Vivir en el primer cuadro de la CDMX

Por Erika Choperena Narváez

Fotos: Mónica Loya

Pareciera que la vida en el Centro Histórico es un caos a cualquier hora. La gente de todo el país se abalanza diariamente a comprar. ¿Qué compran? Lo que sea, lo que se les ocurra, lo que necesiten y lo que puedan encontrar.

Hay calles para cada quién. Si buscas una refacción para la lavadora, está Artículo 123. Si buscas artículos de papelería, Regina es la opción. Si buscas calcetas y cosas de ferretería, date una vuelta por Corregidora.

Mi calle no se especializa en nada que no haya en otros lugares de Centro Histórico, principalmente en Madero y 16 de Septiembre, o camino a la Lagunilla. En mi calle venden vestidos de fiesta.

Justamente debajo de mi departamento está Lorena, la tienda de vestidos de noche y de coctel que le hace compañía a Sharon, Laura y Bianca.

 

Hay calles para cada quién. Si buscas una refacción para la lavadora, está Artículo 123. Si buscas artículos de papelería, Regina es la opción. Si buscas calcetas y cosas de ferretería, date una vuelta por Corregidora.

 

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Desde el año de 1933 se inaugura la Avenida 20 de Noviembre, convertida al día de hoy en una de las arterias principales para llegar al primer cuadro de la ciudad y el más importante en el Centro Histórico.

Entre la esquina de Mesones y Regina se localiza una construcción que se subdivide en tres edificios, son los números 98, 103 y 109. Desde afuera parece un solo edificio, ya que su armonía se mantiene durante toda la cuadra con el mismo color y la misma estructura.

Estos edificios que son de uso comercial y también habitable –y de acuerdo a “Concho” Salas, como le gusta que le digan, y quien se encarga del mantenimiento de los tres edificios desde hace 15 años– las remodelaciones han sido continuas, aunque después del 19S ninguno de los tres edificios tuvo daños.

La última remodelación que se tiene prevista es el edificio con esquina Mesones, al cual le corresponde el número 98.

El edificio marcado con el número 98 de 20 de noviembre ya figura en las fotografías antiguas de la calle. Aunque el color melón con detalles verde botella son prácticamente nuevos, no han de tener más de 3 años, mismos años que llevo viviendo ahí.

Al paso de los meses me di cuenta que era vecina de Alejandra Insunza de Dromómanos, quien vivía con su esposo en el 19 y que mi puerta daba justamente a la ventana de la recámara que utilizaban como estudio y en la cual seguramente se gestaron decenas de ideas para sus aventuras.

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Existe un proyecto que supuestamente comenzaría el 20 de noviembre para la remodelación de la calle que, de acuerdo a El Universal, se colocarán 217 macetas, 27 racks de bicicleta, 54 bancas y 106 luminarias peatonales.

La finalidad es hacer más amplia la  avenida para los transeúntes y que poco a poco la gente sea consciente de que no es necesario traer sus automóviles a menos de que sea demasiado necesario, por ejemplo, si sus compras son demasiado grandes como para no poder transportarlas a pie y en transporte público.

A pesar de ser por fuera idénticos los tres edificios, no comparten los mismos interiores. El que colinda con Regina tiene solo 12 departamentos, el que se encuentra en medio tiene 19, mientras que el que se encuentra en esquina Mesones cuenta con aproximadamente 30 departamentos.

El conjunto fue construido en los años 40 y, a riesgo de sonar como cliché, puedo decir que sí, si fueron mejor hechos que los de hoy en día. Los cimientos sobre los que se encuentran, con seguridad no son hechos con la misma tecnología de las torres construidas hace pocos años sobre Reforma, tal es el caso de la Torre Mayor o la Torre Reforma, que cuentan con tecnologías de punta en caso de sismos.

Cuenta con cuatro pisos y desde el último se observa la Torre Latinoamericana y el reloj nuevo que le acaban de colocar a inicios del 2017. Si ves en dirección a Pino Suarez el amanecer será una delicia, y por el contrario, si ves en dirección al Eje Central, te va a regalar atardeceres rosas o la luna en todo su esplendor.

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Alrededor de la última semana de octubre que comenzó la remodelación de la calle. Los vecinos han estado muy activos y no era para menos. Los árboles con casi un siglo de vida de esa avenida fueron talados durante la madrugada.

Norma Castillo, administradora de la familia Soto, a quienes pertenecen los tres edificios, acudió a la mañana siguiente a atender las quejas de los inquilinos. José Luis Soto Manjón, uno de los hermanos a quienes les pertenecen estos departamentos la acompañaba.

Norma comentó que los residentes del centro son muy “especiales”, y así tenía que ser. Mis vecinos constantemente anuncian en la puerta del edificio el no dejar basura en el edificio, e incluso comenzaron una petición hacia Miguel Ángel Mancera para impedir la tala de los árboles.

De acuerdo a Norma, es natural que los vecinos se quejen no sólo por el ruido que causan con la remodelación, sino con la tala de los árboles que ya cobraron los del tramo Izazaga-San Jerónimo y Venustiano Carranza-Plaza de la Constitución.

La historia de los hermanos Soto Manjón y de cómo se hicieron de los edificios es una historia tradicional de la época de los ochenta.

Sus abuelos, después de varios años de trabajo, compraron los edificios que a poco tiempo tiraron y volvieron a construir. Ellos se los dejaron a la madre de José Luis, quien después de casarse les encomendó a sus hijos hacerse cargo. Al día de hoy solo José Luis se encarga de la administración de los edificios y recibe un sueldo por ello, además de dividir ganancias con sus hermanos.

 

Alrededor de la última semana de octubre que comenzó la remodelación de la calle. Los vecinos han estado muy activos y no era para menos. Los árboles con casi un siglo de vida de esa avenida fueron talados durante la madrugada.

 

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Roger Waters fue el fenómeno más impresionante que pude ver desde mi ventana. La fila desde un día anterior ya alcanzaba a pasar República El Salvador. Al día siguiente, a las seis de la mañana, al cruzar la puerta de mi edificio las personas con casas de campaña hablaban acerca del efecto mediático que tendría.

Con ningún otro artista, cantante o político, ni siquiera con la visita a la Catedral Metropolitana del Papa Francisco y con todo el despliegue de seguridad que hubo se llenó de esa manera.

Se pudo escuchar desde los departamentos del edificio la prueba de sonido hasta el show y las palabras pronunciadas por el ex Pink Floyd, quien pronunció un discurso que será difícil de olvidar:

Es hora de derribar el muro de privilegios que dividen a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado. La guerra no es la solución”. Son palabras que serán difíciles de olvidar por el gobierno mexicano, quienes lo trajeron como fenómeno mediático, como forma de buscar un perdón por parte de la ciudadanía, pero que una vez más fallaron.

El pan y el circo con el que están acostumbrados a borrar los recuerdos de su corrupción y de sus asesinatos. “Fallaron”, y retumbaron en mi habitación aquel 29 de septiembre de 2016, dos días después del segundo aniversario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, “Sus políticas han fallado”, dijo.

 

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