Violencia contra mujeres y niños en la cuarentena, similar a contextos de guerra

Por Redacción Reversos

Este fenómeno se da en distintos planos, pero en el contexto de la pandemia del nuevo coronavirus “enfocamos el espacio privado como aquel en el que no debiera haber alteración alguna”, pero que también está atravesado por el género y predomina la figura muy arraigada del jefe del hogar cuyos mandatos nadie cuestiona.

Con la emergencia “las mujeres tienen que lidiar con problemas económicos y crisis de otro tipo, además de que el varón está en la casa y exige por lo general ser atendido”, añadió la maestra Torres Falcón en la emisión de UAM Radio 94.1 FM dedicada al tema.

En momentos de encierro esta acometividad, lejos de desaparecer se recrudece, como reflejan las llamadas al 911 –las que tienen oportunidad de marcar a ese número, porque no todas pueden– para solicitar apoyo ante contextos agresivos que se han incrementado.

La académica de la Unidad Azcapotzalco rechazó la “ocurrencia del presidente Andrés Manuel López Obrador” respecto de que en los hogares se convive en términos de fraternidad, lo cual “no es verdad porque ellas enfrentan de manera cotidiana hostilidad psicológica, expresada en reclamos, órdenes, interrogatorios minuciosos, comentarios denigrantes y humillaciones”.

También hay intimidación física, con una escalada que avanza en espiral que puede durar días, meses o años, pero que en tiempos de contingencia puede ocurrir en 24 horas por las tensiones en forma de golpes, seguidas de una reconciliación aparente, promesas de cambio y una supuesta luna de miel para arribar a un nuevo cúmulo de presiones.

Los menores de edad y las personas ancianas pertenecen a otros grupos vulnerables que, a su vez, están sufriendo los embates de estos actos, subrayó en el programa conducido por Carlos Urbano Gámiz y la licenciada Sandra Licona, directora de Comunicación Social de la UAM.

La doctora Güereca Torres advirtió que gesticulaciones, tonos altos de voz y golpear objetos, entre otros comportamientos, son señales de alarma de un episodio más grave de “este problema social complejo que nos ha acompañado históricamente” y que está en el centro de las demandas de justicia del feminismo.

El asunto “nos limita, por ejemplo, respecto de su efecto contra otras mujeres, del feminicidio como algo presente en la comunidad y de las consecuencias de la trata con fines sexuales”, todo lo cual genera miedo colectivo y constituye una limitante para el desarrollo de la población femenina y su derecho a una vida libre de agresiones.

Durante la crisis sanitaria, ellas están pasando de un aislamiento físico a otro social, porque los ataques domésticos ocasionan vergüenza y no son algo de lo que pueda hablarse en forma autónoma, pues no es sencillo sacarlos de la esfera privada y, por lo tanto, pueden agudizarse, añadió la académica de la Unidad Lerma.

Al respecto, la maestra Torres Falcón dijo que a diferencia de la información abundante en cuanto a cuidar la salud física, usar mascarilla o lavarse las manos muchas veces en el día, “no hemos recibido, al menos no en la misma proporción, recomendaciones para mantener la integridad emocional o hacer que los espacios que compartimos sean armónicos” y debiera pensarse en la denuncia como algo que se debe ejercer, ya que en México “no tenemos una cultura al respecto y las mujeres menos”.

La violencia es algo que sólo pueden parar quienes la ejercen, por lo que es necesario que “en lugar de preguntarnos ¿por qué las mujeres se callan o permanecen en una relación en la que son golpeadas y aguantan malos tratos?, nos cuestionemos ¿por qué los hombres golpean?”. 

Las estrategias de prevención dirigidas a los varones son prioritarias y existen organizaciones sociales, entre ellas Gendes, Género y Desarrollo A. C., que tiene una línea de emergencia –por si en la cuarentena se sienten enojados, tristes, irascibles, agobiados y frustrados– a la que pueden llamar para recibir contención con el fin de no descargar reciamente sus frustraciones.

En ese sentido los exhortó a no ser agresivos y a canalizar su enojo e ira de una manera que no dañe a otras personas, en virtud de que renunciar a ello trae consigo muchos beneficios y todos “tenemos mucho que ganar con la construcción de relaciones igualitarias”.

La doctora Güereca Torres invitó a reflexionar sobre el tipo de bienes comunes “que queremos construir como sociedad, porque si bien vivimos una crisis en términos de salud, la violencia tiene un impacto en la integridad física y mental –estrés, ansiedad, problemas de autoestima e incluso ideas suicidas– que, de acuerdo con algunos estudios, son comparables a los que se viven en un contexto de guerra”. 

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