Voto no tan útil

Por Sebastián La Mont

Fotos: Rivelino Rueda

Acabamos de pasar los comicios electorales de 2017 en los estados de Nayarit, Coahuila, Estado de México y 212 alcaldías en Veracruz. Algunos lo llaman “ejercicios democráticos que celebran nuestras libertades y compromiso ciudadano”, otros, más cínicos como yo, los llamamos “una verdadera pérdida de tiempo en donde destaca el despilfarro de recursos públicos por sinvergüenzas”.

Ya sea el lector de un bando o del otro, es importante hacer una reflexión acerca de la utilidad de nuestro voto con miras al macro evento circense a la vuelta de la esquina, con el título de “elecciones 2018”.

Para empezar, tenemos al sempiterno priismo, cuya relación con los dinosaurios es un poco equivocada, porque a más de uno le gustaría ver un Tiranosaurio Rex en vida –razón del éxito de Jurassic Park–, mientras que el partido tendría que ser un fósil; extinto y estudiado en un museo o libros de historia, destinado a quedarse ahí para no volver a plagar la nación de corrupción e ineficiencia que tanto lo hace destacar.

Al menos la carnicería entre tricolores promete ser entretenida cuando el líder nacional del CEN del PRI, Enrique Ochoa Reza, intente llevar a cabo la XXII Asamblea Nacional al marco del descontento de los militantes después del fiasco por el que atravesaron en 2016 bajo la dirección de Manlio Fabio Beltrones en diversas elecciones estatales, una casi pérdida del Estado de México por una maestra, invento de López Obrador que, en menos de un año, hizo temblar a toda la maquinaria política que lleva incrustada en territorio mexiquense casi un siglo y una imagen presidencial sumamente deteriorada por un hombre que no puede mencionar tres libros al azar (Feria Internacional del Libro de Guadalajara…no se olvida).

“El mal rato que pasarán”, diría alguien como Gerardo Ruiz Esparza, Secretario de Comunicaciones y Transporte, cuya infinita sabiduría y eterna empatía por los ciudadanos del día a día no le dio para más cuando se expresó sobre la tragedia del socavón que mató a dos personas.

Después viene el PAN y el gran sueño de instaurar el Reino Católico Mexicano. ¿Quién se coronará como alteza serenísima al estilo Santa Ana?

¿Será Margarita Zavala? Mujer cuyo currículo incluye ser ex primera dama, prima de una involucrada en el caso de la guardería ABC, cuyos padres aún claman por justicia ante la muerte de 46 niños y 106 heridos, y absolutamente nada más que una posición de privilegio en donde la administración pública es un concurso de popularidad y uno no tiene que tener la más mínima idea de que se requiere para gobernar un país. Tampoco es cosa nueva, vean quién reside en Los Pinos actualmente o en la Casa Blanca (bienvenido, Estados Unidos al tercer mundo).

También tenemos a Ricardo Anaya, al que se le acusó de manipular la elección por la jefatura de su partido contra Javier Corral, este último, actual gobernador de Chihuahua. Con el carisma de un ladrillo y una sonrisa que dice “por favor no votes por mi”, hay realmente muy poco que decir de alguien que destaca su juventud como una característica favorable sin decirnos porque lo es. ¿A poco no?

Afortunadamente los panistas, desde 2012, son el partido con más amplio menú de ofertas, también da un paso al frente Rafael Moreno Valle, ex gobernador de Puebla, que nos deja el legado de 366 presos políticos, según el Comité para la Libertad de los Presos Políticos y contra la Represión en Puebla, más un niño asesinado por presunta bala de goma en una protesta que rechazaba las leyes que criminalizan las manifestaciones de inconformidad ciudadana en el estado.

Por si eso fuera poco, Moreno Valle también ha sido señalado de espionaje, incluso contra miembros de su propio partido que en algún momento, por alguna razón decidieron contradecirlo. Ah, pero eso sí, nada más las autoridades electorales le dicen que baje su publicidad y él se convierte en una víctima gritando “censura” a los cuatro vientos.

Acción Nacional, junto con su nueva ala de izquierda, el PRD, están considerando a otros candidatos para su supuesto “Frente Amplio”, como Miguel Ángel Mancera, alcalde de la Ciudad de México, que le tiene tanto miedo a los cárteles que ni siquiera los puede mencionar –me imagino que nunca jugó “Bloody Mary”–,  deja que las autoridades federales hagan su trabajo por él en Tláhuac, mientras se esconde debajo de la cama. Para febrero de este año Mancera tenía 24 por ciento de aprobación, según El Universal, una tragedia para un candidato que ganó la CDMX con 60 por ciento de los votos.

El actual puntero en campaña desde hace casi 12 años, Andrés Manuel López Obrador, aquel que no puede hacer mal, solamente perdonarlo, como a Lino Korrodi para algunos es, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Morena es la Esperanza de México, ya que no tiene corruptos, excepto por Rigoberto Salgado, Ricardo Monreal y Eva Cadena, etcétera. Es un partido extremadamente democrático, a menos de que alguien contradiga al gran líder, en ese caso es un traidor a la izquierda mexicana y a todo lo bello, bueno y justo en el planeta.

A López Obrador le robaron el triunfo en 2006, al menos eso dicen las malas lenguas. En 2012 más bien compraron las elecciones los priistas, de nuevo las malas lenguas. En 2018 tengo la impresión de que será más o menos lo mismo. No hay forma de que alcance una diferencia porcentual lo suficientemente amplia que le permita salir airoso de la cantidad de porquerías que harán el gobierno federal y las autoridades electorales. Aunque sería maravilloso que llegara a la Silla Presidencial. ¿Se imaginan el caos? Los primeros 5 minutos de júbilo de sus seguidores antes de darse cuenta de que para hacer cualquier cosa, AMLO necesita de la cooperación de ambas cámaras y trabajar con los gobernadores. Pocos aliados tendrá el hipotético presidente.

De los partidos parásito, como el disque Verde Ecologista que “Sí cumple”, (¿Qué cosas? Quién sabe), pues no hay mucho que mencionar. Todo mundo sabe que están ahí para buscar las sobras de los huesos que quedan de las agrupaciones políticas grandes, lo cual se traduce al español cotidiano en robarse lo que puedan, mientras puedan, como puedan, para en el próximo ciclo electoral hacer lo mismo.

¡Sin embargo, en 2018 tenemos un nuevo contendiente! Los independientes. Pero antes de que nos alegremos de más, habría que preguntarse: ¿independiente de quién? Si bien es cierto que el INE expide recursos públicos para las campañas de este tipo de candidatos, también es cierto que reciben buena parte del financiamiento de forma privada. Nadie invierte en política por filantropía.

Es entonces donde entramos en la paradoja del sufragio. Hay que estar bien informados para votar bien, pero mientras más te informas menos quieres ir a votar.

Habrá quién lo haga convencido de que su gallo es el bueno, otros arrastrarán los pies hasta las urnas para votar por “el menos peor”, pero la democracia electoral en México, si es que así podemos llamarla, en 2018 será, en la gran escala de las cosas, muy similar al 2012. No existen verdaderas figuras o liderazgos políticos que puedan enfrentar los problemas que azotan al país. Ya sea por su personalidad o por los hilos que los mueven.

Gane quien gane, para 2023 estaré escribiendo algo muy similar.

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