueña, quien desde la correa agarrada de su mano, sólo lo miraba. Le dije que por qué lo permitía, y me contestó simplemente: ‘¿y qué quieres que le diga, si él quiere hacer ahí?’. El perrito obvio no tiene la culpa, la dueña es un bodrio, incapaz de educar a su perro, sin duda a quien hay que educar es a la señora cochina.

¿Las heces y los meados también los tendríamos que soportar en la calle? Hay dueños muy  irresponsables y hasta cínicos, creen que la calle es un basurero. Yo sí les digo, esto de lo pet-friendly trajo como consecuencia cosas muy buenas, en el sentido de hacernos más sensibles ante el maltrato animal, a hacernos más conscientes de la adopción y del cuidado responsable. Sin embargo hemos caído en el absoluto escenario ridículo, estrafalario y tonto. ¿Es tan desagradable la humanidad que le cedemos a los animales todo nuestro poder económico y social? Apuesto a que muchos dirán que sí.

 

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