Zapatillas rojas, zapatillas del feminicidio en México

Texto y fotos: Fabiola Garduño Rivera

El sábado 11 de enero, activistas contra la violencia de género y familiares de víctimas se reunieron en el Zócalo de la Ciudad de México para lanzar un grito más en protesta por los feminicidios que se cometen cada día en todo el mundo, esta vez con la instalación “Zapatos rojos”.

Desde el mediodía, la artista plástica y visual Elina Chauvet, autora de la obra, en compañía de la asociación civil “Pintemos con luz”, colocaron decenas de pares de zapatos pintados de color rojo por familiares de víctimas, activistas y voluntarias de diversas redes.

Con “Zapatos rojos”, las mujeres denuncian y buscan visibilizar las ausencias. Patricia, de la asociación “Pintemos con luz”, comenta que una víctima lo primero que pierde cuando es violentada son los zapatos.

 

Y ahí están, pintados de rojo, de sangre, de violencia. Vacíos. Representando a las miles de víctimas de feminicidio.

 

“Zapatos rojos” es una memoria pública de las diez mujeres que son asesinadas cada día en México, y del vacío en el corazón de las familias que lloran la ausencia de hijas, madres y hermanas.

La instalación nació en Ciudad Juárez en 2009 con 33 pares de zapatos donados por mujeres de esa ciudad. A lo largo de diez años, “Zapatos rojos” se ha replicado en ciudades de Italia, Argentina, Chile, Ecuador, España y Reino Unido.

 

La obra es realizada con colaboración de la comunidad y en su proceso crea redes de solidaridad y empatía. Es un grito de rebeldía que clama justicia.

 

Alma, presente en las actividades, es originaria del estado de Hidalgo y opina que es importante manifestarse y ser solidaria. Al preguntarle si tenía hijos, respondió: “Sí tres, ella, ella y… ella”, señalando los zapatos que representan a su hija asesinada.

A distancia veo cómo la gente camina entre los “fantasmas”. Zapatos de niñas, de adolescentes, de adultas; botas, tenis o zapatillas. No se dintingue una mayoría.

Algunas personas tropiezan sin querer con un par de “Zapatos rojos”, lo acomodan (o no, como con vergüenza por haberlo movido), y luego siguen su camino.

Una mujer se detiene a observar y el sol de mediodía dibuja su sombra. La “pone en los zapatos” que observa. Siento escalofríos. Desgraciadamente todas somos posibles víctimas.

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