Y cuando desperté, ya no había dinosaurio, sino un Pejelagarto

Por Juan Alberto Alva Álvarez

Por fin concluyó una de las contiendas electorales más violentas y en la cual se vivieron muchas diferencias y discrepancias entre la sociedad; por fortuna, la culminación tuvo un resultado tranquilo y democrático en donde la gran mayoría del pueblo mexicano decidió que fuera Andrés Manuel López Obrador quien encabece el rumbo de México en los próximos seis años.

Fue una jornada ejemplar en que se superó el fantasma del abstencionismo de otros tiempos; desde luego la actitud que tomaron los contrincantes políticos de López Obrador al salir a pocos minutos de haber cerrados las casillas electorales y reconocer que las tendencias no les favorecían y levantarle la mano al morenista, fue una muestra de madurez política y desde luego de una nueva era democrática en este país.

Ahora, es importante comenzar la reconciliación de un país que se encuentra hundido en una crisis social, económica y política.

Desde un punto personal, y en congruencia con lo que he expresado y escrito en este momento, sigo en desacuerdo con la ideología política del virtual ganador de la elección presidencial, sigo creyendo que muchas de sus promesas de campaña resultan inviables y que México tiene otras prioridades de mayor importancia antes de pensar en la venta del avión presidencial o de hacer de Los Pinos, un museo.

Aún tengo la firme convicción de que muchas de las personas que lo rodean son lo peor de la política mexicana; sin embargo, y hoy más que nunca deseo de todo corazón estar equivocado y que con el paso del tiempo Andrés Manuel López Obrador nos calle la boca a muchos que no concordamos con él.

Esto desde luego debe ser por el bien del país en un primer momento, pero sobre todo por el bien de aquellas personas de a pie que ganan el salario mínimo, que mes con mes, semana con semana, trabajan jornadas laborales desgastante y no les alcanza lo que perciben.

Para el de aquellos niños que reciben una educación mediocre en escuelas de gobierno, para los jóvenes que terminan una carrera y que les cuesta trabajo ser contratados por falta de experiencia y, desde luego, de oportunidades bien remuneradas, para las madres solteras, los empleados de clase media y baja, los adultos mayores que no tienen oportunidades laborales ni profesionales, para los campesinos que se encuentran cada vez más desprotegidos y olvidados.

En fin, que todo lo que haga la próxima administración siempre sea por el bien del país y sus habitantes y que como lo decía en su campaña, sea un gobierno parejo.

He expresado en mi círculo familiar y personal que este será un gobierno muy vigilado por la sociedad, por el auge de las redes sociales y, sobre todo, porque se trata de una elección que causó muchas expectativas, que se vio reflejada en el hartazgo de la sociedad y que, a través del voto de castigo a partidos tradicionales y autoritarios, como fueron el PRI y el PAN en su momento.

Las respuestas que he recibido son de molestia diciendo en primer lugar que cómo no se criticaron los gobiernos de esos partidos, y cómo se permitía toda esa corrupción que se ha vivido en las últimas tres décadas. Lo que yo digo es, en efecto, que la gente se hartó y lo manifestó saliendo a votar por un cambio, un cambio que debe reflejar un giro total en cómo se ha llevado el rumbo de este país.

Desde luego que si López Obrador se cansó de decir que su gobierno sería libre de corrupción, den por hecho que al primer acto de corrupción que haga alguien de su gabinete o algún gobernador, diputado, senador, alcalde, presidente municipal, regidor, o alcalde emanado de Morena será señalado y criticado por esa promesa concreta que hiciera el entonces candidato presidencial.

No se trata de hacer comparaciones o de dar por hecho cosas infundadas, como me han dicho, se trata de dejar atrás esos malos momentos con los gobiernos del PRI y del PAN, mirar hacia adelante y pensando positivo, pero abiertos a que serán un gobierno vigilado y de manera personal resaltaré los logros que se den en la administración que entrará en funciones en diciembre, pero también criticaré y señalaré a aquellos que no vayan con la doctrina con la que se comulgó durante toda la campaña.

En una democracia se pierde o se gana, en el caso de la nuestra, se decidió por López Obrador, no como la esperanza de México, sino como el inicio de un cambio que puede ser benéfico para el país. Desde luego, ese cambio no será perceptible el 2 de diciembre como lo expresó el propio Andrés Manuel.

Hay que estar conscientes que se le está entregando un país literalmente destrozado, con un índice altísimo de violencia, con una economía sumamente débil, un gobierno saliente, calificado como el peor en la historia moderna de México, falta de empleos bien remunerados, oportunidades mínimas de salir adelante, un miedo en la sociedad por salir a las calles, educación suficiente y actos de corrupción impensables por parte de los gobernadores estatales emanados del PRI como Veracruz, Nuevo León, Chihuahua, Morelos, entre otros.

Hay que ser conscientes que el país que recibe, se encuentra en agonía y será una tarea ardua y que llevará su tiempo sacarlo adelante. En lo personal sé que no se debe presionar y, por el contrario, ser pacientes y participar con el gobierno entrante para que ese cambio prometido se pueda materializar.

No deseo más división y enfrentamientos verbales, por redes sociales o incluso físicos por diferencia de ideología políticas, por el contrario, deseo que le vaya bien al virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador, porque si le va bien a él, le va bien al país, y desde luego a nosotros.

Ojalá se allegue de personas que le hagan entender la importancia de temas y materias que son transcendentales para la vida contemporánea a nivel mundial, y desde luego haya una apertura a esa tecnología y a esa modernidad que se vive en todo el planeta

Como en otras ocasiones lo he dicho, México tiene todo para salir adelante, y espero que dentro de 6 años o antes diga con toda la confianza y apertura “esto es lo que México necesitaba”.

En cuanto al desastre que vivieron el PRI y el PAN, si quieren ser una oposición a la altura de este país y de lo que expresó la sociedad en las urnas, deben de reflexionar sobre sus errores históricos y sobre todo deben tomar una actitud, insisto, ante esta nueva era.

A mí sólo me quedó algo claro de estas elecciones que, si quieres mantener amistades y unión en tu familia, evita los temas de política, porque desgraciadamente nadie va a pensar igual que tú, y ante esas diferencias, es mejor escuchar, si no estás de acuerdo, hacerlo saber, con respeto y seguir adelante.

Twitter @JuanAlberto3035

 

 

 

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